El gran deber de hoy     
 
 Arriba.    24/11/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL GRAN DEBER DE HOY

HOY publicamos todos los periódicos los textos de los. reales decretos de convocatoria y procedimiento del referéndum nacional que, tal como ayer adelantábamos, se celebrará el día 15 de diciembre. No vamos a resaltar en este comentario las grandes novedades que presenta esta consulta, pues ya lo hacíamos en el editorial de ayer. Pero sí es preciso señalar que ofrece suficientes garantías como para que podamos decir que, tal como está regulado, es democrá tico y permitirá una inequívoca expresión de la voluntad popular, de tal forma que los resultados de la consulta —cualesquiera que sean— no ofrecerán ninguna posibilidad de discusión.

¿Qué es un referéndum? Es un procedimiento de democracia directa que per-mite oír la voz popular sin otros intermediarios que los cauces de expresión. ¿Qué debe ser, en la actual hora de España, el próximo referéndum? No puede ser otra que un instrumento que permita clarificar la situación política, conocer la auténtica voluntad del pueblo español y abrir, desde ese marco, el camino hacia la democracia por el único método posible: que se constituyan mayorías que asuman en su tiempo la dirección de los asuntos públicos con mayor representati-vidad y con la autoridad emanada de la confianza que dan las urnas.

Con esa meta está ya el balón en el terreno de juego. Ahora son posibles cua tro posturas públicas: el voto afirmativo, el negativo, el voto en blanco y la abstención. No vamos a entrar hoy en la licitud o ilicitud de cada una de estas posiciones. Consumiríamos excesivo espacio en un tema que depende de factores externos al propio referéndum. Pero sí es pre ciso referirse a un valor de fácil olvido, pero de necesario presencia en esta hora de la nación: el patriotismo.

Y el patriotismo de este momento consiste solamente en hacer y dejar hacer que la sociedad se exprese.

No se riñe una batalla electoral para cubrir unos escaños parlamentarios, sirc que se pretende aclarar si casi veintitrés millones de españoles están o no están de acuerdo en la vía que se les propone hacia la democracia; si aprueban o no aprueban la ley que hará posible esa democracia. Es lícito acudir ahora a ese patriotismo, porque, en los últi mos días también lo hemos heoho con las Cortes Españolas, y sus miembros —ahí están los resultados— hicieron posible que desaparecieran del mapa del país e! fantasma de la inseguridad y el dramatismo. En los momentos importantes de las comunidades el patriotismo no es exclusiva de un grupo —en este caso gran parte de la derecha tradicional—, sino algo que tienen que anteponer todas las fuerzas sociales.

Con todo lo anterior no estamos pidiendo el «sí» en la consulta, sino diciendo, sencillamente, que es deber de todos propiciar que el pueblo español se exprese.

Si aplaudimos en su momento al Rey de España porque esa era la voluntad con que la Corona se presentaba ante el país; si nos pareció el gran acierto de la transición la decisión del Presidente Suárez de darle la palabra al pueblo español, debemos esforzarnos ahora en conseguir que esos propósitos no se desvirtúen por supuestas «razones de conciencia» de algunos partidos o grupos de partidos que levantan la bandera de la abstención aprovechando, quizá, a la tradicional falta de entusiasmo popular por acudir a las urnas.

En este sentido, nos parece una justa comprensión de lo que es democracia I? orientación de la campaña de difusión Que los carteles y los anuncios no oidan descaradamente el «sí», sino cue ¡nciter el deber y el derecho social de votar, partiendo de la información suficiente e^ una muestra elocuente de voluntarles U gran muestra de que España juega un* baza democrática llena de sinceridades.

 

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