Condiciones al Referéndum     
 
 Arriba.    07/11/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

* CONDICIONES AL REFERENDUM

LA llamada Plataforma de Organismos Democráticos se acaba de reunir en Las Palmas de Gran Canaria. Hizo público un comunicado (ARRIBA, 6 de noviembre) en el que se señalan siete condiciones para la participación activa de los grupos que la componen en el próximo referéndum. Proclama su deseo de dialogar con el Poder, pero la propia inmovilidad de estas siete condiciones, que ya ayer fueron comentadas en nuestras páginas, hacen difícil que alguien se pueda sentir dispuesto a sentarse en las mesas de negociación. ¿Por qué? Se ha dicho repetidas veces en estas columnas: el pacto, si es necesario, ha de conseguirse con una predisposición a pactar. Es decir: dispuestos a ceder. La Plataforma de Organismos Unitarios no ofrece ni de lejos esa posibilidad. Al contrario. El radicalismo de su postura niega el diálogo que pide. Estamos ante un clarísimo caso de voluntad de imposición, de autoritarismo desde la oposición, de negar bazas para que pueda ser discutible el entendimiento.

NO queremos entrar en el contenido concreto de sus peticiones. Casi todas ellas, de una forma u otra, están a diario en los medios de comunicación social. Algunas son razonables y, por tanto, negociables. Pero creemos que no se puede matar en flor una aspiración democrática por su punto de partida dia léctico. El radicalismo es mal enemigo de la democracia, y tenemos que desconfiar siempre de los afanes de imposición. Pero todavía hay un peor enemigo de la convivencia: el dogmatismo. España está necesitada, aquí y ahora, urgentemente, de que se desprenda a su política de las verdades absolutas, por la simple razón de que no existen. Necesita un clima de sinceridades públicas, pero de humildades colectivas para que no se repita aquella dramática frase de Sagasta: «No sé cuál es nuestro camino, pero adondequiera que vayamos, lo perderemos.» No

se perderán si nuestra clase política es capaz de comprender que su gran servició histórico es hacer posible la libertad sin dramatismos.

ANTE el tema concreto del referen-dum, es preciso situarlo en el sitio que le corresponde. Son preci sas, por supuesto, las máximas liberto. des para su celebración. Lo decimos muy seguros en este periódico, que hace só-lo dos días publicaba dos páginas en los que se reflejábanlos requisitos demacró ticos para que tenga validez de futuro Pero el referéndum no es para realizar una política de partido, sino paro saber las auténticas aspiraciones de nuestro pueblo ante el gran cambio que se le pro-pone y que, aparentemente, desea, ¿Con qué criterios, con qué ¡deas, con qué fi-nes se puede «parcializar» esta consulta? No vemos, a simple vista, otros que no sean desconocer !cs auténticos de seos de la base popular.

HAY cosas que están ya en la made-¡a de la reforma. La supresión del Tribunal de Orden Público, quepi de la POD, es una de las más claras. Se rá la consecuencia de la unidad de jurisdicciones en la que se trabaja. Preten der convencernos de que del TOP, por ejemplo, depende la pureza del referéndum nos parece una falacia. Las reformas auténticamente democráticas estáí en camino, con toda la urgencia posible, pero con todo el detenimiento que exige la seriedad de una gran operación política que no pretende concesiones a logo lería, sino rigor y eficacia. Pongamos ca da cosa en su sitio, dispongámonos con humildad al diálogo y a la negociación, y así será posible el entendimiento. Todo lo demás es estirar una cuerda que puede resultar frágil y abortar en su origen la más clara oportunidad que tuvo España para con solidar su democracia.

 

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