Autor: Carandell, Luis. 
 Encuentros Electorales ; Última fila. 
 "Si las mujeres mandasen..."     
 
 Diario 16.    10/02/1979.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Ultima fila

«Si las mujeres mandasen...»

Luis Carandell

«El titulo de este coloquio debería ser "Si las mujeres mandasen...",» me dijo el dramaturgo Alfredo Mañas recordándome - los primeros versos de la romanza aquella de «Gigantes y Cabezudos». Mañas se ha convertido en un forofo seguidor de los Encuentros Electorales de D16 y no se pierde uno. Le van a servir de base, dice, para una pieza de teatro.

Estábamos hacia la mitad del coloquio que se celebraba sobre el tema de la mujer en el Club de Amigos de la Unesco y había comenzado a deteriorarse ya el clima de conllevancia que, al principio del acto, hizo que el público dedicase discretos aplausos de cortesía a las oradoras.

«Ninguna mujer puede estar contenta con lo que hacen los partidos en el tema del feminismo», había dicho la ucedista Carmela García Moreno. Y esta afirmación fue el único punto de coincidencia entre los miembros, o quizá estaría mejor decir las miembras, de la mesa: Aunque ninguna de las oradoras criticó a su propio partido, y lo defendió cuando fue necesario, ninguna se mostró tampoco entusiasta con las hazañas de sus correligionarios políticos en materia de feminismo. Quizá la excepción en esto fue Irene de Borbón. Poco acostumbrada, seguramente, a los belicosos coloquios feministas, la princesa expuso con candor neerlandés las victorias carlistas en esta, guerra.

«Poniendo chinitas»

María Izquierdo, candidata del PSOE al Congreso, y Emilia Brañas, del PCE, se limitaron a exponer su creencia de que la liberación de la mujer solamente puede darse en el marco, del socialismo, y a dar cuenta de los avances conseguidos por las mujeres militantes en ,el interior de los partidos. Emilia Brañas comenzó su intervención felicitando a dos conflictivas ex diputadas, la comunista Dolores Calver y la socialista Carlota Bustelo «por su actitud de protesta y defensa de la mujer en unas Cortes llenas de hombres».

Contrariamente, la sala del Club de Amigos de la Unesco estaba llena de mujeres. El periódico, sangrándose en salud, había sustituido al moderador Francisco García Novell por la moderadora María Cordón, sospechando lo arriesgado de las moderaciones intersexuales.

Al principio, todo fue como una seda. Carmela García Moreno había dicho a "un público que la escuchaba que «el realismo es lo más difícil» y que «poco a poco vamos abriendo caminos y poniendo chinitas». Toni Quiroga, de Coalición Democrática, había explicada su programa de ayuda a la familia después de afirmar que «no se ha inventado ninguna fórmula mejor que el matrimonio», sin que nadie se escandalizara.

«Perdóname, Paloma»

La cosa empezó cuando una militante de la ORT. Paloma González, después de quejarse de que se hubiese excluido de la mesa a los partidos de la extrema izquierda, preguntó a Carmela García Moreno por qué la UCD. ignoraba a los movimientos feministas. Carmela, que a partir de aquel momento se convirtió en la cabeza de turco del debate, contestó que las feministas de UCD no creían en la doble militancia sino que trabajaban «en er gabinete de la mujer y la familia, dentro del partido». No sé si fue lo de la familia o lo del gabinete lo que enardeció a las feministas. Comenzaron a hacer comentarios en voz alta que no dejaban hablar a la ucedista. La cual, lejos de achatarse, se crecía y elevaba la voz para hacerse oír.

«Perdóname, Paloma», decía Carmela, «pero no creo que un partido tenga que reconocer a los movimientos feministas.» María Cordón, la moderadora, le pedía a Carmçlea que fuese breve. «Perdóname, María», decía ella, «pero tengo que contestar», y no soltaba el micrófono. Dirigiéndose a la representante de CD, Carmela añadía: «Perdóname Toni, pero aquí no hemos venido a hablar de la familia sino de la mujer y ahora parece que UCD no tenga programa de protección a la familia. Y sí que lo tiene.»! María Cordón, que estaba sentada junto a Carmela, trataba de recuperar el micrófono para dar lugar a que continuara el coloquio. Pero la ucedista seguía: «Aun a riesgo de parecer radical, dijo en una de sus intervenciones más protestadas, tengo que decir que me considero feminista.»

