Autor: Marlasca, Manuel E.. 
 El presidente del los panaderos, a tumba abierta. 
 "Esto se acabó"     
 
 Pueblo.    15/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

El presidente de los panaderos, a tamba abierta

Esto se acabó

«Los Industríales no tienen por qué soportar los precios políticos, que son asunto del Gobierno»

«Antes se necesitaba una clase de pan, muy barato, para incluirlo en el índice de vida»

«El ano pasado se bajaron los precios, no por el escandallo, sino por decisión política»

«El precio justo es 50 pesetas kilo»

SIGUE, sigue en ebullición el tema del pan. Pedro Castro, «rodríguez» veraniego por segunda rez consecutiva —el año pasado fue lo del «guerrillero» del pan— está pendiente de que se dé la aceptación a los nuevos precios solicitados por la industria. Pero mientras que espera, la Agrupación Nacional de Fabricantes de Pan, que él preside, ha tomado medidas drásticas, con la reducción del peso de la* barras, manteniendo el mismo precio. Por todo eílo me he ido a hablar con él. Conste, por delante» que es la conversación de un lego en la materia con na experto, que su profesión es la de juntar harina par» hacer barras de pan, y la mía se limita a la de instar palabras. Pedro Castro me ha hablado de reestructuración del sector, «roe, «si estuviera hecha, no habría el problema que K*y»; del formato del pao, «qm emane naciendo barras ilegales, hombre; «te Bt i» JJf™*** **» bM^gyirtüatoaIto >>tte tatmdad en el sector, «que a mi me han elegido en asamblea, para presidir la agrupación 7 créame que te misión no es fácil; hay que parar muchas veces, porqa» la gente se te dispara»; del nuevo precio solicitado, «que es el hiato, y ya le dije el sábado que no podemos seguir así»; y hasta de la batalla del par gado verano: «¿Se acuerda de la Comisión Mixta qué fijó el precio del pan el pasado año, cuando se rebajo? Pues no trabajó sobre el escandallo del pan, sino sobre la idea fija d» bajar el precio del pan.»´ LO dicho, aeraos hablado de todo, y Pedro Castró, asi, para el lego, da razones que habrá de poner en cuarentena, por «i alguien quiere decir lo contrario, también coa argumentos. Vamos con ello.

Pedro Castro es e} presidente de la nueva Agrupación de Fabricantes y Expendedores de Pan; elegido en asamblea cuando las agrupaciones vertica-listas daban sus últimos coletazos, sobre las espaldas de Pedro Castro recae, para empezar, la responsabilidad de interlocutor válido con el Gobierno o la Junta Superior de Precios a la hora de solicitar algo siempre tan conflictivo como una subida en el precio d«l pan. Y para seguir, tiene que dar la cara cuando alguien, como el que esto firma, escribiera el sábado, tras una corta entrevista telefónica con Pedro Castro: -Pero si ía barra de pan cuesta más hacerla que lo que se recauda en su venta, el tema tiene poca vuelta de hoja. Y si es mentira eso y el presidente de la Agrupación de Panaderos, con todos los industríales, es en lo que se escuda, habrá que coger algo más que la pluma o la máquina de escribir...»

—Entonces, señor Castro, ¿hay que x:oger mas que la pluma?

—Lo único que hay que coger es un bolígrafo y un papel y anotar lo que ya le dije el sábado. Que cuando se señaló el último precio del pan los trabajadores de la panadería tenían unos salarios que a partir del uno de julio subieron sustancialmente; que ´cuando se señaló el último precio del pan, la harina costaba quince pesetas kilo, y hoy cuesta, en destino, entre diecinueve con veinte y diecinueve con sesenta; que a usted le han subido la gasolina y a mí los combustibles para la industria también, y que si a usted le suben la luz, a mi industria también se la suben. Y que con todo esto acabamos perdiendo dinero. Y no hay derecho, oiga, no hay derecho a que recaiga sobre las espaldas de los industriales una decisión política del mantenimiento de unos precios de pan totalmente anticomerciales y • deficitarios para el industrial. Eso es lo que hay que coger. Por eso hemos rebajado el peso.

¿Que es ilegal? Bueno, pues que levanten actas y que sancionen. Pero van a tener que levantar actas y que sancionar en toda España.

—Luego llega el gobernador civil, pongamos por caso, y, tras poner unos precios al pan. reúne una comisión mixta y baja esos precios, demostrando que el pan puede venderse más barato.

