Autor: Fontana, José María . 
   La mano de Caín     
 
 Pueblo.    15/06/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

LA MANO DE CAÍN

NO caigamos en el simplismo: Caín tuvo rasiones, muy sólidas razones, para matar a Abel. Sus razones eran suyas, solo suyas, imperativamente propias, aunque no fueran válidas y aceptables para Abel ni para la sociedad de nuestros primeros padres. Todos los que delinquen, y aun los locos, poseen una rica gama de razones y de ideales impulsivos que los justifican ante sí mismos, y no es cierto, en general, que obren inmediatamente por oscuros impulsos irracionales de pura maldad. La deformación o la anormalidad instintiva que guia la quijada de Caín, existe, sin embargo, en el fondo, pero es lo que conforma y nutre sus razones e ideales de consecuencias criminosas. Son las tales razones las que disparan la acción. Por ello es una dialéctica de razones ideales el instrumento utilizado sobre los estratos caulistas o psiquiátricos de una sociedad, para destruirla mediante el crimen fratricida.

Reiterado crimen español —siento decirlo—y atito de fácil provocación, tanto por la existencia de una veta panorámica de nuestro ser, como por la ingenuidad en la aceptación de aquellas razones, tan atractivas y vehementes en su apariencia.

Produce vivo dolor evocar, por ejemplo, cómo fue arruinado y destruido el intento industrializador de López Ballesteros, en los albores del XIX, incluso con el incendio de fábricas, que retrasó y desfasó, irremediablemente, cincuenta aftos el progreso del pais, cuando todavía cabía marchar a la cabecera, de Europa. E igual ocurrió en el siglo XVIII.

La tea y la quijada siempre hallaron manos españolas prestas a enarbolarlas en su tarea fratricida. Pero no ]o hacían por maldad, no. Lo llevaban a cabo iluminados y embellecidos por los más altos, justos y radiantes ideales, de esos que requieren las mayúsculas mayores. Y, si tienes dudas..leed los documentos de la época, esmaltados de fraternidades, solidaridades, justicias y libertades, redactados por los victimarios. Tenían "sus" razones. Como Caín.

Claro que. buscando un poco, siempre se hallaba un beneficiario traspirenaico del crimen de Caín, y hasta el conducto o hilo sutil que ¡es unía a turbios, o tontos, propagadores de las bellas razones aparenciales.

i Triste suerte la de los ingenuos países, donde se escuchan las voces ajenas interesadas, que suenan justo cuando las cosas van demasiado bien, pero cuyos alientos e incitaciones no se oyeron durante ios sislos de miseria y decadencia! ¿Por qué no se dio la solidaridad e interés exteriores en 1939 y en los años que, ciertamente, sufríamos privaciones...?

Es incluso curioso como estamentos que crearon y tuvieron millones de esclavos de la gleba durante siglos y esquilmaron al país, descubren, de pronto, con perfecta y sospechosa orquestación, que sus ex siervos viven en condiciones intolerables... ¡precisamente cuando la mejoría es impresionante, y las perspectivas inmeiorables! Parece lícito preguntarles ¿por qué no hablaron y actuaron antes? O mejor aún ¿por qué crearon los siervos durante, los siglos de su dominación omnímoda? Uno vive totalmente al margen de la política hasta donde le es posible, en muy buena parte cor la aislada singuláridad de puntos de vista, y en otra ñor incapacidad temperamental para lo gregario, pero tal actitud no es obstáculo para renunciar al mínimo instinto del Bien Común y de la conveniencia del grupo nacional al que uno pertenece. Por ello, no se puede permanecer insensible al triste dolor de España. A éste dolor oue produce la proliferación de cáínes, que sirven bellos, teóricos y razonados ideales... pero con sucios hechos y peores contubernios. Dolor por la ingenuidad de ellos, y anticipado dolor por este gran Abel que es el. pueblo español, que recibe siempre el justo y certero golpe de quiiada en el Ínstente preciso que conviene a los ajenos y enemigos de todos nosotros caínes y abeles. Y no son los pobres auténticos, con hambre milenaria de justicia: no son los pueblos y provincias con niveles de vida extraeuropeos los que se impacientan. ¡Probrecillos. si nacieran para Abeles...! La recluta de Caines florece en las zonas más ricas, allí donde el progreso y elevación de vida fue más impresionante, entre los bien cebados "hijos de papá", tras las turbias filas de los pseudo intelectuales mimados, de entre los grupos custodios de las grandes riquezas en metales y piedras preciosas...

