Demagogia republicana     
 
 ABC.    21/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DEMAGOGIA REPUBLICANA

El lector podrá encontrar en otro lugar de este número de A B C cumplida información del desarrollo de

la sesión final del Congreso de la Organización Revolucionaria del Trabajo (O. R. T.), que ayer se celebró

en el Colegio San Juan Evangelista de Madrid. Vuelven a aparecer las banderas republicanas, se oyeron

cantos demagógicos y se aludió de forma intolerable a las más altas magistraturas del Estado. Lo grave es

que estas últimas alusiones no partieron únicamente de los militantes de la O. R. T., sino que en ellas

abundaron también representaciones de otros partidos.

El que una organización revolucionaria, muy próxima por no decir que inspirada en el maoísmo, asuma

determinadas posturas críticas frente a la sociedad española actual, no es de extrañar. Pero que en el

Congreso celebrado por los representantes de la exigua minoría de españoles que se integran en la O. R.

T. se produzcan manifestaciones de quienes llevaban la voz de otros partidos, alguno de ellos de reciente

y generosa legalización, intervenciones en las que, a falta de argumentos, se esgrimieron demagogias

contra la Corona, constituye un hecho reprobable en sí mismo y que no debemos silenciar.

Nadie, absolutamente nadie, ha hecho tanto por la entronización de la democracia política en este país

como la Corona. Nadie, absolutamente nadie que se sienta demócrata, podrá dejar de reconocerlo así. La

increíble y pintoresca identificación entre Democracia y República es algo que califica de ridiculez

mental a los que tal propugnen. Precisamente fue la última República quien sepultó a la Democracia. Y ha

sido la Monarquía la que, sin romper con la legalidad, ha venido a dar a los españoles la merecida

consideración de ciudadanos, de sujetos activos del quehacer político. Hay que recordar a quienes ayer

asistieron al Congreso de la O. R. T. que les es exigible un mínimo sentido de la propia responsabilidad y

conocimiento de la historia.

Salir a estas alturas con gritos y amenazas es, cuando menos, señal clara de que detrás de esas voces no

existe una sola idea válida para encararse seriamente con los innumerables problemas que hoy tiene

planteados el pueblo español. Pero, además, es olvidar, a conciencia y con intención, que se dicen otras

cosas ante otros auditorios para desmentirse luego en busca del fácil aplauso de unas docenas de

mozalbetes indoctos o quizá al olor de los importantes caudales del maoísmo internacional.

 

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