Valores fundamentales que el cristiano debe salvar en su opción política     
 
 ABC.    01/12/1976.  Página: 26. Páginas: 2. Párrafos: 49. 

VALORES FUNDAMENTALES QUE EL CRISTIANO DEBE SALVAR EN SU OPCIÓN POLÍTICA

Nota pastoral de los obispos de Andalucía para iluminar moraImente las conciencias de sus fieles

Los obispos de ios provincias eclesiásticas de Granada y Sevilla, que incluyen todas las provincias andaluzas, más las dos diócesis de Canarias, han publicado un amplio e importante documento de orientación cristiana en esta hora. Su texto mira mucho más a las futuras elecciones, que al inmediato referéndum. Y se redace a una general orientación mora] que subraya los valores fundamentales que todo cristiano debe guardar en su opción política.

El tono del documento —por su positividad, por su ausencia de exclusiones condenatorias— merece destacarse. Dado su interés publicamos la mayor parte del mismo en su versión literal, aligerado únicamente de algunos párrafos de menor interés.

El texto del documento es el siguiente:

La libertad tiene como fundamento la dignidad de la persona humana

El cristiano no puede en conciencia contribuir al establecimiento de ningún tipo de totalitarismo

La jusficía y la libertad reclaman que sea equitativa la distribución del Poder

Vulneraría gravemente la justicia un sistema que desconociera los derechos de la familia

Ante la multiplicidad de opciones políticas que solicitan la adhesión de los ciudadanos son muchos los fieles que nos piden una orientación moral. Creemos que es nuestro deber pastoral Iluminar la conciencia de los católicos desde el Evangelio yará que adopten una decisión libre y responsable.

No es, ni puede ser. nuestro propósito hacer un análisis crítico, ni un juicio valoratlvo de los programas de los partidos y menos aún de las personas; ni tampoco Indicar a quién se ha de votar, ni en qué organizaciones concretas se puede o se debe militar, Esta decisión corresoonde. en último término, a la conciencia de cada ciudadano, a sabiendas de que ningún programa realiza plena y satisfactoriamente los valores esenciales de la concención cristiana de la vida, y que. desde la fe, caben diferentes opciones políticas «con tal de que no sean opuestas ni en programas ni en métodos a los contenidos evangélicos».

(Comunicado de la Plenaria de Episcopado español; febrero de 1976.)

Nuestro propósito, como corresponde al servicio apostólico de obispos y sacerdotes, es, por .fuerza, muy limitado: recordar, primero, algunas actitudes que deben Inspirar la conducta cristiana en este ámbito; analizar brevemente, después, acmellos valores Ineludibles que tiene que salvar cualquier programa político.

ACTITUDES FUNDAMENTALES

A) RESPONSABILIDAD POLÍTICA.— Ante todo hemos de recordar que no es lícito desentenderse de la actividad política (GS 43, PT 146, OA 48). Todo miembro del cuerpo social es corresponsable del destino de la comunidad y ha de asumir sus deberes para con los demás ciudadanos, sin permitir que el Estado los suplante o los grupos de presión los manipulen. Son muy graves, además, los problemas actualmente en juego y nadie puede inhibirse ante Ja permanencia Intolerable de la Injusticia, la opresión o la marginación. ni rehuir esfuerzos para la «construcción del progreso .y de la paz social

B) REALISMO Y SENTIDO CRITICO. Tomar en serio la participación, incluso militando en un partido o dándole el voto en los comicios, no equivale ni debe conducir s la absolutizaclón de lo político, ya sea reduciendo, la salvación del hombre a su liberación social o política, ya sea identificando una fórmula política concreta con la interpretación única de los valores evangélicos o del Reino de Dios.

Desde esta perspectiva todas las agrupaciones y sus programas tienen un carácter instrumental y variable. Las más de las veces resultan ambivalentes y son siempre Imperfectas. El cristiano, Incluso después de optar por una de ellas, ha de seguir manteniendo un sentido crítico frente a su propia opción y corregir, en cuanto pueda, sus aspectos negativos. Debe,, asimismo, perseverar en el esfuerzo, de suerte que aquellos valores que pudieron quedar relegados de momento, o no se realizaron en medida suficiente, sigan siendo meta de su ulterior acción política.

