Autor: Ortas, Lina. 
   La mujer, algo más que un varón frustrado     
 
 Diario 16.    28/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LINA ORTAS

Responsable nacional de la política familia mujer de UCD

La. mujer, oigo más que un varón frustrado

La autora proclama en este artículo la necesidad de que la mujer se integre de un modo pleno en la sociedad y se lamenta de que en la mayoría de los casos no está asumiendo su propio sexo, sino emulando al hombre.

De la solución o salida que la sociedad dé a la crisis de identidad de la mujer en nuestra época, va a depender la entidad y categoría de esa misma sociedad, que está poblada nada menos que por un cincuenta y dos por ciento de mujeres.

Todavía tenemos que hablar de condición femenina, porque la mujer se encuentra en una etapa histórica especial y singular. Tan sólo desde, hace cincuenta años tiene la categoría de ciudadana de primera clase en nuestro país, cuando el Parlamento le otorgó el derecho al voto. ¿Qué son cincuenta años sino todavía la prehistoria de un largo trayecto en esta crisis de identidad? Hay que seguir reflexionando mucho para saber lo que es justo que la mujer reivindique lo que en algunas ocasiones es un mero revanchismo histórico.

Conocer la situación de la mujer o de la «condición femenina» ~a través "dé la historia permite detectar como por ejemplo, Aristóteles la denominó «Varón frustrado», o como el mundo del derecho napoleónico la consideró siempre una menor, que necesitaba permiso paterno o marital en sus/ transacciones, o como se valora tan sólo su papel de retaguardia en ese «cher-chez la femme» o buscad a la mujer, que se esconde detrás de un importante varón.

Es la escasez de varones, después de la primera guerra mundial, la que o´faliga a una llamada masiva a las mujeres para !a fábricas, cuando quedaba todavía mucho para equiparar sus derechos socio-políticos con el varón.

Los movimientos sufragistas femeninos ´lucharon con fuerza en un deseo de igualdad jurídica, política y económica en las retribuciones. La condición femenina se perfila en toda la crudeza de su situación.

Algunos movimientos feministas se radicalizan y sus tesis ya no son reformistas, sino revolucionarias. Su filosofia no sólo afecta a las funciones que» desempeña la mujer, sino a su propia esencia.

Identidad y esencia

El existencialismo y el marxismo habrían de exponer su filosofía sobre la mujer en este siglo. Simone de Beauvoir afirma que la mujer es «un producto de la cultura», pero esto es falso. Hombre y mujer tienen una identidad y una esencia por encima de vaivenes coyunturales de cultura. Hombre y mujer tienen características inherentes a su calidad de persona humana y a su propia naturaleza, que no es algo agenérico o asexuado. Se nace hombre o mujer,->;on tóete ío que eito supone, y como decía ej doctor Alexis Cartel, premio Nobel, en su libro «L´hommé cet inconnu», la mujer es profundamente diferente al hombre. Cada una de las células de su cuerpo lleva la marca de su sexo. Lo mismo ocurre con sus : órganos y, sobre todo, con su sistema nervioso

El marxismo, aplicando su lucha de clases fin el análisis sobre la mujer, contrapone términos como trabajo en el hogar (privado) a trabajo fuera del hogar (público) y afirma que la mujer en el hogar está alienada. El marxismo sólo ve la lucha de clases en las relaciones humanas y se olvida de las relaciones de colaboración y amor, sobre todo en la familia.

Radicalismos

Existeneialismo y marxismo están en la raíz de los movimientos feministas radicalizados, que han prendido en mentes hedonistas y materialistas de nuestros días. Marcuse aporta la idea de la liberación sexual, uniendo a las ideas marxistas las teorías freudianas. La felicidad es el placer y la sexualidad no quiere tener barreras, ni siquiera las que rozan la vida humana, como en el caso del aborto.

Los grupos ultraconservadores, opuestos a todo cambio, pretenden seguir reduciendo el ámbito de la mujer en el hogar y negándole la libertad y posibilidad de Ocupar el sitio que le corresponde de copartícipe y coprotagonista con el hombre en la sociedad. Radicalismos .de derecha y de izquierda practican el reduccionismo con la mujer. Ultraconservadores y feminismos radicales restan dimensión social y roles importantes y dignos de ella.

La realización («palabra mágica») de la persona, hombre o mujer, es llevar a una nlenitiiH las facultarlas que posee sin reduccionis-mo de ningún tipo, y sin perder de vista que la realización tiene una dimensión social, porque el hombre es por naturaleza social.

Integración plena

La mujer casada puede y debe hacer compatible una vida de familia con otras actividades o trabajos extrahogareños, y en este caso, al igual que el hombre, tendrá que tener clara una escala de valores: la familia, el trabajo, las relaciones sociales, etcétera, resultado de la responsabilidad asumida libremente al formar una familia.

Es necesario que de una vez y para siempre la mujer se integre de un modo pleno en la sociedad (ifll Ucipativa y Democrática en que vivimos, pero esta sociedad tendrá que posibilitar el que esa integración no sea al precio de que la mujer pierda su identidad, imitando al hombre.

Es verdad que en algo hemos «progresado». Antes la mujer no estaba en la vjda pública, ahora sí. La pena es que aún sigue sin «estar» porque en la rawjre» ría de los casos no está asumiendo su propio sexo sino emulando al hombre.

Espero que en poco tiempo podamos demostrar a Aristóteles que no tenía razón, ponwe la mujer es algo mas que un varón Ilustrado, es mujer.

 

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