Autor: López Rodríguez, Florentino (NEGRÍN). 
   Lo de la Moncloa y la televisión     
 
 Pueblo.    19/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

NOTAS POLÍTICAS

LO DE LA MONCLOA Y LA TELEVISIÓN

PARA la cuestión cardinal —consolidación de la democracia—, las negociaciones interpartidos de la

Moncloa me han pare-cido y me parecen no sólo útiles y necesarias: también eficaces. Dejemos apar, te

que, por temperamento, y en general por aptitudes personales, el presidente del Gobierno pudiera moverse

mejor en este tipo de asamblea que en la estrictamente parlamentaria. De lo que aquí se trata es de la

eficacia de los resultados en lo que afecta a todos: la estable residenciación del sistema pluralista. Yo no

creo que se pisí ningún terreno a las Cortes porque las transacciones y los acuerdos —y acuerdos son

también los acuerdos sobre los desacuerdos—. en vez de los pasillos de la Cámara, de prisa y sin

publicidad, se realicen con mayor calma y con publicidad en la Moncloa. La cuestión la ha visto, con su

habitual lucidez, el profesor Tierno. Las posibles exageraciones de los proyectos del Gobierno no lo serán

tanto al venir condicionados por la previa opinión de los partidos políticos. Lo cual quita dramatismo y

beligerancia a la natural refriega en el interior de las comisiones. Estos juicios de] señor Tierno, como

digo, son racionales y sensatos. O nace pactada o, sencillamente, no hay democracia. Ningún partido,

naturalmente, hace dejación de sus puntos programáticos esenciales, ningún partido renuncia a su propia

identidad. Ni se trata de eso ni nadie lo pretende. Se trata, por el contrario, de concordar en lo

concordable, condicionar lo condicionable, y que las diferencias ideológicas y de programa sean eso,

diferencias, no un regocijante espectáculo para los adversarios de la democracia. Pienso que el presidente

es el primero en comprender que la mera superioridad numérica, con la que cuenta, no es lo primordial

cuando de lo que se trata es de arropar a la incipiente democracia.

Entre los temas concretos abordados está el de los medios de comunicación del Estado. Señaladamente, el

de la televisión. Es asunto que hay que ahormar sin más dilaciones. La televisión no puede ser feudo

exclusivo de ningún Gobierno. Y menos aún de los responsables directos del medio, que discrimina según

rumores: éste sí, porque sí; éste no, porque no. Y a los indiferentes, la legislación vigente. No, no. De

ninguna manera.

Nuestro colega «Ya» editorializaba ayer sobre tema de tanto calado. Algunas de sus observaciones son

objetivamente correctas. Otras, discutibles. Sostiene «Ya» que el control no debiera corresponderle a los

partidos, que eso no aparece en ninguno de los grandes Estados que han institucionalizado la autonomía

televisiva. Bueno, no es lo mismo una democracia secular que una que lleva tres meses. En vez de los

partidos, el colega propone el control corporativo. Y lo propone aquí, que acabamos de salir de cuarenta

años de corporativismo.

No. ése no es ahora el camino. El ahora es decisivo en política. Cuando la democracia esté arraigada,

cuando se tenga la certeza de que el espíritu democrático señorea las corporaciones, «Ya» podría tener

razón al remitirnos al exterior. En la actual coyuntura española, o controlan los partidos o dudamos

seriamente de la objetividad de la televisión. Si lo sabremos nosotros...

NEGRIN

 

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