Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La aplicación del pacto     
 
 Informaciones.    22/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

La aplicación del pacto

Por Abel HERNÁNDEZ

ES asombroso y meritorio que todas las fuerzas políticas parlamentarias se hayan puesto de acuerdo en el

plan de saneamiento económico. Harían bien (os sindicatos y los empresarios en pensárselo dos veces

antes de torpedear el laborioso pacto. En momentos de excepcionalidad (y el actual momento económico,

con la democracia recién nacida, no puede ser más grave) hay que adoptar resoluciones excepcionales. Es

cierto que la iniciativa del Gobierno queda muy comprometida, y la vida parlamentaria, en cuarentena.

Pero quiza no había otra salida.

E1 problema se traslada ahora a la aplicación del plan. Evidentemente, va a haber dificultades. Incluso,

aunque en la Moncloa tratan de quitar trastienda al reajuste ministerial, parece que el presidente Suárez no

tiene más remedio que remodelar seriamente su Gabinete cuanto antes y robustecer su partido. Los

contactos entre representantes del ala moderada del Partido Socialista Obrero Español y del ala más

liberal de U.C.D. no han sido más que tanteos para pasado mañana si el tinglado montado estos días ea la

Moncloa se derrumba.

Hay, entretanto, ruidosos movimientos subterráneos que Intentan crear un clima de desasosiego con

apelaciones a las bayonetas. Estos agoreros ven la catástrofe inevitable. Preparan sustitutos de Suárez,

esparcen rumores sobre contundentes presiones militares y columbran el principio del fin. Su obsesión es

que el Bey abandone su lúcida actitud de Monarca constitucional, en una democracia parlamentaria.

Todas las mañanas se desayunan con el Apocalipsis.

A pesar de las campañas, de los rumores catastrofistas y de las presiones —que existen—, este país va

recobrando su pulso y su sensatez. Los políticos, día a día, están dando pruebas irrefutables de su sentida

de la responsabilidad y de su profundo sentido patriótico, por encima de Ideologías y de intereses

partidistas. SI no fuera arriesgado hacer de profeta en España, uno aventuraría que, entre todos, vamos a

salir de es I e embrollo, en gran parte heredado.

 

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