C) RESPETO A LOS DISCREPANTES. El respeto al discrepante sería la tercera actitud, derivada en parte de la precedente. Cada persona ejercita libremente sus derechos cívicos cuando se inclina por un programa o partido v se esfuerza, con medios lícitos, por incorporar al .mismo a otros ciudadanos. Pero ese derecho no excusa del respeto debido a las opciones políticas de otras personas o grupos, Incluso cuando se Inspiran en concepciones del hombre o en supuestos éticos distintos de los nuestros. En estos casos es coherente y puede ser obligado simultanear la convivencia respetuosa y leal con el rechazo de aquellos programas y actuaciones que llevan consigo una violación de derechos humanos, tal como los entiende el Evangelio.

VALORES QUE HAY QUE SALVAR

Creemos que en ninguna fórmula política aceptable para un cristiano pueden faltar mer lugar, el valor libertad.

A) EL VALOR LIBERTAD. — En prilugar, el valor libertad.

Todos los partidos políticos se presentan como defensores de la libertad. Pero el cristiano ha de preguntarse cuál es el fundamento y el ámbito de la libertad que Invocan y qué garantías concretas ofrecen para conseguirla.

La libertad tiene como fundamento la dignidad de la persona humana. Por otra parte el recto orden social está al servicio del hombre. Aplastar su Ubre Iniciativa o sacrificar la persona a la máxima producción o consumo de bienes materiales o a la implantación de una Ideología es subvertir violentamente el orden de las cosas, cayendo en inadmisible totalitarismo.

Frecuentemente se ahoga la libertad del hombre invocando e¡ bien común, con el propósito de mantener un «statu quo» en beneficio de unos pocos o para sustituirlo por un nuevo sistema dominado por un grupo que detente todos los poderes. Cuando realmente el bien común consiste en el «conjunto de condiciones objetivas que faculten a todos los miembros de la comunidad humana desarrollar libremepte todas sus posibilidades personales» (MM 6a).

El reconocimiento del valor de la libertad es inseparable del respeto efectivo de tos derechos fundamentales de la persona. El cristiano, por consiguiente, en su opción política ha de buscar el máximo reconocimiento efectivo, no puramente verbai. de estos derechos

B) EL VALOR JUSTICIA.—Con el mismo afán por alcanzar la libertad se ha de trabajar por la realización de la justicia. Porque sin la Justina faltarían las condiciones objetivas y las garantías jurídicas que hacen posible la verdadera libertad.

Con la justicia ocurre lo mismo que con la libertad. Todos los grupos políticos la proponen como una de las metas que pretenden conseguir.

Pero el cristiano ha de tener el sentido critico y necesario para discernir si realmente el programa, los medios y el grupo humano de un determinado partido se pronen de verdad conseguir una sociedad más iusta.

Fundamento de la justicia es la esencial igualdad de todo ser humano, que no es compatible con discriminación alguna, en relación con los derechos fundamentales de la persona, por motivos de raza, de religión, sexo o condición social.

Sin embargo, vivímos una sociedad con graves injusticias, que generan tensiones peligrosas y recortan la libertad de muchedumbres que no pueden hacer valer sus derechos. Esta situación es particularmente dolorosa y frecuente en nuestras diócesis.

La opción cristiana por la justicia entraña la liberación de los oprimidos y exige que desaparezcan las desigualdades injustas y que quienes las padecen tengan cauces para organizarse y ser protagonistas de su propia liberación.

La justicia no es un regalo que haya que esperar de la concesión generosa y paternalista de otros. Es un derecho que Dios otorga a todo hombre y es uno de los frutos de 3a redención de Cristo (Is 42, 1-4).

En consecuencia, el ciudadano ha de examinar si los programas políticos que tratan de ganar su asentimiento o piden su colaboración propugnan la superación de estructuras y situaciones objetivamente injustas, como te concentración en muy pocas manos de las riquezas y de los medios de producción, el monopolio del Poder por las oligarquías, la falta de equidad en el reparto de las cargas fiscales y la imposibilidad para el pueblo de acceder a los más altos niveles de la cultura.

