Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
 Televisión. 
 Moncloitis     
 
 El Alcázar.    15/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

TELEVISIÓN

MONCLOITIS

YO no se sí se dan cuenta en RTVE de basta qué punto es desestabilizadora de nuestro

caminar democrático la epidemia de moncloitis que la aqueja. Porque, dan», está el pueblo

entusiasmado con bu posibilidades de Intervención e* la vida pública que te ofrece la

democracia a través de sus instituciones fundamentales, mayormente a través del Congreso de

los Diputados y dd Senado, y resulta que enciende el televisor y se entera de que en el

Congreso de los Diputados kan echado ana hora en repartir unas llavecitas para la cosa de la

votación electrónica y se han puesto luego a hablar de si ios diputados pueden leer los

discursos, o los tienen que improvisar o recitarlos de memoria, después de aprendérselos —

que ése si que es un problema candente, caspita— y, mientras tanto, te política se hace en el

Palacio de la Moncloa, que sustituye abusivamente a las Cámaras, pero cuyas discusiones no

disponen de luz y taquígrafos, como se deda antes, es decir, de tribuna de prensa e

información directa. Naturalmente, si tal procedimiento no es democráticamente

desestabilizador, es que no sabemos to que es desestabilizar. Pero una desestabilización

profunda, porque a ver quién le desmiente al elector, tras ponerle delante esos contrastes, d

que te democracia no funciona, y lo que funcionan son los pactos entre tos partidos, que,

evidentemente, no es lo mismo. ¥ si, además, como te propia RTVE ha profetizado, de las citas

eróticas en d Palacio de la Moncloa —erotismo dd poder, por supuesto— van a salir exigencias

de sacrificios y los consabidos apretones de cuitaron, me parece que a te democracia actual te

van a dar mucho en te consideración popular, que se dice.

Pues nada, a pesar de te celeridad con que RTVE descubre y denuda los intentos

desestabilizadores de tos demás, que es un nido de agüites de la ley en tal terreno, no se da

cuenta de qué forma, con su empacho de moncloitis, está deteriorando te imagen de te

democracia. A uno ya le ha dicho un contertulio que la democracia resolta que nos toma por d

pito del sereno, como si fuéramos todos algo así como ese señor que dice: "Yo soy Haydn" en

ese anuncio que es la alegría de hogar español, única posibilidad de diversión que ofrece

RTVE. ¥ que las discusiones de planes políticos y de gobierno, en el Parlamento que para eso

está, y no para votar por medio de una llavecita, con el Inconveniente de que, de esta forma —

que lo ha dicho Alberto Delgado—, sabremos d total de los votos, pero no vamos a saber lo

que vota cada diputado, cosa que tiene su importancia para futuras elecciones, y que puede

haber mocho chanchullo en diputados que han prometido votar una cosa, ante sus electores, y

luego, aprovechando la electrónica, van y votan otra.

Ciertamente, la televianson—y yo, que habitualmeute no uso ese calificativo popular, juzgo

indispensable utilizarlo ea esta ocasión— está pesada y pdotiuera con tes reuniones de La

Moncloa. Están pasando cosas en España y en d mundo, pero para los servidos informativos

no hay acontecimiento semejante al de esas reuniones, de tes que se nos ofrecen toda suerte

de detalles externos: horarios, asistentes, subdivisiones, etc., aunque tes cámaras y micrófonos

no ofrecen ningún testimonio directo de las discusiones —si tes hay— y de tos términos

utilizados en días, cosa que tiene cierta importancia para tes minorías electorales. Después de

esto, te referencia a que una de las cosas que ea La Moncloa se debaten y para tes que se

busca un consenso es la democratización de RTVE, provoca dolor de quijadas de te risa que

da.

Por cierto, seguro que si existiera esa participación democrática en d barullo televisivo, b

celebracion del 12 de octubre hubiese tenido, televisivamente, otras características. Porque si

exceptuamos la repetición de la entrevista de Soler Serrano con Usiar Pietri, el escritor

venezolano, la verdad es que d un fue siniestro. En contraste coa te televisión soviética, donde

hubo un programa extraordinario para explicar a una extensísima audiencia —según RTVE— la

razón del de la Hispanidad, o de la Latinidad Americana. Curo que tos pobres telespectadores

soviéticos tuvieron que aguantar a Samaranch, to cual no es precisamente motivo de alegria.

Marcelo ARROiTA-JAUREGUI

 

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