El Sovietismo paternal     
 
 ABC.    17/08/1960.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. MIÉRCOLES 17 DE AGOSTO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 26

EL SOVIETISMO PATERNAL

Mientras los hombres de las circunstancias de Cuba y del Congo se envalentonan respaldados por la U. R. S. S., amparadora de todos los nacionalismos, siempre que germinan fuera del área soviética, y adalid de los pueblos colonizados, con sus cohetes a punto para machacar a quien se atreva a mover un dedo contra sus ahijados; mientras Rusia hace alarde de su paternalismo, finlandeses, lituanos, estonios y letones refugiados en distintos países han rememorado el veinte aniversario de su tragedia y en Estados Unidos, donde las colonias de exiliados son más numerosas, han celebrado la "Semana de los pueblos cautivos". A ella han asistido también gentes que se consideran proscritos de otras naciones ultrajadas y bajo la esclavitud rusa. En los diversos actos ensombrecidos por recuerdos dramáticos se han puesto de manifiesto con nuevos testimonios y pruebas los sufrimientos de las poblaciones bálticas deportadas en masa, el ignorado paradero de millares de personas y los atropellos y- despojos de que han sido víctimas los habitantes. Al cabo de veinte años, la esperanza de evadirse sigue siendo la mayor ilusión para los que allí viven. Y no hay día sin su cupo de fugitivos.

Se había consumado el asesinato de Polonia, asaltada por los nazis y apuñalada por la espalda por los soviets. Los gobiernos agresores, "solucionadas definitivamente las cuestiones derivadas de la caída del Estado polaco, establecían una base segura para una paz duradera", según rezaba un comunicado conjunto. La amistad germano-soviética, declaraba el ministro alemán Von Ríbbentrop, en Moscú, el 29 de septiembre de 1939, "quedaba asegurada y firme para siempre".

Fruto de tan buena relación y entendimiento fue una oferta de paz hecha por Hitler a sus enemigos, Inglaterra y Francia, rechazada por éstos. La perfecta inteligencia entre Stalin y Hitler se concretaba en un pacto de no agresión, y en una "colaboración estrecha y duradera" para "despejar conjuntamente una peligrosa zona de Europa de su carácter amenazador", en palabras del Fuhrer. Del lado ruso se producían idénticas efusiones gratulatorias. Ante el Soviet Supremo reunido el 31 de octubre de 1939, Molotov declaraba: "De un restablecimiento de la vieja Polonia no se hablará nunca más." "Es criminal continuar la actual guerra para aniquilar el hitlerismo: las ideologías no se destruyen por la fuerza. La Unión Soviética prefiere, para tener las manos libres en el futuro, seguir su política de neutralidad y sin dejarse influir por la guerra en curso, reforzar con todas sus energías el ámbito de la paz."

La U. R. S. S. se cubría con el disfraz de patriarca bonachón, solícito y afectuoso, que utiliza para cometer los más abominables crímenes históricos. Tenía las manos libres para operar y cédula de impunidad. El 1." de diciembre de 1939, un incidente fronterizo astutamente urdido por los rusos y una petición de auxilio de un llamado gobierno pro-soviético constituido en Carelia le sirvieron de pretexto para desarrollar sus planes. El ejército soviético invadió Finlandia. El atropello consternó al rrmnclo. Se elevó una gritería en la Sociedad de Naciones. Comenzó a estudiarse la forma de acudir en auxilio de la víctima. De toda aquella confusión sólo rmecló en pie un hecho positivo; el heroísmo de los finlandeses dejándose matar en las trincheras heladas en desesperado combato contra el ogro. Lucha tan desigual duró poco tiempo. Finlandia —cuatro millones de habitantes— sucumbió aplastada por el rodillo ruso —ciento ochenta millones de habitantes—. El 13 de marzo de 1940 todo había terminado. El vencido aceptaba las condiciones de paz impuestas por Moscú: cesión de la península de Carelia, incluido Viborg y una parte de la Finlandia oriental; arriendo de la península de Hango, derecho de tránsito por la zona de Petsamo.

Sin haber terminado el inventario del botín, Molotov y Stalin explicaron su triunfo como una lección a la insolencia del país que se había negado a escuchar los paternales consejos soviéticos para un reajuste de fronteras. El no haberse engullido la nación íntegra demostraba la generosidad y altruismo de la U. R. S. S., que ponía por encima de todo sus ideales pacíficos.

Pero las manos libres soviéticas no podían permanecer ociosas cuando la ocasión se presentaba muy tentadora. El 14 de junio de 1940, Moscú dirigía un ultimátum a Lituania y al día siguiente las tropas soviéticas ocupaban el país. El 16 de junio, Rusia repitió la maniobra contra Estonia y Letonia, y en tres jornadas fueron,borrados del mapa los países bálticos como Estados independientes. El atraco se reproducía diez días después con un ultimátum a Bucarest: se le exigía al Gobierno rumano la inmediata cesión de la Besarabia y el norte de la Bucovina. El ejército rojo invadió estos territorios en los días siguientes.

Stalin había logrado restablecer casi en su integridad las fronteras de la Rusia zarista en 1914. Los territorios ocupados en seis meses suponían 149.200 kilómetros cuadrados, con una población de habitantes 22.650.000. Todo ello en nombre de la seguridad de Europa y a mayor gloria del imperialismo rojo, Molotov podía decir con satisfacción: "Estamos seguros que la política de paz practicada por la U. R. S. S. supone una garantía para el presente y ofrece las mejores perspectivas para el futuro."

El afán pacifista y protector de Rusia se patentizará pocos años después con el botín de naciones fronterizas, para culminar en la tragedia de Budapest.

A pesar de todo, Lumumba. belcebú de la selva congoleña, apela a Kruschef en un mensaje llamándole, "escudo de los pueblos" y Raúl Castro, al regresar de su viaje a Moscú, se apresura a decir en la televisión habanera: "Los soviéticos se esfuerzan por dar muestras de respeto, tanto mayores cuanto más peoueño es el pueblo con el que tratan. El porvenir dirá si hemos acertado al aliarnos con ellos. Si hemos tratado o no con amigos sinceros, como nosotros los consideramos en realidad."

Y si no son sinceros. ¡Ah! Raúl no podrá decirlo nunca. En Cuba se lo impedirían. Y si lo dice desde fuera, será cuando ya la cosa no tiene remedio.

 

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