En torno al gamberrismo     
 
 ABC.    20/08/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. SÁBADO 20 DE AGOSTO DE 1960. EDICIÓN DE

EN TORNO Al GAMBERRISMO

Ha insistido el P. Félix García sobre el complejo tema del "gamberrismo". Con muchísima razón asegura nuestro ilustre colaborador aue "es un fenómeno del que es difícil apresar su última diferencia" y lo define como "un mal endémico de nuestro tiempo, no circunscrito geográficamente".

Conviene tratar tema tan importante. Porque nos hemos acostumbrado a recogerlo según el compás marcado desde el extranjero y suena en nuestros oídos casi siempre—sobre todo en sus más graves consecuencias—al ritmo que marcan los "teddy boys" ingleses, ´los "teppsti" italianos, los ´"blousons noirs" franceses, los "halbstarke" alemanes, los "pavito" venezolanos, pareciéndonos ajeno a nosotros en su trágica e inmensa gravedad.

Y no es eso. Conviene distinguir amplias zonas diferenciales, que inicia el jovenzuelo mal educado, basto y grosero, y acaba en el criminal. Si por "gamberro" entendemos al que salta por encima de las normas sociales de convivencia corrientes, ipara buscar ia satisfacción de su capricho, gusto o comodidad, importándole poco la molestia del vecino, entonces abarcamos una extensa área social, verdaderamente impresionante e insospechada.

En este área se halla incluido, desde luego, el jovencito pretencioso, grosero, vulgar y maleducado, que entra en bares y salas de espectáculos con la camisa suelta y el grito o el chiste en los labios; el que profiere—y no son pocos—al oído, pegando su malsano aliento a la cara de la chica, frases obscenas y chocarrerías repugnantes, o el que lleva por la calle a le, novia "encorbatada", acariciándola en forma que una insignificante dosis de buen gusto evitaría. En los dos. Nos damos cuenta entonces de que ese "gamberrismo", menos grave que el del crimen del "gang" juvenil, está invadiendo todas las esferas sociales; en el verano, con pretexto de altas temperaturas y siempre, con el de la propia y exclusiva comodidad. En esa zona va cayendo el adolescente joven y el hombre maduro que, colgada del brazo su americana, penetra en la iglesia o se sienta en una butaca, del teatro, sin distinguir el carácter de los locales. Como la chica que adora al Santísimo, no transitoriamente, sin velo en la cabeza.

No pequemos de timoratos. Mucho menos de miedo a un modernismo desenfadado, descortés y zafio que nos va rodeando en todas las actividades de la vida. Empieza en horas de trabajo y acaba en la. reunión de tipo más o menos elegante. Nos aplebeyamos todos. Y esto no quiere demostrar una convivencia llana y sencilla como fue siempre la española, aun la ds más alto rango, recogida con admiración por cuantos nos visitaban. Ahora es nota de grosero rebajamiento, falta de respeto al sexo femenino, vulgaridad de costumbres, ineducación en suma.

Antes fue lo "cursi", flagelado por el maestro Benavente, lo que sirvió para no entorpecer el avance de costumbres más o menos, libres. Ahora es el nuevo "tipo" de vida. Sin miedo al comentario que puedan producir estas líneas, llamamos sobre todo la atención de padres y de educadores. En el fondo de esta gravísima cuestión, que el P. Félix vuelve a tratar se halla la creciente disolución de la familia, la disminución de´la autoridad paterna. Como ocurre en el resto del mundo. Ambas son tan importantes, que nos resistimos a permanecer en silencio, indiferentes ante la ola de chabacanería que nos rodea, cada vez más intensa, en forma difusa, pero penetrante y expansiva.

Junto a este "gamberrismo de costumbres", existe otro no menos importante y corrosivo. El del lenguaje.

Acabamos de reiterar nuestras preocupaciones acerca de la conservación, de su mayor pureza, ante la reunión de las Academias de la Lengua en Bogotá. ¡Qué pensarán en Hispanoamérica, si allí se recogiera el florilegio de frases hoy corrientes en nuestra juventud, en una parte mínima de ella! Porque tampoco pretendemos, ni mucho menos, englobar en este comentario, ni a todos los jóvenes, ni a toda la sociedad. Por fortuna, muellísimos de ellos, que no bullen como los otros, pueden ser ejemplo maravilloso de honestidad y recato, de pureza y de vocación para el estudio o la actividad laboral. Lo que ocurre, como ..siempre, es que brilla más lo que perjudica. Y aunque parezca extraño, el buen paño, en estos tiempos, puede encerrarse en el arca de las mejores tradiciones y costumbres españolas. Y es doloroso que el "gamberrismo" de unos pocos, aunque aumente el número, borre prestigios que costó siglos adquirir.

 

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