Viaje a Moscú     
 
 ABC.    11/11/1959.  Página: 80. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

VIAJE A MOSCU

El Presidente de la República Italiana, señor Gronchi, irá a Moscú, dicen, "con toda probabilidad" para pasar allí diez días, a principios de enero. "Moderados" y "progresistas" del Gobierno democristiano de Segni han emitido su voto favorable para que la invitación de Kruschef se acepte sin mayor demora. El ministro Pastore se ha complacido de la "verdadera unanimidad" en el Consejo. Por ahí todo va bien.

Pero en la "Civiltá Cattolica"—máximo órgano oficioso de la Santa Sede—, el Padre Messineo (S. J.) declara: "A nuestro parecer, los únicos que sacarán ventaja de un cambio eventual de visitas serían los comunistas. Ellos saben, de sobra, que los occidentales podrán hacer bien ,poco en Rusia para convertir al pueblo soviético a la democracia, mientras, en cambio, mucho podría hacer Kruschef, para la propaganda del comunismo, cuando restituyese la visita a nuestro Presidente. Los católicos, por otra parte, no pueden olvidar a sus hermanos que sufren bajo el talón comunista... Dado tal estado de cosas, creemos poco oportuno que sea Italia la que dé el primer paso, y más una Italia que, para la Unión Soviética, cuenta bien poco, o quizás cuente mucho como peón de un juego harto peligroso." El "Quotidiano", órgano dé la Acción Católica. se ha expresado en el mismo sentido.

El partido comunista italiano es el más fuerte del mundo occidental. Aliado al comunismo—y más lo estaría en esta ocasión—, cuenta con un 36 por IOP de la masa electoral, con una mejor organización y disciplina que los demás partidos y con gran abundancia de dinero. En torno a Kruschef—o de Vorochilof, si le sustituyera—el comunismo podría concentrar multitudes que aclamasen al representante soviético, a lo largo de todo su itinerario por ciudades de Italia y, con más grave y dolorosa significación, en la ciudad de Roma. No sería imposible que Su Santidad, el Papa Juan XXIII, desde su mismo estudio, oyese las aclamaciones a la Unión Soviética.

Se dio la primera noticia del viaje de Gronchi a Moscú, durante el Congreso democristiano de Florencia, y muchos pensaron que con ese "contributo alia distensione" se quería favorecer la "apertura a la izquierda" de la Democracia Cristiana: Se dijo también, tras la clausura del Congreso, que los "moderados" y "progresistas" del partido gobernante se diferenciaban solamente en querer la "apertura a la izquierda"—o acuerdo con el socialismo—para fecha más o menos próxima. Así se afirmaría, con leve diferencia de matiz, la tesis de Fanfani, que define a la Democracia Cristiana como "un partido de centro, que marcha hacia la izquierda". La Santa Sede, por boca de sus cardenales—como Ottaviani. el denunciador de los "comunistillas de sacristía"—, por boca de sus organos oficiosos, como es ; objetivo "Civiltá", y por poca del mismo Papa reinante, no ha dejado de condenar, como en anteriores pontificados, la "apertura a la izquierda" o las direcciones que ella implica.

Juan XXIII, cuanao era patriarca ae Venecia, dijo en su Carta Pastoral de 12 de agosto del 1956: "Debo denunciar, con un particular amargura, la pretensión, muy consolidada en algunos, de sostener a cualquier precio la "apertura a la izquierda" contra la neta _posición de los representantes más autorizados de la Jerarquía de la Iglesia. Nos encontramos, nosotros, todavía, de frente a un error doctrinal muy grave para los católicos: la violación flagrante de la disciplina católica. El error consiste en compartir prácticamente y en considerar como común una cierta ideología, la ideología marxista, que es la negación del cristianismo y cuyas aplicaciones no pueden encajar en los principios del Evangelio de Cristo. Que no nos vengan a decir que esta "marcha a la izquierda"—note el lector que son las palabras literales de Fanfani—significa únicamente el interés sentido por las más urgentes y vastas reformas de naturaleza económica, porque, aun en ese sentido, el equívoco persiste, o sea, el peligro de ver penetrar en los espíritus los especiosos axiomas, en virtud de los cuales, para instaurar la justicia social, para imponer el respeto a las leyes sociales, es preciso absolutamente asociarse con los negadores de Dios y los opresores de las libertades humanas y plegarse a sus caprichos. Todo esto es falso en las premisas y estrictamente funesto en las aplicaciones."

En su primera Encíclica "Ad Petri Tathedram" reafirmaba Juan XXIII, los misinos principios. "Los que quieran, realmente—decía—conservar el nombre de cristianos tienen el deber de mantenerse absolutamente alejados de las doctrinas capciosas que nuestros predecesores, en particular Pío XI y Pío XII, han reprobado y nosotros reprobamos de nuevo." El "Osservatore Romano" denuncia a su vez "a los sacerdotes, que entrados en Niza para iluminar a las almas con el mensaje evangélico, habían acabado por convertirse a una ideología, radicalmente opuesta al Evangelio". El 14 de abril de 1959, una decisión del Santo Oficio condenaba "a los que atribuyéndose la calificación de cristianos se unen, sin embargo, de hecho, a los comunistas y les favorecen en su acción". La misma doctrina se repite en el documento del Santo Oficio sobre los "sacerdotes obreros". "El "sacerdote en el trabajo" —dice—no solamente se ve sumergido en una atmósfera materializada, nefasta para su vida espiritual y, a menudo, aun peligrosa para su castidad, sino que tambien se ve llevado, aun sin querer, a pensar como sus camaradas de trabajo en el dominio sindical y social y a tomar parte en sus reivindicaciones: temible engranaje que le lleva rápidamente a participar en la lucha de clases, lo cual es cosa inadmisible en un sacerdote."

El viaje a Moscú del Presidente de la República Italiana, señor Gronchi—democristiano como el partido que en Italia ocupa el poder—se relaciona con pro blernas, extraordinariamente complejos y delicados, tanto para la marcha de la política gobernante como para la posición, en Italia, de la Santa Sede.

 

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