Autor: Hernández Lucas, Avelino. 
   Modelo de ayer, amenaza de hoy     
 
 Diario 16.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Miércoles 9-noviembre 77/DIARIO 16

LOS HEREDEROS

Modelo de ayer, amenaza de hoy

Avelino Hernández Lucas (Secretaría Política de la Organización Revolucionaria de Trabajadores)

La toma del poder en Rusia por los obreros y campesinos, bajo la dirección del Partido Comunista, en

1917, fue un acontecimiento que trasciende el ámbito del siglo y la sociedad actuales para insertarse como

un hecho crucial en la historia de la humanidad, que rompió el curso de la época capitalista de esta

historia e inauguraba el comienzo de la construcción del socialismo.

Partiendo de este significado, es una imposición histórica —y una necesidad política— la interpretación

de la Revolución de Octubre por las diversas corrientes ideológicas y políticas a nivel mundial y por las

diversas clases sociales dentro de cada país a lo largo del desarrollo de la lucha que ineludiblemente las

enfrenta.

Quienes defienden los intereses que demostró caducos aquella revolución buscan, si posible fuera, la

invalidación de la misma ahora, ya más que por la simple condena, atacando su significación

internacional, negando su actualidad o revisando los presupuestos y los componentes de principio que

sustentan su eficacia.

Quienes defendemos los intereses que protagonizaron aquel triunfo, reafirmamos en la práctica de cada

año y en cada país la validez hoy de aquella experiencia del proletariado ruso proyectándola en cada

situación concreta.

De la revolución al revisionismo

La nueva época —el imperialismo—, que en el proceso del desarrollo capitalista se configura a lo largo

de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, tiene en el marxismo el único método adecuado

de análisis y en Lenin su más certero analizador.

A la luz de este análisis, el imperialismo, que es la dominación monopolista del capital financiero,

aparece como la forma suprema de explotación internacional, principal fuente de agresión y foco de

guerra; capitalismo parasitario y podrido, agonizante, que en su última fase es la antesala ya de la

revolución proletaria.

Pertrechado con el bagaje teórico que le aporta el análisis leninista, el Partido Bolchevique orientó su

actuación política a hacer real el triunfo posible del proletariado en su país. Desde esa práctica política

elaborará Lenin la estrategia de la revolución. Y lo acertado de la misma se mostrará en el triunfo de

octubre, que permitió al proletariado ruso dirigir la construcción del socialismo en la U.R.S.S., que se

convirtió de este modo para la clase obrera y los pueblos del mundo en el modelo de sociedad hacia el

que aspiran.

El análisis del imperialismo y la elaboración de la estrategia de la revolución proletaria hubieron de

abrirse camino entre la maraña del revisionismo de la II Internacional. Y fueron las amplias masas del

pueblo ruso quienes supieron decantar para si y para los pueblos del mundo el grano de la correcta teoría

de la revolución proletaria de entre la paja de la revisión y del oportunismo.

Debe mantenerse hoy la caracterización leninista de la época actual —época del imperialismo y la

revolución proletaria—, que sigue siendo sustancialmente la misma, aunque en el transcurso de ya sesenta

años los pueblos hayan protagonizado hechos de indudable significación histórica.

Debe mantenerse la teoría de la revolución y la estrategia que trazó Lenin, que llevó al triunfo a la clase

obrera rusa y que, enriquecida por la experiencia del proletariado de muchos pueblos, ha seguido

probando su justeza científica en el crisol de nuevas prácticas de revoluciones victoriosas.

Deben mantenerse una y otra, porque el revisionismo, derrotado junto a la reacción en octubre, volvió a

adquirir consistencia en el propio Partido Bolchevique. Y de la mano de Kruschev, bajo la bandera de una

injusta crítica al camarada Slalin, abrió el camino a la restauración del capitalismo en la U.R.S.S. De este

modo, es hoy yugo de «presión socialimperalista la que fue realidad y símbolo de la liberación social:

centro del odio de cada vez mayor número de pueblos quien fue modelo al que aspiraron todos ellos; foco

y peligro principal de guerra quien fue eje de la pacificación mundial.

Del revisionismo al socialimperialismo

El pueblo español conoció durante nuestra Guerra Nacional Revolucionaria la solidaridad de la entonces

patria socialista. Hoy, en cambio, estamos abocados a sufrir la influencia creciente de la superpotencia

socialimperialista que es la U.R.S.S.

En el mundo, hoy, dos superpotencias —EE. UU. y la Unión Soviética— compiten por la hegemonía

mundial; el entendimiento entre ellas es sólo transitorio y circunstancial, mientras que el conflicto es

permanente. La U.R.S.S., primera potencia del mundo en lo militar, tiene en cambio una base económica

más débil. Por eso necesita desesperadamente ampliar su explotación sobre un número creciente de

pueblos, en lucha contra las posiciones que ya tienen tomadas los EE. UU. Aunque esta pugna se

manifiesta con especial virulencia en los países del Tercer Mundo, es Europa —corazón del capitalismo,

de avanzado desarrollo industrial y tecnológico— el centro principal de la disputa U.S.A.-U.R.S.S.

En esta disputa, España, que está en la órbita del imperialismo U.S.A., está concentrando ya la atención

especial del socialimperialismo de la U.R.S.S., tanto por la posición estratégica que ocupa como por la

propia situación política por la que atraviesa. Pruebas palpables de esta especial atención son patentes ya

ostentosamente en Canarias, y cada vez más en los últimos meses se están acentuando palpablemente en

todo el país.

Por eso, quienes recordamos la fraternal ayuda soviética a la República Española amenazada, debemos

hacer ver hoy el peligro real y concreto que representan para la independencia y soberanía de nuestro país

los intentos de penetración de la U.R.S.S., convertida en principal amenaza para la paz mundial.

 

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