—F,so tfane gracia. La comisión mixta a la que usted se refiere no encontró incorrección sloruna en w fmca* na pan "J6 *»» tonces no se trabajó sobre el escandallo, sino sobre la idea fija de bajar el precio del pan por cualquier medio. En el mes de octubre del pasado año, y en nuestra revista «Panorama Harinero», escribí que «los nuevos precios del pan nos obligarían en un plazo mucho más breve del que teníamos previsto reclamar a la Administración la convocatoria de una comisión para estudiar de nuevo los componentes del escandallo del pan, ya que, en cuanto se produzca 1« menor tendencia al alza de cualquiera de sus componentes, su repercusión, por mínima que sea, tendrá que recaer en el precio al consumidor».

Y es lo que nos está pasando.

—Así queda precioso.

—Así queda auténticamente real, porque real es. Usted se cree que mi función es muy fácil al frente de la Agrupación de Panaderos. Y a mí me «aprietan» y yo tengo que serenar, porque el tema está muy duro: créame que está muy duro. A mi me pueden pedir más de lo que luego tengo que pedir yo; fpéro he de pedir lo justo. Y lo justo creo que son las cincuenta pesetas kilo que se han solicitado.

—Pues acuérdese de Munárriz...

—Es. un tema del que no quisiera hablar. Creo que ya se ha dicho bastante sobre el asunto, y ustedes, los periodistas, han comentado también bastante. Aquella operación del verano seria mejor olvidarla. Para ver ios errores bastaría con echar una ojeada al «Boletín Oficial del Estado» en el que se publican las normas sobre las industrias de elaboración de pan y los despachos; normas que en el verano pasado no se cumplieron en Madrid.

—Si me lo permite, Castro, usted es presidente de la agrupación y lo fue de la sindical ver-ticalista. Y si me lo per-mite, Castro», si tema del pan. retir poiítféáfcWn o no con «guerrilleros» o no, es una especie de cachondeo que no cesa...

—Claro que es un cachondeo. Pero que no nos echen las culpas a nosotros. ¿Qué le parece si le digo que no hace mu-c be- tiempo: lar harina ctw taba quince pesetas kilo y había una clase de pan que había que tener obligatoriamente a nueve pesetas kilo? Y es que se necesitaba una clase de pan para incluirla en el índice del costo de vida. ¿O es que no se han dado cuenta?

—Y ahora se acabó...

—Ahora s« acabó, porque los tiempos han cambiado. Ahora • se acabó, porque unos industriales no tienen por qué Soportar los precios políticos, que debe ser tema del Gobierno. Está claro nuestro último comunicado: si no. aceptan el precio que solicitamos, que es el justo, que pague el Gobierno. Pero, venga, hombre, si estamos haciendo barras que son ilegales. La orden ministerial que desarrolla el decreto, sobre este punto dice bien claramente que no se pueden hacer módulos de pan entre los ochenta y los ciento diez gramos, y que a partir de las barras de ciento diez gramos y hasta quinientos tiene que haber diferencia de • cíen gramos entre las distintas barras y, además, sus pesos han de ser . múltiplos de diez. Es decir, barras de ciento veinte, doscientos veinte, trescientos veinte gramos, etcétera. Y ahora resulta que tenemos barras de ciento veinticinco gramos, y la siguiente es de doscientos cincuenta, y así sucesivamente...

—Pues mire que lo de la reestructuración del sector, que se presienta aígo así como la pansxcea universal para el precio áe>l pan...

—Nadie ha dicho que sea la panacea universal para el precio. Lo que si Ja «seguro MI que ¿á 1» reestructuración estuviera hecha, el pan costaría más barato, porque el escandallo tendría que contemplar otro tipo de industria media que la que contempla ahora. Por eso hemos instado al Gobierno para -que articule tas líneas de crédito necesarias para esa reestructuración. Hay que lograr una capacidad de fabricación a] cien por cien o lo más próximo y que los puntos´ de venta no vendan menos de quinientos kilos de pan diariamente. Y todo eso está perfectamente estudiado; las indemnizaciones incluidas; y no me hable de que puede haber gente que no quiera marcharse, ´porque es imposible; porque tendrán que abonar canon por cada kilo de pan producido para los créditos que se conceden con el fin de pagar a los que se marchen. La reestructuración no es la panacea universal para el sector, pero sí es absolutamente necesaria para su ideal funcionamiento.

—En resumidas cuentas, ¿sube o no sube él pan?

—Usted me explicará ..

Y uno no explica ni tanto asi. Porque, como cuestión previa, y a instancias de parte, ha confesado que es lego en el tema...

Manuel E. MARLASCA

 

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