Autor: Cunqueiro, Álvaro. 
   El emigrante y la urna     
 
 Arriba.    28/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Alvaro CUAÍQUEIRO

EL EMIGRANTE Y LA URNA

éste señor fuese yerno de (Montero Ríos. Uno de mi pueblo tuvo una fábrica de embutidos en Cuba, y en unas elecciones en la isla, allá por tos años veinte, cubrió las paredes de carteles, lo «fue era una novedad.

Me lo explicaba:

—£n ta parte superior. RUS carteles decían*. «Liberales, votad a Alfredo Zayas!*, y en te inferior, la propaganda de mis embutidos

¡De. Oriente e Occidente, chorizos Arias solamente!

Por otra parte, las necesidades de) elector ga llego han cambiado —ayudas del cacique en tiempo de quimas, en pleitos, en pequeñas oposiciones locales, credenciales de peón caminero, etcétera, ya no se solicitarían, en todo caso, del cabecilla político, sino del amigo próspero: se reconoce el poder dei dinero y de los negocios— y openas hay nombres conocidos para el gallego de Francfort o de Berna. Entonces, yo preveo un amplio cambio de correspondencia entre el emigrante y su familia. Correspondencia que no versará sobre los programas políticos de los distintos candidatos, sino sobre el cuerno de la abundancia que neva implícita toda propaganda electoral. Un candidato en un pueblo prometerá, por un ejemplo, una carretera que pase por delante de la casa, y otro, una que pase por detrás. ¡Menudo problema! ¿Por quién votar? ¿V qué dicen el médico y el cura? Aparte esto, uno que trabaja en Francia puede verse tentado de transportar imágenes, y votar en Brihuega o en Rivadavia ya a un Vatery CHscard d´Estaing, ya a un Miterrand, por .que aquella, la francesa, es la política que esté viviendo, a, por lo menos, oyendo. Otra cuestión es 4a opinión del emigrante en relación con su país y con aquel en el que ha ido a buscar trabajo: el suyo «no marcha»; mientras el foráneo, si. Y esta convicción no es fruto de ningún análisis ponderado, sino la justificación de por qué ha salido de Teruel para trabajar en Suiza, finalmente —comprobación hecha personalmente—, tos más de los ^emigrantes c¿ton mucho más al lauto de la liga futbolística que de ta política. Que algunos jugadores famosos saliesen en la «tale» atentara, francesa, holandesa, suiza, etcétera, pidiendo a los emigrados que voten por tal o cual partido, seria importante para éstos. V quiero terminar haciendo una afirmación sobre la que me gustaría explayarme algún día, y es la de que se equivocaría gravemente el partido que, dirigiéndose a Jos trabajadores españoles en «i extranjero, llevase en su programa la abolición de la emigración. Para ciertas poblaciones españolas te «migración es una de las libertades esenciales. Como gallego, sé lo triste, negativa, destructora, empatare-consiste en vender hombres a bajo precio en un consiste e «vender hombres a bajo precio en un mercado de hombres caros, fiero esto no tiene rada que ver con ti apetito individual de salir a otro campo.

Desde que he escuchado que el español de la emigración, trabajando en cualquiera de las Europa» posibles, desde una fábrica en Dortmund a un carguero noruego, pasando por todos los otros lugares que quieran, desde París a Ginebra y Atns-terdam, tiene derecho a votar en las etecctones que se celebren en el solar patrio —ignoro cuando escribo estas líneas si en los consulados españoles o por correo—, me preocupa «1 saber cómo se arreglarán mis coprovinciales gallegos para decidir. ¡Hace tantos años que no votan! Además, ,ya han desaparecido de la escena política gallega los grandes jefes de antaño, de quienes venta el consejo electoral; por ejemplo, en Lugo, don José Benito Pardo. No es que el gallego votase condicionado —aunque alguna presión se ejercía sobre él, especialmente por parte de los jefeeíllos locales—, sino que regia un régimen de fidelidades, que estaba por encima de los partidos y de las simpatía» políticas —que el emplear la palabra opiniones me parece excesivo—. Unos de Becerrea iban a ver a Pepe Benito y le explicaban que habían decidido fundar e) partido socialista, porque los contrarios se habían hecho de la CEDA, o radicales, o de izquierda republicana, o de la OftGA. Don José Benito les decía que muy bien, y que bien sabía que había que defenderse. Con tal venia, los supuestos socialistas se levantaban, y, el de más respeto, afirmaba:

—¡Y ya sabe que cuando vengan las elecciones, cuenta con nuestros votos! ¡Como siempre!

Las irónicas miradas se cruzaban, y toctos sonreían. En su día. votarían el candidato de don José Benito Pardo Montenegro, pero mientras tanto, el lucense quedaba libre para las discusiones en el Ayuntamiento, en tas tabernas, en las barberías sonoras de tos .sábados, en las ferias tras el pulpo.

El gallego de Europa, por otra parte, no va a dejar de utilizar en su reflexión —y lo mismo les acontecerá a los emigrantes aragoneses y castellanos?— los datos que 4e facilita su entorno, los programas, soluciones y actividades de tos países en que trábala; en conjunto, Información más bien escasa debido • su desconocimiento de la lengua del país en que trabaja, y a las diferencias en el «status» social y económico. El gallego de anteriores y ultramarinas emigraciones, lo que llegaba a entender muy bien era la política de Buenos Aires o de La Habana, y en toda Galicia se discutían tos candidatos y se estaba el tanto de si triunfaban frigoyen o Ah/ear en la Argentina, o Zayas o Alvear en la Habana. Muchos sabían «ñas de la política de allá que de la española, y se hacían partidarios acérrimos de un bando, y uno de Ancua o de Puebla de Trives no vela inconveniente alguno en ser de Izquierdas en La Habana, mientras en su villa se declaraba de Viturro o de tos Taboada. De Alfredo Zayas, por ejemplo, se *» ota más en Cauda que de Garda Meto, aunque

 

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