Asimismo ha de comprobar si los partidos concretos ofrecen garantías para impedir o sancionar la apropiación por parte dsl caplta? de ganancias aue no corresponden a la creatividad y a los riesgos asumidos, las retribuciones desmesuradas de ciertos profesionales, el fraude fisnal aue multiplica el peso de las cargas comunes sobre los hombros de los más débiles y la gravísima insolidaridad y delito de lesa patria de la evasión de capitales.

Queremos destacar que la justicia y la libertad reclaman que sea equitativa la distribución del Poder.

Todos los miembros de una comunidad política tienen derecho a participar directamente, o por medio de representantes libremente elegidos, en la elaboración de las decisiones que configuran la vida pública, en el señalamiento de prioridades en el desarrollo económico-soclal y en la fijación de objetivos y medios a la actividad política.

NO ES JUSTA UNA SOCIEDAD QUE NO RESPETA LOS VALORES

RELIGIOSOS

Es de destacar que vulneraría gravemente la justicia un sistema que desconociera los derechos de la familia, «la cual se funda en el matrimonio libremente contraído, uno e indisoluble, a la que hay que considerar como la semilla primera y natural de la sociedad, de lo cual nace el deber de atenderla tanto en el aspecto económico y social, como en la esfera cultural y ética, para que pueda cumplir su misión (PT 16).

Por supuesto, jamás se podrá considerar justa una sociedad en la que se cohiba el derecho natural «de poder venerar a Dios según la recta norma de su conciencia y profesar la religión en privado y en público* (PT 14).

O) EL VALOR MORALIDAD.—De POCO servirá la proclamación en programas políticos y en textos legislativos de la justicia y la libertad como columnas de la convivencia ciudadana, si luego la corrupción, en formas manifiestas o encubiertas, provocadas o permitidas, corroe las relaciones sociales. Entendemos aquí moralidad en todas sus acepciones, pero muy principalmente en la subordinación de los Intereses privados al bien común y no al revés, en la coherencia entre promesas y realizaciones, en la claridad transparente sobre la recaudación y el empleo de los fondos públicos...

Nadie está exento de las tentaciones de la corrupción y. por tanto, los Intereses comunitarios deben estar defendidos por un eficaz sistema de controles: Tribunales, Parlamento, opinión pública. Deben desaparecer todos los hábitos de encubrimiento que obstruyan el derecho a la información, que ha de ser reconocido hoy a los ciudadanos en las materias que les afectan y comprometen.

Se debe exigir energía v equidad a las autoridades qué tienen la obligación de Impedir abusos de poder o manipulaciones económicas, ante todo con un ejemplo de transparencia administrativa en los fondos o puestos que manejan. Nada contribuye tanto a la confianza del pueblo en sus gobernantes como la valentía de éstos para corregir abusos y limpiar de corrupción todos los entresijos del edificio social.

Una moral de Gobierno y de gestión económica exige el complemento de una sanidad de costumbres en el seno de la comunidad civil. Si el alcohol, la droga, la pornografía se adueñan del ambiente colectivo y corrompen la vida familiar o la educación juvenil pocas esperanzas de hu-

manización elevada puede tener el país donde esto ocurra.

RECOMENDACIÓN FINAL

Enseña el Concillo Vaticano II que «los seglares han de coordinar sus esfuerzos para sanear las estructuras y los ambientes del mundo, cuando inciten al pecado, de manera que todas estas cosas sean conformes a las normas de la justicia y más bien favorezcan que obstaculicen la práctica de las virtudes» (GS 39).

Esta tarea es permanente y al realizarla habrá que:

— Mantener viva la conciencia de la propia responsabilidad política.

— Evitar actitudes utópicas que fácilmente sucumben ante las dificultades.

— Actuar con realismo para conseguir en cada, m.omento lo que es posible.

„ — Tener conciencia de que nadie posee toda ´a verdad y de que las opciones ajenas contienen elementos positivos.

— Estar siempre dispuestos, por tanto, al diálogo y al mutuo respecto y a la comprensión.

— Rechazar la violencia como Incompatible con el sentido de humanidad y con el espíritu del Evangelio.

— Y mantener siempre una firme esperanza.

El cristiano, aunque de momento conozca el amargor del fracaso, imputable a sus propias limitaciones o a las tremendas resistencias que se oponen a la realización de la justicia, sabe por la fe que «los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad, todos frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el Reino eterno y universal» (OS 39).

 

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