Los obispos de Granada y Sevilla ante la actual coyuntura política. 
 "No es lícito desentenderse de la actividad política"     
 
 Ya.    01/12/1976.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 32. 

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INFORMACIÓN RELIGIOSA

l-XII-76

LOS OBISPOS DE GRANADA Y SEVILLA ANTE LA ACTUAL COYUNTURA POLÍTICA (I)

"NO ES LICITO DESENTENDERSE DE LA ACTIVIDAD POLÍTICA"

"Tomar en serio la participación no equivale a la absolutización de lo político" • "Es

coherente y puede ser obligado simultanear la convivencia respetuosa con el rechazo de

programas que llevan consigo una violación de derechos humanos" • "Frecuentemente

se ahoga la libertad del hombre, invocando el bien común".

Los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada y Sevilla han hecho público un importante documento bajo el titulo "Él cristiano y lo política". Esta declaración colectiva del Episcopado español de Andalucía es fruto de un detenido estudio de los problemas sociales y políticos actuales y tiene carácter de nota pastoral ante la coyuntura de 1976. Publicamos hoy la primera parte.

I. Introducción

Ante la multiplicidad de opciones políticas que solicitan la adhesión de los ciudadanos, son muchos los fieles que noa piden una orientación moral. Creemos que es nuestro deber pastoral iluminar la conciencia de los católicos desde el Evangelio para que adopten una decisión libre y responsable.

No es, ni puede ser, nuestro propósito hacer un análisis critico, ni un juicio valorativo de los programas de los partidos y menos aún de las personas; ni tampoco indicar a quién se ha de votar ni en qué organizaciones concretas se puede o se debe militar. Esta decisión corresponde, en último término, a la conciencia de cada ciudadano, a sabiendas de que ningún programa realiza plena y satisfactoriamente los valores esenciales de la concepción cristiana de la vida, y que, desde la te, caben diferentes opciones po-

líticas "con tal de que no sean opuestas ni en programas ni en métodos a los contenidos evangélicos" (comunicado de la Plenaria del Episcopado Español, febrero de 1976).

Nuestro propósito, como corresponde al servicio apostólico de obispos y sacerdotes, es, por fuerza, muy limitado: recordar, primero, algunas actitudes que deben traspirar la conducta cristiana en este ámbito; analizar brevemente des-pué;i aquellos valores ineludibles que tiene que salvar cualquier programa político.

II. Actitudes fundamentales

a) Responsabilidad política

Ante todo hemos de recordar que no es lícito desentenderse de la actividad política (GS 43; PT 146; OA 48). Todo miembro del cuerpo social es corresponsablé del destino de la comunidad y ha de asumir BUS deberes para con los .demás ciudadanos sin permitir que el Estado los suplante o los grupos de presión los manipulen. Son muy graves, además. lo§ problemas actualmente en juego, y nadie puede Inhibirse ante la permanencia Intolerable de ]a injusticia, la opresión o la mar urinación; ni rehuir esfuerzos para la construcción del progreso y de la paz social.

b) Realismo y sentido crítico

Tomar en serio la participación, cítiso Militando en un partido o dándole el voto en los comicios, no equivale ni deibe conducir a la absolutización de lo político, ya sea reduciendo la salvación del hombre a su -liberación social o política, ya sea identificando una fórmula política concreta con la interpretación única de los valores evangélicos o del Reino de Dios.

Desde esta perspectiva, todas las agrupacions y sus programas tienen un carácter ´instrumental y variable. Las más de las veces resultan ambivalentes y son siempre, imperfectas» El cristiano, incluso después de optar por una de ellaSj ha de seguir manteniendo un sentido crítico frente a su propia opción y corregir, en cuanto pueda; sus aspectos negativos.. Debe asimismo perseverar en el esfuerzo, de suerte que aquellos valores que pudieron quedar relegados de momento o naje realizaron en medida suficiente, sigan siendo meta de su ulterior acción política.

c) Respeto o los discrepantes

El respeto1 al discrepante seria la tercera actitud, derivada, en parte, de la precedente. Cada persona ejercita libremente sus derechos cívicos cuando se incluía por un programa o partido y se esfuerza, con medios lícitos, por incorporar al mismo a otros ciudadanos. Pero ese derecho no excusa del respeto debido a las opciones políticas de otras personas o grupos, Incluso cuando se hispirán en concepciones del hombre o en supuestos éticos distintos de los nuestros.

