Sin novedad en el Ebro...     
 
 ABC.    12/01/1961.  Página: 35. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SIN NOVEDAD EN EL EBRO ...

El ministro de Obras Públicas, señor Vigón, resume las impresiones de sus visitas a tierras de Aragón y Navarra, anegadas por la reciente riada del Ebro, diciendo que mucho más que la desolación de las extensiones inundadas y los estragos producidos por los desbordamientos le ha emocionado hasta el asombro la entereza y el espíritu de los pueblos y su coraje en Ja lucha contra las impetuosas aguas. La riada, afirma el señor García Menéndez en "Heraldo da Aragón", no tiene parecido con ninguna otra, porque dentro del siglo XX no hubo ningún momento en que las aguas del anchuroso Ebro se derramaran por tan amplia superficie.- Y las citadas como grandísimas en el siglo XIX, una o dos sonadas y de época e incorporadas a la milenaria historia del río, se enfrentaron, con sotos, mejanas y arboledas. Ha sido, pues, la actual una crecida memorable, que ha rebasado las señales y recordatorios de antiguas tremendas inundaciones para indicar los límites alcanzados por la invasión de las aguas.

Los daños y perjuicios ocasionados son proporcionales a la magnitud del. suceso: pérdida de cosechas, huertas arrasadas, acequias, colectores y obras de regulación destruidas, hundimiento de casas, caminos destrozados, treinta mil hectáreas de cultivos convertidas por mucho tiempo en terrenos baldíos. Dolor y ruina a Ip largo de las dos orillas del Ebro desde Álava a Tortosa.

Esta e.s la estela trágica de la inundación, Pero el río, convertido en fiero enemigo, exigía más: sus aguas avanzaban implacables, cercaban pueblos y amenazaban can sepultarlas. Entonces se produjo lo extraoradinario al entablarse la desigual lucha de Ips vecindarios contra la inmensidad. Nadie pensó en abandonar las humildes casas, sino en defenderlas hasta el último aliento, día y noche, ajenos al hambre y al sueño, con ese heroísmo que el español reserva para las horas desesperadas y que hizo inmortales a los gloriosos antepasados de los Sitios. Con sus picos, palas, tractores y otros instrumentos o máquinas de fortuna, construían ribazos o parapetos e improvisaban contenciones para frenar los avances del agua.

Cuando el ministro de Obras Públicas llegó a Pina se encontró con un espectáculo insólito: varias casas derrumbadas, las calles cubiertas de fango, y en la plaza pública el vecindario congregado con la banda de música al frente. En un cartel, el saludo de bienvenida al ilustre viajero y estas palabras que recordaban otras históricas pronunciadas por un militar insigne como expresión inequívoca del cumplimiento del deber has´ta el fin: " ¡ Pina con Franco " "Sin novedad en Pina".

Y como en Pina sucedió en Alcalá de Ebro, en Pradilla y en otros pueblos de Aragón y Navarra, para algunos de los cuales solicitará el ministro distinciones honoríficas en premio a su comportamiento cívico.

Con la inundación a una, se ha producido también una de esas grandiosas demostraciones de solidaridad humana, características en los españoles, fraternales y generosos con sus semejantes probados por irremediable desgracia. Los pueblos´ indemnes acudieron en. masa en socorro de los anegados; cincuenta familias .del barrio de Ranillas de Zaragoza, inundado, encontraron refugio en casas de zaragozanos, pues los ofrecimientos de álojamiento y temida superaban a las necesidades. Los helicópteros, aviones de reconocimiento y balsas de las Fuerzas Aéreas norteamericanas recorrían las zonas inundadas: ios soldados pontoneros prestaban servicio en los sitios peligrosos... Nadie rehuyó una obligación voluntariamente impuesta en bien de sus semejantes. Todo esto, en unos tiempos que calificamos de cruel materialismo y de absorbente egoísmo, parece irreal, y sin embargo es cierto y muy hermoso. El comportamiento ejemplar de los que han soportado con tan buen ánimo la terrible prueba y los incalculables daños producidos en las tierras aragonesas y navarras, especialmente, merece atención y auxilios urgentes por parte de quienes pueden concederlos. El ministro de Obras Públicas, en nombre del Jefe del Estado y del Gobierno, ha prometido inmediata ayuda para reparar en chanto sea posible los daños de la inundación y la urgente adopción de aquellas medidas que aseguren en lo futuro, con las debidas protecciones y defensas, la vida agrícola de las riberas del Ebro, para que no queden a merced de las veleidades del río en sus horas de cólera. Estamos persuadidos de que no faltará esa asistencia oficial que permitirá, en un porvenir no lejano, contemplar sin alarma ni miedo las alternativas del majestuoso río y que el "sin novedad en el Ebro" será expresión exacta de que la furia de las aguas ha sido dominada y sujeta por la voluntad superior del hombre.

 

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