Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   El pan     
 
 El Alcázar.    23/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL PAN

HACE aún muy poco se ha producido un conflicto que determinó la ausencia de pan en las tahonas, y habrán visto, entre consternados y llenos de asombro los españoles, la energía que el Gobierno Civil de Madrid y el otro Gobierno — me refiero al grande, al gordo, al de los siete Consejeros, trescientos Subsecretarios, el caballo, la sota de espadas y el tres de copas— han derrochado en procurar por todos los medios que no se produjera una carencia de pan, llegando a extremos de autoridad que hubiéramos querido verlos en otras circunstancias. ¿Por qué ha sido así? ¿Qué pasa con el pan? Hagan ustedes una prueba que yo hice en un barrio madrileño de la periferia y durante el mes de mayo. Los cubos de basura contenían, en ocasiones, barras enteras de pan. Y a un pueblo que en términos generales, me estoy refiriendo a Madrid, no come pan... ¿por qué se le inyecta el pan por vía endovenosa con urgencia verdaderamente increíble? ¿Quieren una respuesta? A lo mejor no es la más acertada. Sobre el Gobernador Civil, excelentísimo señor don Juan José Rosón, y otras autoridades, ha pesado el trauma de carencia de pan. Un pueblo que, siempre hablando en términos generales, se alimenta de platos combinados y que los problemas que tiene vienen generados casi siempre por la adopción de dietas alimenticias que no contengan pan por el aquél de los hidratos de carbono, se pone a trepar porque no hay pan en las panaderías. Aquí lo que ha jugado principalmente ha sido el valor simbólico del pan, y ya mi querido amigo, el lúgubre "Diario 16", al referirse al pan, lo ha llamado demagógicamente "el aljmento de los pobres". Vayan a una casa de pobres y pretendan remediar la situación con una barra de pan. Verán cómo todos a una dicen que lo que quieren es salchichón.

Porque, está sobrepasada la Era del pan. Porque está por completo desfasado el asunto. Puede haber gente que le guste mucho el pan, otros que no sepan comer sin pan, pero todo esto será siempre adjetivo. El pan, como alimento primordial y primero, ha dejado de constituir una necesidad vital de los españoles. Por culpa de la "Oprobiosa", el español se acostumbró a merendarse otros condumios más sabrosos, y. de este modo.el pollo, que fue siempre el símbolo del bienestar gástrico, se hizo, por fas o por nefas, el alimento del pobre. Como todo se hacía mal en aquellos tiempos en que gobernaba el Caudillo, el problema era el pollo; nunca la barra de pan.

Pero nuestros gobernantes tienen muy presente en su inconsciente universal que la Revolución Francesa estalló por falta de pan, que en el motín de Esquilache hubo falta de pan, y no se han dado cuenta de que esos tiempos pasaron,y de que el hecho de que un niño se coma dos barras no significa de ninguna manera que renuncia al tomate, al rico filete o a otros alimentos más sofisticados y menos simbólicos. Lo que el Gobierno quería, en suma, era evitar e) comentario denigrante de que el pueblo estaba sin pan.

Siempre, insisto, por el valor simbólico del asunto y nunca por su valor real. Y me estoy refiriendo, claro está, muy concretamente a la capital de España. El asunto está clarísimo. Sube la merluza; se hace inasequible al comprador. Pues todos tan conformes. La carne es, en muchos hogares, un sueño grotesco para aliviar el frío de este verano. Pues seguimos todos tan contentos. Una maldita lata de atún puede valer el Perú. Seguimos todos tan conformes. ¡Ah, pero el pan no! El pan que no nos lo toquen. Es pura demagogia de Konsomol. Es puro rizar el rizo, y demuestra tal clase de terror latente, que no me fío un pimiento ya de las autoridades extremosas.

Vamos a ser formales. Vamos a poner más barato todo eso que al pueblo le gusta: las almejas a la marinera, la merluza rebozada, el jamón, la rica paella, el cocidito madrileño, etc., etc., y vamos a dejar de dar el espectáculo por el pedazo de pan, porque el que no puede empujar el arroz con pan, to empuja con el dedo, o si no, con un troncho de jamón, que tampoco es mala compañía. El que me hagan demagogia a estas alturas con el pan me cae como una patada en mitad de la barra.

Alfonso PASO

 

< Volver