Dialogo frustrado con Pemán     
 
 ABC.    12/03/1960.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DIALOGO FRUSTRADO CON PEMAN

Entre los espejos y maderas de Lhardy un "pequeño mundo"—, tres profesores de Derecho—político y procesal—y dos vivaces periodistas se han puesto á examinar unos pocos de los muchísimos trabajos presentados para "dialogar con Fernán", y han premiado unas cuartillas, donde, si no se roza—o apenas—el tema de la controversia, se bosqueja, en cambio, una caricatura de José María Peinan tan poco piadosa y tan deformante que queda, en la traza, desconocido el modelo vivo. Y así acaba el concurso... Nosotros, que pusimos en este frustrado diálogo terca esperanza ilusionada, nos creemos en la obligación de hilvanar algunas apostillas al artículo premiado. Pues suponemos que nuestro colaborador, tratándose de un alegato tan personal y de un enjuiciamiento tan precipitado y sumario de toda su labor periodística, mantendrá su riorma constante de no contestar a opiniones críticas libremente emitidas sobre ella.

Comencemos por lamentar que se haya capoteado el problema nuclear del artículo dé Pemán, presunto objeto del concurso, y qué, en cambio, se enjuicie su total labor periodística: amena cuestión literaria que, ciertamente, no justificaba la convocatoria. También nos parece inicialmente grave que un escritor apenas conocido despache en unas líneas apresuradas cuarenta años de labor política y literaria esparcida en conferencias, libros, comedias y millares de artículos. Pemán es, sin duda, una de las más preeminentes figuras vivas de la historia de nuestra lengua. Por si fuera poco, la sentencia concluye con un perdón de la vida del escritor.

Se acusa a Pemán en el artículo premiado de blandear su pluma de periodista con el halago y la lisonja a un "pequeño mundo", perfecto y nostálgico, donde todo está en su sitio y adonde no llega el soplo arrebatado de la inquietud. Y esto se dicev precisamente el mismo día en que Pemán comentaba la muerte de Camus, que "cortó, cuando iba llegando, una de las curvas mentales más expresivas de esta hora". Y, frente a la inmensa transformación que en el mundo se avecina, añadía: "Se ven venir tales cosas que da ´lástima salirse de cinc antes de acabar la sesión." ¿No son éstas más bien las palabras de un espíritu inquieto que mira hacia adelante? Es el mismo estado de ánimo que él escritor expresaba en aquel artículo famoso "Al borde del sillón", donde decía: "Las cosas son así: y frente a ellas lo peor que puede hacerse es ignorarlas." Y en otro artículo que, reprodujo "Juventud" escribió: "Toda reacción marcha con asustadizo encogimiento ratonil de vehículo que s,e coló a contramano por la calle." Y al inaugurarse una suntuosa Universidad Laboral comentó: "El Escorial canta la seguridad de continuidad de una Monarquía misionera y teocrática. Estos.escoriales del trabajo cantarán el propósito y la ambición de futuro de una nueva Monarquía popular y social... Hay que construir los seminarios del ascenso del pueblo." Frases todas propias, por lo visto, de) escritor que quiere que en su pequeño intuido nada cambie ni se salga de su, sitio.

Pero no vamos a consumir más líneas volatilizando la caprichosa, borrosa y engañosa imagen que del escritor sé nos presenta, y que Fernán tiene refutada desde el primer´ cuento que publicó en su vida, y que reproduciremos próximamente: aquel famoso " Un milagro en Villachica", cuya protagonista fue la más despiadada caricatura del paternalismp burgués satisfecho. Creemos muy sinceramente que para poner en la picota un "pequeño mundo´ se ha elegido a uno de los escritores que menos lo representan, a un hombre abierto a los cuatro vientos de la inquietud intelectual, al margen de todos los sectarismos de la república literaria, incapaz de la hiél y del resentimiento, condescendiente, popular, generoso, y de una verdadera hipersensibilir dad para toda evolución, novedad y progreso. Oreado y curtido, "lui-méme", por los vientos de la inquietud.

Y ¿qué consecuencias generales se rastrean del áspero embate enderezado, contra José María. Pemán en el artículo de los laureles? Muy sencillo. Dado que Pemán "acaricia" un pequeño mundo para su Monarquía, la juventud se distancia de la Monarquía porque la ve implicada en el pequeño mundo de Pemán. Rechacemos, ante todo, esta, inadmisible transposición de lo literario a lo político. Son legión los escritores que han servido tesis revolucionarias y extremas, y de los que podríamos citar no pocas páginas, más o menos poéticas, de añoranza a la diligencia, a la capa española o a las viejas posadas. Pero es que, por mucho que se admire al señor Pemán, y nadie nos ganará en este campo, ¿desde cuándo puede identificarse a un puro escritor, por extraordinario que sea, con una causa nacional, con el destino de un pueblo ?

El único atisbo dé diálogo doctrinal que extraemos del artículo premiado es aquel´en donde se insinúa, que Pemán, para citar reyes populares, se ha tenido que limitar a los de Lope, que son los que van de Femando el Católico al penúltimo de los Aüstrias. No se ha entendido el argumento. Lo que Lope maneja es un concepto abstracto de la Monarquía como defensora del pueblo contra los magnates, concepto general, qué, Lope, escritor de comedias, encarna en los reyes de su tiempo, y no, naturalmente, en los que iban a venir. Por cierto que los reyes .de Lope, y perdónennos el premiado autor y sus benévolos jueces, no son casi nunca los Aüstrias, sino los anteriores a los Reyes Católicos: los Alfonso I, Fernando III, Pedro III, Enrique III, Juan II... Pero los nombres son lo de menos, porque Lope no hace historia, sino que exalta un concepto de la realeza.

En fin, el señor Pemán y sus artículos han servido ai periodista paca aludir a la Monarquía del VIII Principio Fundamental. Sólo podemos cazar al vuelo su afirmación de que a los jóvenes "la Monarquía, presentada en otro marco, como sistema de ideas y de valores, les resulta atractiva". Esto nos regocija. Y nos regocija porque precisamente ese marco del "peq lefio mundo" que el articulista presupon» y arbitra, nunca sera—estamos seguros—el marco de la Monarquía tradicional, social y popular aceptada. Lo que nosotros esperábamos es que se pusiesen manos a la obra, y no que se colocaran petardos en proyectos inexistentes de obra. Porque de lo que se trata es de hacer lo que durante centurias han hecho todos los grandes monárquicos que han sido: adaptar la política a las necesidades de un país y de un tiempo. No hay una Monarquía, sino múltiples Monarquías; es decir, adaptaciones de una forma ejemplar de gobierno a las circunstancias. Y para esta tarea sí que servirla el esclarecimiento ds unes escritores can otros y de la opinión consigo misma.

 

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