El Convenio Hispano-Argentino de emigración     
 
 ABC.    20/07/1960.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL CONVENIO HISPANO-ARGENTiNO DE EMIGRACIÓN

La firma del Convenio híspano-argentino de Emigración fue aplazada para que coincidiera con la visita hecha a España por un presidente en funciones de la fraterna nación argentina. No es preciso subrayar la significación simbólica de ese gesto.

A partir del establecimiento del Instituto Español de Emigración, que en estos días cumple cuatro años, ha sido impulsada notablemente la actividad diplomática en el campo, lleno de posibilidades, a que dedica su atención especifica el citado organismo. Como dice muy bien Vicente Borregón Ribes en su interesante libro La emigración española a América", "la libertad del individuo, so pena de caer en la tiranía de un socialismo insoportable, debe continuar siendo el principio de vida colectiva, tan sólo atenuado en la medida exigida por el interés común". De aquí se deduce que la ley es el único instrumento posible para restringir u ordenar la libertad de los desplazamientos, y tantos factcres de carácter tutelar, como son la menor edad, el sexo femenino, la incapacidad para e! trabajo, el analfabetismo u otros que interesen al país de emigración o al de inmigración. Dentro de esas normas, escrupulosamente cumplidas. España ha firmado en los últimos años Convenios de emigración con Santo Domingo, Bélgica, Francia y Alemania.

El suscrito últimamente con la República Argentina es no sólo el más flexible y el mejor atemperado a las mutuas exigencias y necesidades de los países signatarios, sino el que también, de forma más rigurosa, contempla las diversas modalidades que en nuestros días ofrece la emigración. Por ello ese Convenio merece especial relieve, y es obvio hacer notar qus buena parte de su articulado se contrae a la fórmula de emigración asistida y técnicamente planificada.

Afortunadamente pasaron a la historia los años en que los países de recepción admitían, sin discriminaciones, cualquier clase y tipo de emigrante. Ahora, los Estados americanos, igual que los de otros Continentes, piden cada día, con mayor precisión, emigrantes preparados, profesionalmente capacitados para desempeñar un servicio concreto, a fin de que vivifiquen con su energía e iniciativa las zonas vírgenes, las industrias incipientes, y en térmínos generales prefieren a la emigración urbana y un tanto ."turística" la de hombres bien preparados para las grandes empresas del trabajo y la producción. Por un conjunto de circunstancias que no es preciso enumerar, máxime cuando hoy se hallan en trance de superación, nuestra emigración a la República del Plata iba cajendo de nivel. El Convenio que comentamos permitirá, en circunstancias mucho más favorables, y con garantías seguirás, un sensible aumento de nuestra corriente emigratoria, al que podrán incorporarse, si voluntariamente lo desean, loa excedentes de obreros industriales y agrícolas, e incluso los técnicos calificados que como consecuencia de nuestro reajuste económico lo apetezcan así. Este drenaje demográfico, al amparo del Convenio, aliviará necesidades españolas y argentinas. Debemos añadir, aunque sobradamente lo sepan los lectores, que todos los países civilizados de rápido crecimiento cuidan celosamente, cuanto a la emigración se refiere, y algunos de ellos obtienen óptimos resultados en campos muy diversos. El Gobierno de Franco, a través del Ministerio de Trabajo, sobre, el que gravita la responsabilidad de la política general de emigración, cuida de que ésta se realice a través de una doble garantía: el Instituto Español de Emigración que orienta, informa y facilita los diversos trámites necesarios a los trabajadores españoles, y la Dirección General de Empleo, que tan eficaces servicios viene prestando, y cuya Sección do Emigración dictamina y efectúa estudios normativos especiales en relación directa con el Instituto.

 

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