Autor: Bedoya, Juan G.. 
   Marginación, discriminación, opresión y explotación, conclusiones de las Jornadas Feministas de Santander     
 
 El País.    06/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Marginación, discriminación, opresión y explotación, conclusiones de las Jornadas Feministas de Santander

Las palabras marginación, discriminación, opresión y explotación definen la situación soportada por la mujer en el mundo actual, según conclusiones del curso que sobre el tema y el añadido de Notas sobré feminismo se ha celebrado en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, de Santander, Frente a definiciones moderadas, en las que fundamentalmente se califica al feminismo como una forma de humanismo (el caso de la conferencia de Carmela García Moreno, directora general de la Juventud), predominaron las tesis liberadoras o revolucionarias, en las que, en ocasiones, el feminismo es más una posición agresiva frente al machismo que una afirmación igualitaria de la mujer.

JUAN G. BEDOYA, Santander Todo ello en un marco social en el que el movimiento feminista encuentra evidentes formas de discriminación, instaladas muchas de ellas en la propia legislación o en instituciones básicas como el matrimonio y la familia. En último término, los medios de comunicación consolidan esa realidad, aun reconociendo que, a nivel laboral, la mujer, también en España, tiene una presencia activa en esos medios, aunque no en labores directivas o sobre temas políticos.

Dirigido por Pina López Gay, el seminario contó con las intervenciones de la diputada de UCD Carmela García Moreno, la poetisa Gloria Fuertes, la periodista, jefa de información nacional de EL PAÍS, Soledad Alvarez Coto; las abogadas Cristina Alberdi, Cristina Almeidá y Lidia Falcón, la economista Carmen Mestre y la socióloga Judith Astelarra.

La primera cuestión se refirió a qué es el feminismo y a ios objetivos primeros del movimiento. Según Pina López Gay, las dos principales características del feminismo son, en primer lugar, que se trata de un «movimiento emancipador, es decir, que su satisfacción trasciende el sistema, al no poder el capitalismo cumplir con sus últimas aspiraciones», y que, además, es un movimiento universal, puesto que es una lucha que afecta a todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad y a todos sus elementos. «Cuando las mujeres conscientes reivindicamos una ley justa de divorcio, cuestionamos al tiempo el matrimonio y la base de la familia tradicional», afirma López Gay. Al estudiar el feminismo entre la juventud, la directora del curso advirtió que hay que tener en cuenta que el sistema patriarcal no es sólo opresivo para la mujer, sino también para los hijos, generando subalternidad en la mujer y en los hijos respecto al padre. Por otra parte, es en el movimiento juvenil donde la emancipación encuentra potencial revolucionario, en el que la acción no reproduce los esquemas del mundo adulto, sino que da libre paso a las energías creadoras de cada uno. En ese sentido, Pina López Gay cree que la nueva sociedad que destruya este sistema vendrá por la confluencia de todos ios movimientos emancipadores (ecologismo, feminismo; juventud), «única forma de asegurar que vamos avanzando no sólo en la destrucción de lo viejo, sino en el amanecer de algo que verdaderamente merezca la pena».

Se aprende a ser hombre o mujer

La socióloga de la Universidad

Autónoma de Barcelona

Judith Astelarra planteó otra cuestión fundamental: el patriarcado, ¿es una teoría o es una ideología? Astelarra afirma que el movimiento feminista contemporáneo es heredado de las luchas de otras mujeres en otros siglos y que cuando el sufraguismo se disolvió, una vez conseguido el derecho al voto, cincuenta años después, en la década de los sesenta del siglo pasado, las mujeres volvieron a darse cuenta de que su situación no sólo no que resuelta, sino que sus reivindicaciones tampoco aparecieron en los movimientos contestatarios.

Es así como reapareció el feminismo, que, al igual que en otras ocasiones, enfrentó la necesidad de elaborar una teoría que explique la subordinación de las mujeres. Y nace la noción del patriarcado. «Las mujeres ya son conscientes», dice Judith Astelarra, «de que su subordinación no es producto de fenómenos parciales, tales como la falta de educación, el no acceso a la política, o el tipo de trabajo que desempeña, sino de que la desigualdad entre los hombres y las mujeres se produce desde el momento mismo en el que el sexo se convierte en género». Según eso, el sexo biológico no determina ni la función social que cumplen hombres y mujeres en la sociedad ni el tipo de sociología que se desarrolla. No se nace hombre o mujer: se aprende a ser hombre y mujer.

Jerarquía de sexos

Como en una sociedad patriarcal se parte del supuesto de que las mujeres son inferiores, esas funciones son desiguales también, marcan una jerarquía de sexos, en la que los que mandan son los hombres y las mujeres obedecen. La conclusión a esta tesis de Judith Astelarra es que la sociedad desarrolla, por tanto, una serie de instituciones sociales encargadas de mantener esa situación de subordinación de las mujeres: en lo familiar son dependientes, su sexualidad es castrada y puesta sólo en función de las necesidades de la población, y los trabajos que desempeñan son los que tienen menos valor social.