En estos casos es coherente y puede ser obligado simultanear la convivencia respetuosa y leal con el rechazo de aquellos prograbas y actuaciones que llevan consigo una violación de derechos humanos, tal como los entiende el Evangelio. En nuestro país siempre será poco cuanto insistamos en la acepta don mutua y en la tolerancia respetuosa, anteponiendo lo que une a lo que divide. "Quizá la originalidad más interesante de la etapa que comienza habría de cifrarse, tanto, como en los proyecto» políticos y sociales, en un nuevo talante de convivencia y generosidad, asumido por todos los españoles" (CEASO, "La participación política y social", 1916).

III. Valores que hay que salvar

Los analizamos brevemente desde una doble perspectiva: la de los partidos que formulan su programa o tratan de aplicarlo desde el poder y la de loa ciudadanos que analizan las opciones concurrentes, para inclinarse por una de ellas. En ambos casos hay que tener presente que la justificación moral de un proyecto de sociedad o. de un programa de gobierno se mide por los valores humanos que tutela o desarrolla o amenaza.

Creemos que en ninguna fórmula política aceptable para un cristiano pueden faltar los siguientes valores:

a) El valor libertad

En primer lugar, el valor libertad.

Todos los partidos políticos se presentan como defensores de la libertad. Pero el cristiano ha de preguntarse cuál es el fundamento y el ámbito de la libertad que invocan y qué garantías concretas ofrecen para conseguirla. La libertad tiene como fundamento la dignidad de la persona humana. El Señor nos na revelado que todo hombre ha sido oreado por Dios a imagen suya y llamado a la vida para ser hijo de Dios y hermano y coheredero de Cristo. Por otra parte, el recto orden social está al servicio del hombre. "El hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones socíales" (MM 219). Aplastar su libre iniciativa o sacrificar las persona a la máxima producción o consumo de bienes materiales o a la implantación de una ideología es subvertir violentamente el orden de las cosas, cayendo en Inadmisibles totalitarismos. Frecuentemente se ahoga la libertad del hombre, invocando el bien común, con el propósito de mantener un "statu quo" en beneficio de unos pocos o para sustituirlo por un nuevo sistema dominado por un grupo que detente todos los poderes. Cuando realmente el bien común consiste > en el "conjunto de condiciones objetivas que faciliten a todos los miembros de la comunidad humana desarrollar libremente todas stís posibilidades personales" (MM $>).

El reconocimiento del valor d« la libertad es inseparable del respeto efectivo de los derechos fundamentales de la persona. El cristiano, por consiguiente, en su opción política ha de buscar el máximo r e conocimientó efectivo, no puramente verbal, de estos derechos.

Efectivo quiere decir que la sociedad ha de organizarse de forma que se ofrezcan a todos sus miembros los recursos o los cauces necesarios para que sus derechos y libertades puedan realizarse y no se limite su reconocimiento a bellas palabras o a textos meramente jurídicos.

Efectivo quiére decir tambiéin que los derechos y libertades sean protegidos por eficientes garantías juridicas (Pío XII, radiomensaje de Navidad 1942),

Los derechos naturales del hombre, que garantizan su libertad, han sido enunciados en la Declaración Universal de las Naciones Uñidas y en la Encíclica "Pacem tn terris" de Juan XXIII. El cristiano, pues, no puede en conciencia contribuir´ al estableciria i e n t o de ningún tipo de totalitarismo, d« cualquier signo que sea.

(Mañana, segunda parte del documento.)

 

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