Confusión y escandalo     
 
 ABC.    15/10/1960.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 48

CONFUSION Y ESCÁNDALO

El prelado de Bilbao, doctor Gúrpíde, en reciente carta pastoral dice que desde los comienzos de su pontificado en aquella diócesis ha tenido que sufrir con paciencia y con dolor "una campaña innoble é injusta contra nuestra persona y contra nuestra labor pastoral por parte de una Prensa que se titula católica, que vive en el, extranjera al amparo de libertades mal entendidas, sin que se hayan guardado en ella los más elementales principios de respeto y consideración que se deben a un prelado de la Iglesia". En la pastoral se alude a la manera como son informadas maliciosamente aquellas publicaciones por "una bien tramada red de enlaces" de asuntos tratados "únicamente entre sacerdotes de una manera oficial, quebrantándose las normas del secreto más elemental". Una vez más se demuestra que la pasión política, en determinadas regiones y hombres,"se impone a las nobles razones de una vocación, llena de confusión y anarquía las mentes de algunos, quebranta el respeto y sumisión debidos a la jerarquía, y a impulso del sectarismo buscan el escándala. "No.es lícito—sostiene el doctor Gúrpide enjuiciar con tanta osadía las actuaciones y poner en la picota el nombre y la buena fama de los prelados en general, y particularmente de los que gobiernan las diócesis vascongadas."

Nada se beneficia con todo ello la Iglesia. Por el contrario, se dan alientos al enemigo, se desprestigia a los prelados, "el escándalo que de ello se sigue para las almas es enorme, y los daños espirituales incalculables".

"La religión—afirma el prelado—es vínculo de unión y no de separación, inas está bien claro que los autores y comprometidos en esas perversas campañas quieren sembrar con malas artes y refinada perfidia la desobediencia y la rebeldía, pues intuyen que de este modo sirven a sus fines políticos. La favorable situación actual de la Iglesia en España, reconocida por los propios Pontífices, les ofende porque perjudica y estorba a sus planes, que no son de índole espiritual, sino materiales y rastreros, y en primer término secesionistas y desintegradores de la unidad nacional, su más ambicionado propósito, ante el cuál posponen todos los otros, incluso los de carácter religioso."

´"Es una gran injuria—escribe en su pastoral el doctor Gúrpíde—afirmar que la Iglesia en España está sometida al Estado. Ni está ni lo ha estado jamás, ni estará sometida a ninguna otra forma de gobierno temporal. Colaborar con el Estado no es estar sometido a él Ayudarle cuanto sea posible para lograr e! mayor bien de la comunidad no supone ninguna clase de sumisión."

Lo que de ninguna manera quieren los afanados en esa desgraciada obra es el bien de la comunidad. Lo que apetecen con toda su alma es la confusión, la inquietud y el desorden como caminos conducentes a sus fines. Eso quieren ellos y los fautores forasteros, colaboradores en esta maniobra de origen antiespañcl, que np es nueva ni en su inspiración ni en su desarrollo, ni siquiera en la participación de elementos intrusos, que mejor harían por velar y poner orden en el caos de su casa que venir a la nuestra a sembrar cizaña y discordia. ¿Qué se diría si obispos y sacerdotes españgles se entrometieran en asuntos privados de la Iglesia francesa, convirtiéndose en conspiradores contra su armonía y su prestigio? ¿Hasta dónde se levantarían los gritos? ¿Y cuál no sería la indignación y la protesta si a la intromisión se uniera la calumnis y la falacia, utilizadas como armas contra un pueblo que se comporta dignamente, respetuoso para los derechos ajenos?

La campaña de desprestigio de la Iglesia española en ciertos periódicos franceses titulados católicos, de un catolicismo progresivo tan evolutivo que a veces se confunde con el marxismo, es endémica, y por muchos indicios y señales más bien nos pareció siempre hija de la envidia que de un motivo decente y digno. El diario "Arriba" del día 13 se refería a la vieja animosidad de la revista "Esprit" contra España.

Esta publicación; en su último número, y a cuenta de supuestas terroríñcas represiones del abad de Montserrat y de los católicos catalanes, habla de una España casi argelina, "desgarrada, ensangrentada y cercada de alambradas". Estas mentiras se endosan a un país de puertas abiertas, por donde han pasado en dos meses seiscientos o setecientos mil turistas a los que no se les ha vedado rincón a su expansión y a su curiosidad en todo el área nacional.

¿Qué mal espíritu mueve a esas gentes en su táctica de división entre quienes profesan el mismo credo y en su afán de una política de mala vecindad? "No podemos comprender—terminaremos con el prelado de Bilbao—la postura católica de esta Prensa, ni la de los que la dirigen o informan, ni la de los que la leen." Pero si se acepta que su propósito decidido es llevar la confusión y el escándalo al campo de los católicos, entonces se comprende todo.

 

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