Ante este panorama teórico (o ideológico), la política a seguir es múltiple. En el caso de las conferencias internacionales, que examinó la directora general de la Juventud, Carmela García Moreno, el relato histórico no es precisamente un camino de rosas. Los primeros convenios suscritos en París, a primeros de siglo, parten de una concepción paternalista del problema, y centran su trabajo de incorporación de la mujer sobre la trata de blancas y la prostitución hacia los años veinte. La Conferencia Panamericana señala la necesidad de estudiar las capacidades legales constitucionales de las mujeres, y sólo las Naciones Unidas llegarían, en primer lugar, a declararse en contra de cualquier tipo de discriminación, y hacia 1975 a realizar un plan a largo plazo contra esa discriminación. La conferencia de México en 1975 y la de Copenhague dé 1980 concretan esa.lucha.

Apoyo de los medios de comunicación

Donde hubo unanimidad fue en la importancia que han de tener los medios de comunicación como forma de apoyo al movimiento, fundamentalmente sensibilizando a la sociedad en estos temas. Lejos de ser mero objeto de consumo o simple objeto erótico, las mujeres buscan un tratamiento igualitario todavía no perfilado sino en el aspecto de la participación desde dentro, que analizó la periodista Soledad Alvarez Coto, jefa de información nacional de EL PAIS.

Soledad Alvarez Coto, con la historia de la Prensa en la mano, demostró que la mujer ha estado presente desde los inicios de esa Prensa y que en el caso español el mundo del periodismo es uno de los más abiertos a la presencia de la mujer, sin los obstáculos de otros sectores ocupacionales. Pero siendo eso verdad, en el número de profesionales, en salario y en el reparto del trabajo, la participación femenina en la Prensa está claramente distorsionada en lo que a puestos directivos se refiere. Las cifras ofrecidas por Soledad Alvarez Coto demuestran que sobre un total de 60 cargos directivos sólo hay ocho mujeres, y que de los 150 periodistas que escriben sobre temas políticos sólo uno de cada ocho es mujer. La conclusión fue que mientras la mujer no tenga acceso a las áreas de decisión, a las tareas directivas, no podrá decirse que su participación en la Prensa responde a criterios de igualdad hombre-mujer.

El mundo del trabajo

La conclusión de Cristina Almeida sobre el mundo del trabajo en España no puede ser más pesimista. La formación profesional es discriminatoria e inútil, no participa en los sindicatos ni en los órganos de dirección de los mismos, como medio para poder llevar adelante, dentro de la lucha general, las propias reivindicaciones feministas del derecho de la mujer al trabajo, y tampoco la ley de Relaciones Laborales y el Estatuto de los Trabajadores solucionan el problema.

Refiriéndose a las cortas etapas de libertad en nuestro país, y en especial a la Segunda República Española, que introdujo cambios legislativos importantes a nivel general de educación, de familia, de derecho al voto, etcétera, la abogada Cristina Almeidá significó la posterior incorporación masiva de ¡as mujeres al trabajo cuando los hombres fueron llamados a los frentes de guerra, lo que supuso una masiva participación femenina en tareas tradicionalmente masculinas, como los trabajos industriales, en la química e, incluso, en las industrias de guerra.

Ese movimiento se quebró en la época franquista, donde se vuelve a producir un brutal retroceso ideológico y político. A nivel de trabajo, la mujer regresa al hogar al quedar destruido el incipiente aparato industrial, nuevamente destinado (e insuficiente) para los hombres. Se destaca también la necesidad de dedicar a las mujeres a la expansión demográfica, necesaria después de la contienda, para lo que se pondrán en marcha leyes que prohiben trabajar a la mujer casada.

Pero la segunda etapa, que coincide con la expansión industrial, contempla una nueva incorporación de la mujer al trabajo, como mano de obra barata y no cualificada, y una serie de leyes discriminatorias sobre excedencia forzosa por matrimonio, la dote, los trabajos prohibidos a las mujeres por peligrosos e insalubres, etcétera, hasta llegar a la tercera etapa, a partir de la muerte de Carrero Blanco y el desmoronamiento del régimen, en la que la nueva posible libertad coincide con la crisis económica.

La realidad jurídica en torno a la mujer, analizada por la abogada Cristina Alberdi, no podía ser menos pesimista en el caso de España,. «una sociedad canonizada en la que la intransigencia ha sido norma», en la que la ideología que subyace bajo las formas jurídicas patriarcales se centra en torno al trabajo y la sexualidad.

 

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