Durante este verano, España corre el "riesgo" de recibir de una sola vez el importe de cinco cosechas de naranjas. ¿Como tolerar que este año turístico el pueblo español se beneficie con quinientos millones de dólares y se consolide y acelere la mejoría de) nivel de vida? Hay que hacer el esfuerzo preciso para impedir los beneficios de este plan Marshall que no nos regala nadie. Otros años, por iguales fechas, se intentó con la expedición del Campesino o las bombas en las consignas ferroviarias, y otros con unos cuantos crímenes sueltos contra turistas extranjeros. No bastó. Hay que jugar más fuerte y a fondo, porque además el riesgo es infinitamente mayor. ¿Qué hacer entonces? ¡Ah! Ahí están unos Caines, prestos a enarbolar la quijada traidora, y aun—menos respetables — una buena carnada, de seráficos "tontos útiles", con más miedo que lógica y memoria, lanzados al frenesí demagógico.

¡Qué pena y qué cólera producen las inhiestas quijadas cainistas!

Somos bastantes los que solemos estar casi siempre en desacuerdo con, los gobernantes, un poco por temperamento anarguista y otro poco porque entendemos que la critica es indispensable y útil; pero no creemos que tal actitud deba o pueda llevar, tras los raptos de ensueño y el miraje de ciertas bellas razones teóricas, a reiterar el crimen de Caín, triste delito español, hijo natural de los dos grandes riesgos del país: la soberbia y la envidia, tan eficazmente utilizados contrá nuestra propia conveniencia y en provecho ajeno

Ningún observador objetivo podrá pensar que los huelguistas, sus incitadores y sus solidarios, poseían un repertorio de medidas de política económico - social capaces de aumentar una sola peseta el salario real, como tampoco nadie podrá negar los espectaculares avances conseguidos en la elevación del nivel de Tida y el progreso económico del pais.

La ilusión de ciertos sectores españoles por los sistemas de multiplicidad de partidos y plurisindicalismo olvida que tales estructuras solo son un lujo, cada vez más escaso, que corona y se da, sin peligro y con viabilidad, en aquellos países que—aparte otras cosas—gozan de un elevado nivel de vida, como condición básica y previa. Pero en ningún caso el partidismo en que desembocan ciertas fórmulas liberales es método o procedimiento apto para alcanzarlo. Y sirvan de ejemplo todos los países marxistas y los subdesarrollados que buscan la mejora del nivel de vida por rutas antiliberales y anti o pseudodemócráticas. Nosotros nos hallamos en un punto equidistante o medio, tanto en el desarrollo como en las estructuras y sistemas políticos, con paralelismo lógico, y realista.. Entonces, ¿para qué las quijadas caulistas? ¿De qué nos serviría el efímero sistema formal de partidos y sindicatos, y» ensayado con tristes recuerdos para todos, si no le daba contenido y viabilidad el nivel de vida económico?

Prescindiendo de las palabras enmascarantes y confusionarias, lo cierto es que la acción de los cáínes produciría unos hechos que no aportan un, adarme para el progreso económico y aun lo dificultan p enervan. Con lo cual, indiscutiblemente, se daña tanto el nivel de vida que se dice querer mejorar como las posibilidades de gozar unos sistemas políticos más acordes con los de los países ricos del Occidente.

Sencillamente, ocurriría, que una mézcla espantosa de ingenuidades inteligencía y cainismo, estaría al servicio sectario de quienes sólo pretenden que España no prowresé, que no consolide sus avances y que no alcance un nivel europeo.

José María FONTANA

 

< Volver