Autor: ;Montes, P.. 
   ¿Empobrecimiento?, ¿Austeridad?     
 
 Diario 16.    28/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿Empobrecimiento?, ¿Austeridad?

J. Albarracín y P. Montes (Economistas de LCR)

El Gobierno, para justificar la política de austeridad que propugna, en la que la contención de los salarios

es una pieza fundamental, ha recurrido a varios argumentos falsos. Hay que ponerlos de manifiesto y

desmontarlos, por cuanto, con dichos argumentos, pretende demostrar el carácter inevitable de una etapa

de austeridad y postular la colaboración de los trabajadores. Algunos partidos obreros,

inconcebiblemente, parecen aceptar y apoyar la necesidad de esta etapa.

El Gobierno quiere hacernos creer que de la noche a la mañana, por el encarecimiento del precio del

petróleo, el país bajó su renta en un 25 por 100. Como parangón se ha referido a una familia que, con

unos ingresos dados, tuviese que adquirir los bienes y servicios de un día para otro a unos precios

incrementados en un 25 por 100. Hablar de empobrecimiento del país, cuando lo que se ha producido es

una transferencia de los beneficios de los capitalistas españoles a los jeques árabes, no es serio. Pero aún

aceptando el término, mucho menos lo es afirmar que ha sido del 25 por 100. En efecto, ese

"empobrecimiento" sólo podría referirse a la parte de la renta de país, ligada a las transacciones con el

exterior y no a la totalidad de la renta. Entre 1973 y 1874, es decir, antes y después de la elevación de los

precios del petróleo, el crecimiento de las importaciones debido a su encarecimiento supuso una cifra

equivalente al 6,85 por 100 del PJB. Este sería el porcentaje en el que, como máximo, el país se habría

"empobrecido". Pero el país se resarció en parte vendiendo más caras sus exportaciones, a través de las

cuales logró "enriquecerse" en un 3,00 por 100. En consecuencia, su "empobrecimiento" fue sólo del 3,35

por 100. Volviendo al caso de la familia, imaginemos que produce todo lo necesario para su subsistencia,

excepto la leña, que tiene que comprarla; ¿se podría afirmar que porque se elevase su precio el nivel de

vida de la familia se reduciría tanto como el porcentaje en que se elevara el precio de la leña?

Evidentemente, no.

El Gobierno, por otra parte, quiere hacernos creer que el país no ha pagado la nueva factura del precio del

petróleo. ¿Quién dice que no? Entre 1964 y 1974, el crecimiento anual medio del consumo privado fue

del 6,1 por 100. En 1975, fue de 2,1 por 100. En 1976, fue de 2,3 por 100. En 1977 no alcanzará el 3 por

100. ¿Acaso un descenso de esa magnitud en el ritmo de crecimiento del consumo de la población no se,

estima un ajuste suficiente a las nuevas circunstancias?

Cuando existen más de un millón de parados, una alta infrautilización del capital y un déficit considerable

de la balanza por cuenta corriente, hablarles a los trabajadores de la necesidad de un plan de austeridad no

es racional. Bastaría con que los parados trabajasen con las máquinas ociosas y las mercancías producidas

se exportasen para que todos los problemas quedasen solucionados. Pero una solución de este tipo, que

todo el mundo aceptaría, tropieza con dos inconvenientes que llevan a cuestionar al sistema capitalista. En

primer lugar, la crisis de sobreproducción internacional impediría la colocación de las mercancías

españolas. En segundo lugar, esta solución, aunque altamente beneficiosa para la sociedad en su conjunto,

no sería rentable para los capitalistas individualmente.

No resulta innecesario recordar que toda la pericia técnica del Gobierno está al servicio de la burguesía.

Por eso intenta convencernos de la conveniencia de un plan de austeridad. Por eso intenta imponer

restricciones a los salarios. Por eso trata de que olvidemos que la austeridad hará aumentar el paro.

 

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