«Soy una mujer libre»

Una coloquiante recordó el desgraciado episodio de la reunión convocada por UCD para tratar de «la condición femenina» en la que algunos miembros del servicio de orden que pertenecían a Fuerza Nueva llegaron a pegar a las participantes. Aunque no se trataba de una pregunta, Carmela comenzó a pinchar en el brazo con el bolígrafo a María Cordón, para que le diera el micrófono. Y cuando lo tuvo dijo que la encargada de organizar aquella reunión, al saber lo que había pasado, «tuvo un gran disgusto».

La fraguista Toni Quiroga, al ser preguntada si no le parecía que. todo eso de la protección de la familia y del matrimonio era cosa de la mentalidad conservadora, se defendía diciendo que «yo no tengo esos problemas porque soy una mujer libre. Mi padre quiso que yo estudiase igual que mi hermano. Y no me siento oprimida». «¿De que familia eres tú?», le preguntaban. «Soy de una familia de labradores gallegos», replicaba ella en medio de la bronca general.

Las voces de «¡No nos cuentes tu vida,, guapa!», no evitaron que la socialista María Izquierdo se enzarzara también en explicaciones personales: «A mí la cuestión del divorcio me afecta. Estuve casada y no estoy separada legalmente», comenzó a decir sin que pudiera oírse más. Como la socialista y, antes que ella Toni Quiroga y Carmela, se habían extendido mucho hablando, la moderadora intentó acortar el tiempo de intervención. «Un minuto para contestar»,.dijo María Cordón. Le tocaba a Emilia Granas, del PCE, y sus seguidoras de la sala comenzaron a gritar, reclamando justicia en el reparto del tiempo. Irene de Borbón, cuando le tocó el turno, hizo una frase que fue muy aplaudida. «Esto me recuerda la televisión, dijo, donde algunos hablan mucho y otros no pueden hablar».

María, claro, no había intentado dictar un decreto-ley sino sólo dar lugar a que pudieran consumirse los turnos solicitados. Una feminista qué no pertenecía a ningún grupo, arremetió contra todos los partidos sin excepción y dijo que no iba a preguntar nada para no dar ocasión a las ponentes a coger el micrófono «porque si no no lo sueltan».

«Mi pobre papá»

Hubo un momento en que las voces que en la mesa pedían el micrófono para contestar a anteriores

preguntas, unidas a las que daba el público impedían comprender lo que se quería decir. Se oían gritos sueltos de «Oye, guapa»ç, «De eso nada, rica», «Pero ¿qué dices, tía?». En los momentos más sosegados, se mostró en el coloquio toda la gama de los feminismos, desde el republicano de una señora que recordaba que la ley de la República en esta materia había sido copiada por Bélgica, hasta el feminismo radical de componentes machistas, que hacía que una de sus seguidoras preguntara a las representantes de la izquierda «¿qué vías de penetración tiene el feminismo en los partidos?»

Una ucedista del público atacó a los partidos de la izquierda por los sistemas que empleaban en sus centros de planificacion familiar. A una acusación, algo vaga, que hizo sobre el tema del aborto le contestó la socialista María Izquierdo que debía hacerla ante un juzgado de guardia.

La última- intervención fue de un hombre que dijo ser carlista. «Es aventurado meter la cuchara en esta simpática reunión», dijo entre los humorísticos gritos del público. Reprochó a la sala no haber hablado «más que del ombligo para abajo». Intentó hacer al final una broma que fue largamente abucheada y que puso fin a este encuentro qué Alfredo Mañas, el dramaturgo, quería titular ahora con el lema de «Pon tu útero a trabajar». Lo que él carlista dijo fue: «Les puedo asegurar que en mi casa el oprimido ha sido mi pobre papá.»

 

< Volver