Solidariedad     
 
 ABC.    14/09/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SOLIDARIDAD

En ABC del pasado día 11 nos referíamos al carácter deficitario de las cosechas cerealistas de este año, y subrayábamos la difícil situación en que se hallan grandes colectividades agrícolas, especialmente de la mitad norte de España, y en particular de la cuenca del Duero. "En esta hora de liquidación de la campaña esos hombres se muestran impresionados por no poder hacer frente a sus obligaciones con ¡a puntualidad señalada de modo contractual: abonos, semillas, créditos, contribuciones, maquinaria, etc. Y es el caso que hay que seguir en la brecha del trabajo y de la producción, lo que requiere nuevos impulsos, estímulos y confianza." Y concluíamos diciendo: "Expresamos la esperanza de que el Poder público llevará, como sabe hacerlo, a las zomas más necesitadas, una nueva impresión de confiaba y ayuda".

No habían transcurrido dos fechas desde que se publicó ese comentario cuando ya !a representación corporativa de los agricultores palentinos divulgaba un telegrama enviado por el ministro de Agricultura, D. Cirilo Cánovas, anunciando la concesión de moratorias para el pago de simiente y abono entregados por el Servicio Nacional de! Trigo durante la última campaña, y la concesión de nuevos préstamos de la misma clase—además de otras medidas de auxilio—para la de 1960-61. Es de suponer que análogas decisiones habrán sido tomadas por lo que se refiere a las restantes provincias damnificadas tan gravemente como la de Falencia por los elementos atmosféricos, que empezaron su acción destructora de los cultivos en los días invernales.

Suponemos también que entre esas "otras medidas de auxilio" figurará el préstamo en metálico, a cuyo efecto nos parece del más alto interés nacional que sea incrementado en la cuantía precisa el fendo del Crédito Agrícola para que pueda cumplir en la medida necesaria su misión, cuya trascendencia se agiganta en esta hora, en virtud de las circunstancias imperantes.

La solidaridad social en la desgracia es una de las más altas virtudes de la humanidad, y es notorio que el pueblo español la practica con impulso espontáneo y con generosidad cuando se trata de remediar los efectos de una calamidad pública, cualquiera que sea ia causa de ésta. En el caso objeto de esta glosa, el Gobierno puede estar seguro de que el país respalda y alienta todas sus resoluciones conducentes a mitigar la pesadumbre de las colectividades agrícolas batidas por la adversidad, y a ponerla "en pie de combate" ante el nuevo quehacer de laborear la tierra, sembrarla, abonar el cultivo, cuidarlo y conducirlo—siempre entre riesgos y desventuras—a la fase de recolección, que aun entonces no ha dejado de constituir una incógnita.

 

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