Autor: ;Ballestero Pareja, Enrique. 
 El problema del paro se ha relegado a segundo término. 
 Por que las centrales sindicales han rechazado el programa económico del Gobierno     
 
 Informaciones.    04/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL PROBLEMA DEL PARO SE HA RELEGADO A SEGUNDO TERMINO

Por que las centrales sindicales han rechazado el programa económico del Gobierno

• NO EXISTEN GARANTÍAS DE QUE VAYAN A TENER ÉXITO LA REFORMA FISCAL Y LA

REDUCCIÓN DE RENTAS NO SALARIALES

• HABRÍA QUE DEFINIR UNA POLÍTICA DE BIENESTAR SOCIAL Y NO LIMITARSE

A OBJETIVOS ESTRICTAMENTE COYUNTURALES

Por Joaquín ALMUNIA y Enrique BALLESTERO (De la Unión General de Trabajadores)

A diferencia de ocasiones anteriores, las centrales sindicales han atraído la atención de los observadores a

partir del momento en que el Gobierno salido de las elecciones hizo públicas sus intenciones en materia

de política económica. Por vez primera, los medios de comunicación han reconocido el papel preferente

que corresponde a los sindicatos en un marco político democrático y se han dedicado muchas cuartillas a

analizar sus posturas críticas frente al programa gubernamental. Sin embargo, estarnos aquí ante una

paradoja. Las mismas centrales que son escuchadas en materia económica carecen aún de plena libertad

para desenvolverse en su propio ámbito de trabajo.

Todavía no se ha instrumentado una legislación laboral que regule la acción sindical dentro de un marco

jurídico claro y- coherente. Como es natural, este desajuste entre legalidad y realidad no está impidiendo

a las centrales cumplir con una te sus funciones más importantes cara al conjunto de los tratrabajadores:

analizar en cada, momento la política económica del Gobierno, hacer públicos sus criterios sobre la

misma e Incluso ofrecer alternativas que contribuyan a salir de la grave crisis Que afecta hoy al país, y

cuyas consecuencias recaen especialmente sobre las clases más desfavorecidas, un esbozo cíe este análisis

y de estas soluciones alternativas es la que vamos a intentar ahora, aunque s61o sea a título de iniciación

en un tema que requiere posteriores desarrollos.

Tenemos que partir de la declaración programática del Gobierno en el mes de Julio. De las medidas que

se anunciaron, entonces, algunas se han puesto en práctica, otras se están discutiendo en el Parlamento, y

las restantes no se han, concretado y se desconoce aún su verdadero alcance. De las conversaciones

mantenidas por tes centrales y el Gobierno, «e desprende que éste no tenia ultimado hace quince días su

programa económico en ciertos puntos esenciales. Sin duda, tiene clara» sus objetivos, pero creemos que

na ocurre lo mismo en lo que atañe a las medidas de política Económica, que se necesitan para

alcanzarlos.

LOS OBJETIVOS D£L GOBIERNO

Los objetivas dei Gobierno son frenar la inflación y corregir el déficit de la balanza de pagos, mientras

que el problema del paro queda relegado a un segundo término y, al menos hasta ahora, se deja & resultas

de la evolución general de la economía. Estos objetivos no son incompatibles, pero, en cambio, no

poden,os decir lo mismo en lo que se refiere a la coherencia y operatividad del paquete de medidas

previstas. Algunas de ellas, como las fiscales, se plantean a medio plazo y surtirán, por tanto, efectos

retardados que no se han podido cuantificar, ni siquiera en primera aproximación. Tampoco existe

garantía alguna de que se lleven a cabo con éxito, si tenemos en cuente la oposición de los grupee

privilegiados y sus intenciones de presionar al Gobierno para que no varié de hecho el actual estado de

petrificación impositiva. Para conseguir su objetivo de paliar el déficit de la balanza, el Gobierno

comenzó con una drástica devaluación, pero es evidente que ésta no basta, si no va acompañada de caras

medidas que sustituyan demanda interior por demanda exterior, y ello exige reducir las rentas interiores

en términos reales. Ahora bien, si el Gobierno no es capaz de reducir a corto plazo las rentas no salariales

—y esto parece evidente por la lentitud con. que se va aplicando la política fiscal—, no le cabe otra salida

que intentar disminuir los salarios reales. A este fin, ha pensado en dos vías. Una, la vía directa de pactar

una «moderación salarial» con las centrales. Otra, la vía indirecta de contraer el crédito, con su

repercusión inmediata sobre la financiación a corto plazo de las empresas; se provocan así expedientes de

crisis, con el consiguiente desempleo, disminuyendo la demanda de trabajo y la tasa de incremento

salarial. De estas dos vías, el Gobierno está aplicando de momento le, segunda, lo cual convierte su

política económica en un monetarismo, cuyos costes ¡sociales tememos qne no se hayan ponderado

suficientemente.

