Fiebre de turismo     
 
 ABC.    25/01/1961.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

FIEBRE DE TURISMO

Las playas del Sur y de Levante se ven animadas con legiones de desertores de los países helados del norte de Europa, enamorados del sol mediterráneo y ávidos de temperaturas templadas, inconcebibles en tan alejadas latitudes. Esto* no extrañará a nadie; pero sí le sorprenderá, en cambio, que hayamos visto en Toledo, en un domingo de nuestro crudo invierno, una docena de autocares llenos de uristas, y hacer turno a sus ocupantes aate la Gasa del Greco, flagelados por un aire punzante. Los viajeros eran argentinos y chilenos, y preguntándole al director de una importante agencia de viajes los motivos de aquella anómala afluencia en época impropia para estas emigraciones placenteras, nos dijo que en la actualidad se hace gran propaganda en toda América para fomentar los viajes a Europa durante los actuales meses, con promesa a quienes los realizan de mayores comodidades, sin aglomeraciones, y mejores precios, tanto en barcos y aviones como en hoteles. Hasta un cincuenta por ciento supone la rebaja de algunas líneas marítimas y aéreas, y, por su parte, muchos hoteles europeos tienen tarifas de privilegio para los turistas de invierno.

Por efecto de la propaganda y de las ventajas económicas acudían los extranjeros a Toledo y a otros lugares de atracción en un domingo glacial. El turismo de invierno permite llenar el vacío entre el otoño y la primavera, etapa de decadencia en la industria, cuando se paralizan los servicios con detrimento para cuantos del negocio viven o de él se benefician. El turismo debe ser una industria permanente, se ha dicho en las Jornadas Turísticas Internacionales celebradas en S´Agaró, con asistencia de ochenta técnicos doctorados en la especialidad. De la misma manera que la Costa Brava ha logrado prolongar su temporada de dos a cuatro meses, está dentro de lo posible alargarla casi indefinidamente. Por lo que hace a Baleares y a la Costa del Sol, cada año son menos y más cortos sus letargos.

En la balanza de pagos cíe España correspondiente a 1960 se estiman los ingresos por turismo como la partida principal del balance de servicios. El turismo, se lee en el documento "Estudio económico, 1960", redactado por el Centro de Estudios del Banco Central, llegó a representar 91 millones de dólares en 1956, para bajar a 74 millones de dólares en 1957, y a 68, en 1958. Cuando se produjo la estabilización subió a 146 millones de dólares en el conjunto del ejercicio de 1959, sin que estas cifras expresaran la influencia total de la estabilización, implantada a finales de julio. En 1960, el turismo parece haber arrojado un saldo favorable por las ingentes cifras de 290 millones de dólares, pagando por sí solo casi la mitad ae nuestras importaciones del año. Las cifras se han duplicado en relación con las del año 1959.

El número de turistas ha crecido, pero no en la proporción que correspondería al citado aumento de divisas. La explicación es que durante 1960 los turistas han entregado su dinero al Instituto Español de Moneda Extranjera y no a la Bolsa negra.

Todo permite suponer que este renglón de ingresos irá hacia arriba. Por de pronto, para estas horas hay hoteles en Andalucía, Levante y Baleares con todas sus habitaciones comprometidas a partir de abril. Una agencia de viajes con setenta autocares de su propiedad ha alquilado treinta más, también desde primero de abril, a la vista de las expediciones anunciadas. En comparación con el año 1959, durante el año último han pasado por la frontera francesa—Behovia e Irún—275.180 automóviles más. Los balances del turismo hechos por las provincias al terminar el año ofrecen resultados asombrosos. ¿No es pasmoso que Pontevedra haya recibido la visita de más de 300.000 extranjeros?

Por todo ello insistimos en lo ya dicho otras veces de que el turismo es una industria nacional, manantial de riqueza merecedora de las mayores atenciones. Sus posibilidades son ilimitadas. España es el rincón paradisíaco elegido por Reyes y príncipes para sus lunas de miel, por los magnates de las finanzas y de la política europea para su descanso, por los productores de cine como escenario ideal de sus películas, por los millares o millones de extranjeros que practican el "camping" y el turismo económico... Esa preferencia universal y creciente por España es brillante realidad presente y halagüeña promesa para nuestro futuro.

 

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