Justicia historica     
 
 ABC.    12/08/1960.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

JUSTICIA HISTÓRICA

Es grata la noticia que nos llega de Norteamérica: Arnold Toynbee acaba de publicar en "The New York Times" en cálido homenaje a la obra histórica hispanolusitana. Ño conocemos el texto íntegro del trabajo, sino sólo una síntesis del corresponsal de "Ya", Sr, Méndez Domínguez.

Según ella, la actividad de la Hispanidad—España, Portugal y los pueblos centro y surarnericanos—ha sido ejemplar. Dos aserciones fundamentan la posición del celebérrimo historiador inglés: 1a Inexistencia total de prejuicios raciales en pueblos de habla española y portuguesa, así como entre musulmanes. Los pueblos hispanolusos se conservan: visiblemente libres de conciencia racial. 2.° La herencia acaso recibida de la cultura islámica enraizada en la Península Ibérica a lo largo de los siglos y superior y más atractiva en aquel tiempo que la occidental, no es mero accidente. Los pueblos ibéricos, que han tenido los más estrechos contactos con el Islam, son los pueblos de Occidente con más brillante hoja de servicios en materia racial.

Las afirmaciones de Arnold Toynbee constituyen, al menos en parte, un tributo a la justicia histórica. Pero su mayor valor—un valor provisional, mientras no conozcamos perfectamente su artículo— reside en creer qué el ejemplo dado por España y Portugal es hoy eficaz. En otras palabras: que el pasado puede convertirse en porvenir.

¿Qué español no percibe en estos juicios un eco del profundo pensamiento de Ramiro de Maeztu?

Recordemos sus palabras: "El valor histórico de España consiste en la defensa del espíritu universal contra el de secta." Y en otro lugar: "La crisis del mundo no se debe, en último término, sino al esfuerzo insano realizado por los pueblos y las clases sociales para colocarse en situación de privilegio respecto a los demás. Es fundamentalmente extraña al espíritu hispánico. Los hispanos no creemos en pueblos privilegiados."

Una divergencia entre la posición de Toynbee y la de Maeztu parece deducirse, sin embargo, de la trascendencia que e1 primero concede a nuestro contacto con la cultura islámica en relación con la inexistencia de prejuicios raciales. Pero el aserto más importante del historiador británico es el que atañe a la eficacia vital que hoy puede tener una conducta observada por los pueblos ibéricos hace siglos. Era esta una de las ideas cardinales de Maeztu: "Ante el fracaso de los países extranjeros, que nos venían sirviendo de orientación y guía, los pueblos hispánicos no tendrán más remedio que preguntarse lo que son, lo que anhelan, lo que querían ser. A esta interrogación no puede contestar más que la Historia. Pregúntese el lector lo que es como individuo, no en lo que tenga de genérico, y no tendrá más remedio que decirse:

"Soy mí vida, mi historia, lo que recuerdo de ella." ¿Cuál no será entonces la sorpresa del los pueblos hispánicos al encontrar lo que más necesitan, que ts una norma para el porvenir, en su propio pasado, no en el de España precisan: ente, sino en el de la Hispanidad en sus dos siglos creadores, el XVI y el XVII?"

Provisionalmente pueden, pues, anotarse dos puntos de coincidencia entre ambos pensadores: el valor ejemplar de unas conductas inspiradas en el universaEsmo, y la seguridad de que pueden mover los espíritus, o lo que" es igual, que conservan una misteriosa, pero efectiva energia a pesar de pertenecer al pasado.

 

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