Autor: Tuya, Carlos. 
   En vísperas del pacto social     
 
 Diario 16.    03/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

En vísperas del pacto social

Carlos Tuya (Del secretariado político del Partido Comunista de los Trabajadores - antes OPI -)

No es muy aventurado pronosticar una "post-elección" más crítica y difícil que la hasta ayer

´´preelección", tan cuidadosamente mimada por derechas e izquierdas, y tan inútilmente atacada por esos

extremos que terminan por juntarse. Porque, tras el compás de espera que son estas elecciones, el país, el

pueblo trabajador principalmente, va a exigir soluciones concretas a una crisis económica y una situación

social que, se quiera o no, está poniendo en cuestión todo el sistema productivo y en zonas aún hoy

marginales, pero mañana quizá mayoritarias, el sistema global de vida que tan pomposamente se ha

venido en llamar "civilización". El pueblo trabajador podrá aceptar, más o menos divertido, el espectáculo

parlamentario de las metamorfosis de la mayoría "centrista", los pactos de las minorías y los debates

académicos sobre el futuro código constitucional, ya sancionado en sus aspectos fundamentales como la

forma de Estado o la "cuestión nacional", pero lo que ya nadie, ni trabajadores ni empresarios, pueden

dilatar es la solución a una crisis estructural de nuestro sistema productivo que puede llevar a la

bancarrota al país.

En este contexto de inestabilidad política próxima, que ni siquiera un triunfo holgado de la Unión de

Centro Democrático podrá evitar, va a intentarse la única salida a la crisis económica que puede

plantearse al capitalismo: la estabilización. En lo esencial, a la hora de estas medidas drásticas, todos,

derecha autoritaria, derecha civilizada y "centro izquierda" están de acuerdo. Es el "reajuste" productivo

que las leyes objetivas de la economía capitalista exigen, y que en cuanto, tales, no distinguen entre

sutiles formulaciones ideológicas. Cuando el sistema productivo quiebra, quiebran con él todos los

capitalistas, militen en el partido político que militen. La estabilización, se arrope con las palabras que se

arrope, es hoy la única salida que tiene el capitalismo si no quiere agravar aún más su aguda crisis.

Dejado a su libre funcionamiento, el sistema capitalista se "reajusta" solo, pero a un coste social tan

grande (paro masivo, ruina de pequeños empresarios, baja general de salarios, aumento de la explotación,

etcétera) que hoy en día, tras las fuertes reacciones obreras, ya no resulta "rentable" para la clase

poseedora por el grave peligro en que pone todo el sistema social. La comprensión de esa "no

rentabilidad" y la necesaria intervención estatal para atenuar los efectos sociales de estos periódicos

"reajustes", tal es la base del keynesianismo y de las modernas teorías del Pacto Social. La estabilización

es, pues, el resultado de esos dos factores. Sin Pacto Social, la intervención estatal, a no ser que fuera

dictatorial, como ocurre en Chile o como ocurrió en nuestro país en la época franquista, resultaría ineficaz

y la estabilización imposible. El resultado sería irremediablemente la agudización de la crisis. La

sociedad, incapaz de dar soluciones a su crisis, entraría en un peligroso proceso de desintegración que es,

a la postre, el mejor caldo de cultivo para los fascismos siempre latentes. Por todo ello, los partidos

reformistas de base obrera, por mucho que pregonen su oposición al Pacto Social, tendrán finalmente que

aceptarlo, empujados por el espectro de esa misma descomposición social. El caso italiano es

ejemplarizador. Con ello, estos partidos de base obrera habrán perdido su papel histórico,

transformándose en instrumentos del sistema capitalista. La transformación del mundo también se rige

por leyes, y de buenas intenciones está la socialdemocracia llena.

Pero si toda crisis del sistema productivo tiene soluciones destinadas a perdurarlo, también crea las

condiciones para plantear otras soluciones que, realizando profundas transformaciones estructurales, lo

encaminen hacia un nuevo sistema productivo en el que, por fin, puedan suprimirse esa peculiar forma de

desarrollo capitalista que es la crisis cíclica. Tal solución, en las antípodas de la estabilización, sólo puede

basarse en una planificación democrática de la economía, que permita al Estado, a través del control de

los medios financieros y productivos fundamentales, reorganizar la producción, eliminar los aspectos

anárquicos del sistema, orientar la inversión hacia las zonas de mayor índice de paro, impedir las

especulaciones monopolistas, liberar a las fuerzas productivas y garantizar, gracias a una hacienda potente

y saneada en base de la Reforma Fiscal, las prestaciones sociales necesarias. En una palabra, una

alternativa democrática antimonopolista. Tal es la única posibilidad objetiva de dar una salida a la crisis

económica que no sea la estabilización. El resto es, se llame como se llame, Pacto Social. Lo mismo que

en la política la alternativa real hoy es o "Democracia recortada" o "Democracia plena", en el terreno

económico la alternativa se establece entre "Estabilización" o "Plan Económico Democrático", basado en

las necesarias nacionalizaciones de la Banca, los grandes monopolios, la Reforma Fiscal y la Reforma

Agraria. Dos alternativas que se complementan y que constituyen en realidad una sola alternativa entre la

oligarquía y el resto del pueblo trabajador, incluyendo a la pequeña y media burguesía.

Esta alternativa desgraciadamente sólo se la plantean en nuestro país las candidaturas unitarias de

izquierda. Faltan los grandes partidos de base obrera. Por ello, al no darse en lo político la necesaria

Unidad de Izquierda, la alternativa a la crisis económica que tratará de imponerse al país será la

Estabilización, con el concurso más o menos negociado de los partidos obreros reformistas. La reacción

de las clases trabajadoras puede ser la mejor garantía de que la unidad que hoy no pudo ser lo será

mañana. Porque si bien es cierto que es en el campo de la política donde se resuelven los problemas

fundamentales de la economía, son éstos, en última instancia, quienes determinan las realidades políticas.

 

< Volver