El campo, marginado     
 
 Diario 16.    01/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El campo, marginado

El país contempla con asombro el desfile de miles de tractores por las carreteras. Diríase a invasión de

una columna blindada, cuyas avanzadillas se han acercado hasta 200 kilómetros de Madrid. Es la

expresión de protesta de los campesinos españoles por unas condiciones de vida que se han ido quedando

atrás durante decenios y que los discriminan de forma cada vez más flagrante.

El crecimiento de la época de los llamados Planes de Desarrollo marginó no sólo a la agricultura, sino al

medio rural en general. No es ya sólo que la renta del agricultor sea claramente inferior a la del ciudadano

medio. Es que la educación, el sistema financiero, la sanidad, las posibilidades de cultura y ocio, los

servicios urbanos, etcétera, están sesgados contra la vida rural.

Esta herencia ha ido creando una conciencia de marginación en el campo, que ha estallado con un motivo

secundario: ciertos excedentes de patatas en determinadas zonas. De ahí se ha pasado a una reivindicación

más seria y a ese toque de atención para toda la sociedad en que ha consistido la salida de los tractores.

Ahora bien, aunque debemos acostumbrarnos todos a convivir con los conflictos, son ya necesarias

posturas de comprensión por todas partes: sociedad, agricultores. Administración, etcétera, para no llegar

a una conflictividad límite, de difícil salida.

Sería demagogia decir que todos los problemas planteados tienen solución rápida. Pero la sociedad debe

asimilar este aldabonazo de que algo muy serio falla en su modelo económico. Aún más, hay temas

concretos de solución más inmediata: la democratización y profesionalización de las llamadas Cámaras

Sindicales Agrarias; la libertad sindical; el análisis profundo de la Seguridad Social en el campo y su

situación relativa respecto a la ciudad son lemas que exigen respuestas a corto plazo y que los agricultores

han puesto sobre el tapete con toda razón.

En definitiva, no se puede solucionar mañana la herencia de cuarenta años, pero sí hay que hacer un

examen de conciencia de que la marginación de la vida rural tiene que superarse por una sociedad que

quisiera tener una auténtica cohesión interna.

 

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