Autor: Bugeda Sanchiz, José. 
 Análisis de Fracasos (12). 
 Los comunistas ultras     
 
 Pueblo.    24/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Análisis de fracasos (12)

LOS COMUNISTAS ULTRAS

José BUGEDA

LA verdad es que la entrada en política no clandestina, aunque sólo semilegal, de los movimientos

comunistas disidentes ha sido un desastre. Y no vale refugiarse ahora en el disimulo, diciendo que de lo

que se trataba era de dar testimonio. Se da testimonio de algo: de fuerza, de ortodoxia ideológica, de

posibilidades de futuro, de firmeza. Pero lo único que ha quedado probado es la desunión, los

personalismos, la desorientación ideológica y hasta la persecución de objetivos impropios. Lo repito: un

desastre. Y me duele de verdad tener que decirlo, porque, por mucha distancia ideológica que me separe

de estos jóvenes comunistas, entiendo perfectamente su circunstancia. Yo he sufrido algo muy parejo y

semejante cuando militaba en el otro extremo del espectro político. Sé lo que son la traición de los

dirigentes, el envilecimiento de la doctrina política y la angustia de la intemperie. Sin embargo, los

cincuenta y tantos grupúsculos en que ha cristalizado la heterodoxia comunista —heterodoxia en el

sentido formal, que doctrinal, con Marx y Lenin en la mano, habría mucho que decir— no han sido

capaces ni de reconocerse como hermanos. Cuatro candidaturas distintas para un puñado de hombres. La

permanente maldición que es la insolidaridad de la izquierda española tiene aquí un exponente indudable.

No es que crea que unidos habrían tenido opción ni a un mínimo triunfo, pero habrían iniciado un camino

esperanzador para ellos. Pienso que no siempre van a ser tan pocos. En un determinado momento podrían

ser unos de los beneficiados de la desbandada de los desilusionados. No los únicos, pero sí unos de los

principales en recibir masas obreras. Para entonces deberían estar en disposición de ofrecer alguna meta

sustantiva y con la suficiente fuerza ilusionadora. No se tratará entonces de incordiar como sea, táctica

política útil circunstancialmente, pero limitada, sino de haber aclarado muchas ideas que están hoy más

que confusas. Por ejemplo, me parece buen camino la penetración de estos comunistas en las asociaciones

urbanas de vecinos. Pero aclaremos que si se trata de impedir la marginación y especulación capitalista, y

no, de ninguna manera, de defender explotadores pequeñoburgueses como pueden ser los comerciantes.

¿Se han preguntado los comunistas alguna vez por qué en los barrios obreros los precios son siempre más

caros que en los barrios burgueses? ¿Se han preguntado cómo a igualdad de precios las calidades son peo-

res? Por favor, no le echen toda la culpa a la Banca.

Desorientaciones como la señalada pueden desvirtuar peligrosamente las posibilidades de futuro. En

cierto modo son depositarios de una pureza ideológica que no pueden malgastar por el simple placer de

buscar penetraciones y popularidades fáciles. Nunca es fácil mantener esa pureza cuando los «ortodoxos»

la han abandonado. Siempre se está entre dos fuegos. Naturalmente, hay que unirse y entenderse. Pero

también depurarse. Me da la impresión de que estos comunistas han dado demasiado alegremente entrada

en sus filas a gentes que poco tienen que ver con ellos y cuyas miras son muy otras. Tienen su campo

natural de reclutamiento entre las masas obreras y, sobre todo, entre los más jóvenes. Pero recelen de los

tenderos, los burócratas, los actores fracasados, las niñas de papá cachondas, los intelectuales sedicentes

—lleven o no barba— y los universitarios que no aprueban una asignatura ni con recomendación. No se

crean que es tan fácil deshacerse luego de esos lastres. En el caso, naturalmente, de que deseen seguir

llamándose comunistas.

Tengo que decirles que los jóvenes iluminados —sí, iluminados— que acompañaban a Lenin en su exilio

de Ginebra no eran ciertamente así. Hay que cambiar, amigos, y renunciar a lo fácil. Menos pintadas y

más leer. La historia no ha comenzado ahora. Hay que enterarse. Le deben eso a los trabajadores que sin

duda engrosarán sus filas. Y hay que dejar a un lado definitivamente los personalismos. Este país tiene ya

suficientes cabezas de ratón. Del fracaso sin paliativos de las elecciones pueden, sin embargo, extraerse

importantes enseñanzas.

Para ir por un camino bien distinto al ahora recorrido.

PUEBLO

24 de agosto de 1977

 

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