Un paso decisivo     
 
 Arriba.    12/10/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

UN PASO DECISIVO

SEGUN aumentan las perspectivas y los datos útiles para el análisis de lo que e| Gobierno y

los partidos políticos han llevado a efecto durante este reciente fin de semana en la Moncloa,

crecen las razones para afirmar que se trata de un paso decisivo hacia la configuración de

España como país libre, democrático y desarrollado. No es cuestión entrar ahora en el debate

sobre si el acuerdo de la Moncloa está en vías de ser más importante y profundo incluso que el

«pacto de San Sebastián», como afirman destacados líderes del PCE; pero creemos que,

indudablemente, puede hablarse, sin triunfalismos retóricos, de acuerdo histórico. Habrá, no

obstante, que aguardar a la segunda ronda de negociaciones, que se inicia mañana, para

evaluar correctamente, en sus dimensiones políticas, la hondura y estabilidad de los propósitos

que se están concordando.

Por el momento, y a la espera del cuadro concreto de medidas y actuaciones que den forma

práctica y Jurídica al programa pluripartidario para la recuperación económica, es posible

anticipar algunas consideraciones y, en primer término, que esta vez no se trata de un grupo

fragmentarlo de medidas, sino que el programa anunciado es un conjunto integral, referido a la

totalidad de las dimensiones en que se mueve el proceso económico.

Se ha partido, para su formallzaclón, del análisis preciso de las causas que coadyuven a los

desequilibrios básicos de la economía española, tanto desde el comienzo de la crisis

energética de 1973 como bajo las especiales incidencias de la transición política efectuada en

los meses recientes. De acuerdo con ello, los reunidos en la Moncloa establecieron tres

objetivos fundamentales: corregir esos desequilibrios básicos —inflación, paro, déficit de la

balanza de pagos—, distribuir de manera equitativa los costes de la crisis y de las actuaciones

de saneamiento y adoptar el confuso sistema económico heredado del régimen anterior a los

patrones racionales de una economía de mercado socialmente avanzada.

ES natural que los partidos de izquierda respalden este programa, pese a radicarse en

presupuestos muy lejanos de los objetivos doctrinales del socialismo. Nadie sensato cree que

la sociedad española esté en condiciones objetivas para transformaciones radicales del

sistema, cuando todavía hay que superar los dislates de un «desarrollismo» que basaba su

aparente eficacia en tremendos costes sociales, inaceptables para una comunidad

democrática. Se trata, por ahora, de mejorar la eficacia del sistema económico mediante

actuaciones fuertemente correctoras sobra todos sus sectores: financiero, agrícola, comercial,

Industrial y energético. Acompañadas, claro está, de reformas inaplazables en ia estructura de

la empresa, tanto mediante una nueva política de empleo como a través de una formulación

modernizada de las relaciones laborales.

El Gobierno y los partidos proponen a los españoles dos años de austeridad, sobre cuya base

entienden que sería posible conseguir ambos objetivos: superar la actual crisis y el cambio,

desde las ineficaces estructuras económicas heredadas, hasta otras nuevas, homogéneas con

el mundo del desarrollo y compatibles con el sistema político de libertad; de manera que, a

partir de 1979, podamos Iniciar una etapa de expansión hacia niveles de vida similares a los de

la CEE. Austeridad que habrá de ser real, ostensible, tanto en el sector privado como en el

público, a lo que ayudará la política restrictiva. de precios y salarios, asi como determinadas

acciones presupuestarias.

Por desdicha, nuestra Administración pública, que asume vicios y endeudamientos sin cuento

de la etapa anterior, tiene que elegir entre una engañosa política de contención presupuestarla,

que acumulase para más adelante los desequilibrios contables, u otra da realidades que, al

mismo tiempo que recorte cuanto sea posible, liquide de una vez los restos ulcerados de tantos

años s¡n control presupuestarlo sobre las cuentas del Estado. Ello justifica el crecimiento

aparento de los presupuestos generales que se anuncian; pero se tiene la garantía de

supervisión estricta en el Congreso y el compromiso de que los gastos de la Seguridad Social

pasarán de Inmediato, antes de finalizar el presente año, al directo control público, con lo que,

afortunadamente, se zanja el extraño debate que, en las últimas semanas, parecía apuntar

ciertos intentos de supervivencia del actual descontrol.

Como equilibrio social de los techos que se imponen a precios y salarios, el Gobierno parece

dispuesto a llevar .adelante una enérgica política de abastecimientos y promociones

correctoras en materia de vivienda y urbanismo. No hay que frenar, sino extirpar

quirúrgicamente esa grave enfermedad social que es la especulación con productos básicos,

escándalo, incompatible, en una sociedad democrática, con la austeridad y las restricciones

salariales. Los especuladores, no lo olvidemos, son siempre el sustrato económico de los

enemigos de la democracia.

En suma, tras el acuerdo pluripartidario de la Moncloa, los españoles vamos a librar una batalla

solidaria, donde no tiene por qué haber otros perdedores qué quienes nutrían sus riquezas de

la carroña del desmoronamiento económico del país o de la opresión de las clases

trabajadoras. Todos —empresarios y trabajadores— tenemos la obligación mora] y ciudadana

de contribuir, honestamente, a la reparación, reanimación y progresiva aceleración de la

máquina productiva. Sólo si salvamos la economía salvaremos la democracia. Y sólo en el

juego del sistema democrático serán viables las transformaciones sociales que la Justicia

reclama; aunque desde ahora mismo, mediante sucesivas medidas de reforma fiscal, los

españoles podemos ir avanzando el camino hacia la sociedad igualitaria que resume y

completa las excelencias de la libertad.

En la reunión de la Moncloa, los partidos políticos españoles han demostrado que los acuerdos

no exigen el sacrificio de la libertad, que ios problemas graves de un país no necesitan

«cirujanos de mano de hierro», sino patriotismo, responsabilidad y sentido común. También por

ello se ha dado un paso Importante hacia la consolidación de la democracia.

 

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