Los peronistas exigen sus derechos     
 
 ABC.    22/04/1962.  Página: 102. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LOS PERONISTAS EXIGEN SUS DERECHOS

El buen drama según definición de Pérez de Ayala—se diferencia del melodrama en que no presenta buenos y malos, sino que todos los personajes tienen razón, desde su punto de vista. En este sentido hay que enjuiciar los dolorosos acontecimientos en la Argentina. Los peronistas están en lo cierto cuando afirman que ganaron las elecciones hace un mes a cuerpo limpio, sin trampa, encontrándose en la oposición. Por consiguiente, exigen "que se cumpla la voluntad nacional", frase tantas veces repetida en la España del siglo pasadó. Pero también tienen razón, los elementos que se oponen a una nueva era justicialista, eufemismo para "peronistas". Parte de las fuerzas armadas, acompañadas por grupos políticos, estiman que una política moderada y el saneamiento de la economía son más importantes que el reconocimiento del resultado de unas elecciones que no debian haberse celebrado. Invocan, además, el derecho del Poder central a intervenir en aquellas provincias cuya política represente una amenaza para el bien del país. La intervención federal no supone ninguna novedad en Argentina, ni tampoco en los Estados Unidos.

Los justicialistas no han de aceptar el razonamiento de que la consulta popular era innecesaria o precipitada. Alla los responsables, si los hay. Arturo Frondizi fue elegido sin presión por parte del Gobierno; por el contrario, el candidato del binomio Aramburu-Rojas fue Ricardo Balbín. Tampoco ha habido presión por parte de Frondizi a favor de los peronistas en las elecciones del 18 de marzo el peronista Andrés Framini fue elegido gobernador de la provincia más importante, la de Buenos Aires (que no engloba la capital federal), sin que nada actuase a su favor, sino su propia popularidad y el recuerdo, o la añoranza, de los casi diez años de régimen peronista. Tal añoranza puede causar extrañeza; sin embargo, es un hecho contra el cual chocarán necesariamente todos los esfuerzos en sentido contrario.

Es natural que los diputados y gobernadores peronistas insistan en ocupar los puestos para los cuales han sido elegidos. Poco les importa que sin la división del partido radical no habrían conseguido mayoría.

Tampoco les importa la repulsa que sienten hacia ellos los militares, no ahora, de repente, sino desde hace años. Entienden que la Constitución ampara sus derechos, y el resto no es de su incumbencia. Que los adversarios del peronismo se arreglen como puedan, y si no pueden, peor para ellos. De todas maneras, será difícil impedir que se cumpla la voluntad del cuerpo electoral, siempre que se quiera evitar la disolución del Parlamento y aplazar indefinidamente la convocatoria de nuevas elecciones. Parece que el ministro del Interior, pese a su carácter antiperonista, ha preferido dimitir antes de ejecutar una medida tan radical.

La posición del presidente Guido, uno de los prohombres del partido de Frondizi, es sumamente delicada, lo mismo en el terreno político que en el personal. Si no lograse seguir en el Poder, ¿quién le sustituiría? Desde hace tres años el país carece de vicepresidente, lo que hace sonar con harta frecuencia en los comentarios argentinos la palabra "acefalia". El cambio del dólar ha pasado el límite de cien pesos. Los políticos de prestigio se reservan para mejor ocasión ¿Y los militares? En definitiva, todo depende de su resolución. ¿Estarían dispuestos a quebrantar con la máxima energía una huelga revolucionaria de los sindicatos, todavía dominados en gran parte por peronistas? En la respuesta que den a la pregunta radica el futuro de la política argentina.

 

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