Autor: Briones, Carlos. 
   Política para el campo     
 
 Pueblo.    19/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

POLÍTICA PARA EL CAMPO

SIGO pensando que nuestras estructuras agrarias están anticuadas, pese al irreversible proceso de

mecanización que ha sufrido el campo español en las dos últimas décadas. La política agraria ha ido de

descalabro en descalabro, mientras el país, pasito a pasito, calladamente, se colocaba en el panorama

mundial como la décima potencia industrial. No sé las razones de este abandono de los problemas

agrarios, cuando somos, y creo que lo seremos en el futuro, un país agrícola por encima de todas las

cosas, aunque haya que ajustar muchos mecanismos para que la producción esté en consonancia con los

tiempos nuevos, en calidad y cantidad precisas.

- Importamos productos alimenticios en magnitudes alarmantes, en cifra muy próxima a los 100.000

millones de pesetas, creo recordar. Pero lo realmente curioso es que los empresarios agrícolas, en una

importante reunión celebrada en Madrid, acaban de manifestar públicamente que casi el 50 por 100 de las

importaciones en este terreno podrían suprimirse por no ser necesarias en la hora actual. Yo también creo,

con los agricultores, que en las importaciones se ha actuado con excesiva ligereza en los últimos años,

con evidente deterioro de nuestra balanza comercial, que no pasa precisamente ahora por uno de sus más

brillantes momentos, con un déficit, de algo así como 600.000 millones de pesetas.

- Compramos en el exterior maíz, piensos, sementales de raza... y hasta, de forma, coyuntural, patatas,

huevos, leche, etc. Hay que pensar cuando menos que ha existido una falta, de coordinación real entre los

Ministerios de Comercio y Agricultura a la hora de hacer las importaciones, pues con una política

coherente de planificación agraria a corto y medio plazo mas de la mitad de las importaciones podrían

suprimirse sin que el mercado nacional quedase desabastecido de ningún producto básico: es decir,

importamos en la actualidad muchos productos del campo que nuestra agricultura puede producir a costos

aceptables y en abundancia, Y esto se debe corregir con urgencia, pues a la postre salimos todos

perjudicados: el consumidor, el agricultor, la balanza comercial y la economía nacional. Hay que exigir

las responsabilidades precisas para que este ya crónico estado de cosas en las importaciones de productos

agrícolas termine, y pronto, de forma radical, aunque se lesionen intereses vinculados a las importaciones

de referencia.

- Ofrece pocas dudas la necesidad que tenemos en la actualidad de reforzar nuestras exportaciones. Es un

imperioso objetivo económico que vendamos más en el exterior para equilibrar en lo posible el déficit

creciente de nuestra balanza comercial, si no queremos agravar la crisis en un plazo no excesivamente

largo. Por ello, todo lo que se haga para aumentar nuestras ventas y reducir nuestras compras en los

mercados exteriores adquiere un prioritario primer plano en los intereses nacionales de esta hora. Hay,

pues, que ir a un replanteamiento de fondo de nuestra política agraria, con realismo y con medidas

eficaces. Y, por supuesto, con la coordinación efectiva de todos los Departamentos ministeriales que

pudieran tener competencia en la materia. El aumento constante de nuestras importaciones en productos

alimenticios debe terminar ya mismo. Puede y debe hacerse en bien de todos. Y no olvidar que, como

quien dice, ya mismo estamos llamando a la puerta del Mercado Común, que, indudablemente, es nuestro

camino en el inmediato futuro.

Carlos BRIONES

 

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