La primera vía, es decir, la política de rentas, parecía coatar con las preferencias del Gobierno a la hora de

las declaraciones de intención, pero ya hemos visto que una política de rentas medianamente aceptable

por ios trabajadores conllevaría la aceleración de la política fiscal. Esto ultimo es algo que el Gobierno se

muestra, hoy por hoy, Incapaz de conseguir.

RAZONES DE LAS CENTRALES

Para nosotros, y dadas las coordenadas en. que se mueve el Gobierno, parece también preferible

una política de rentas, siempre que incidiera proporcionaba ente sobre las rentas salariales y no salariales,

frente a una política monetaria que ,desemboca en situaciones cada, vez más alarmantes de paro. Pero es

obvio que las centrales no van a admitir que las medidas se dirijan principalmente a la moderación

salarial, y para ello tienen razones poderosas en orden al bienestar social. Un objetivo económico puede

lograrse de diversas maneras, pero la teoría más ortodoxa —por no hablar de la ética— exige conseguirlo

da tal modo que se alcance un punto óptimo de bienestar social. Por otra parte, el Gobierno ha fijado su

objetivo de combatir la inflación sin consultar al país sobre las preferencias entre tasa de inflación, por un

lado, el índice de desempleo, por otro. Es posible que la respuesta que hubiera obtenido el Gobierno en

caso de sondear la opinión pública a este respecto no hubiese coincidido con el objetivo gubernamental de

contener la inflación a toda costa, prescindiendo de la atención que requiere el acuciante problema del

paro. Las preferencias de la clase trabajado» son, por supuesto, más eclécticas y se sitúan a un nivel de

compromiso entre la política antiinflacionista a ultranza y la de creación de puestos de trabajo.

Siendo más criticable una exclusiva política monetaria que una política mixta, donde se conjuguen

medidas monetarias y de control de rentas, creemos que el Gobierno, con sus limitaciones actuales y

también con sus vacilaciones ante los grupos de presión, no está en condiciones de llevar la segunda

adelante. A ello contribuye en grado considerable la escasa informacion de que disponen los

departamentos ministeriales sobre los beneficios de las empresas y rentas de las clases económicamente

superiores, asi como una timidez inexplicable para acometer la investigación fiscal título de ejemplo,

piensese que la evaluacion de los grandes patrimonios rústicos va a hacerse por capitalización de una

toase imponible muy alejada de las rentas reales que producen, y, en todo caso, sin relación alguna con su

precio de mercado, que en los últimos años ha subido espectacularmente por móviles especulativos. A

propósito deí fenómeno de la especulación, que no vamos, a describir aquí en sus detalles, conviene

recordar que la benevolencia fiscal respecto a las inversiones especulativas no está favoreciendo

ciertamente la canalización de recursos hacia las inversiones productivas, además de influir perni-

ciosamente sobre la tasa de inflación.

LA ALTERNATIVA

Nuestra alternativa podría resumirse así: política de rentas en su acepción más completa, que haga recaer

una parte muy sustancial del sacrificio que ella implica sobre los perceptores de altes ingresos, salariales o

no, con su complemento adecuado en la regulación de las. magnitudes monetarias. Pero fijando un

objetivo que no sea únicamente detener el crecimienta de la tasa de inflación, sino simando a la economía

en un punto intermedio que considere las preferencias de los trabajadores en cuanto a oferta de empleo y

estabilidad de precios. Habría que definir, pues, una política de bienestar social en su más amplio sentido,

y no limitarse a objetivos estrictamente coyunturales, que no interpretan necesariamente las preferencias

de la mayoría de la población.

4 de octubre de 1977

INFORMACIONES ECONÓMICAS 3

 

< Volver