Democracia efectiva     
 
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DEMOCRACIA EFECTIVA

CON gran perspicacia política se ha recordada, al comentar al actual viaje del Jefe del Estado a Valencia, aquella ímpresionante manifestación —auténtica votacion pública— que se organiíé espontaneamente en diciembre de 1946 como reacción contra ciertos acuerdos internacionales que suponían una íntromision intolerable en los asuntos internos de España. Ahora, en Valencia, toda, ana region, respondiendo a un general estado de ánimo popular, portando la voa toda del país, ha manifestado públicamente, de modo masivo, sin excepción ni defección alguna, sil adhesión a la egregia figura del Caudillo y al Régimen que él encabeza y representa.

No es posible atribuir esta prueba de entusiasmo popular a la sola razón de un agradecimiento local. Cierta es que la región levantina y Valencia esperaban la ocasión de testimoniar al Jefe del Estado y al Gobierno su gratitud por las medidas de ayuda y auxilio que se dictaron para remediar los daños producidos por el desbordamiento del Turia en 1957. Pero no es menos cierto que ahora, cinco unos después, cuando hace ya tiempo que todos los daños fueron remediados y cuando están recientes los ecos de los conflictos labórales habidos en las provincias del Norte y los de ciertas fracasadas reuniones Internacionales, la explosión de entusiasmo de Valencia ante la presencia de Franco tiene una significación política más amplia y mas honda. Expresa I* identificación de todos les españoles con un sistema de gobierno que ha realizado la unidad nacional, que ha Impulsado eficazmente el desarrollo económico y que, en beneficio del pueblo, va modificando las estructuras sociales defectuosas. Nunca ha vivido España una tan dilatada y fecunda obra de gobierno; ningún otro régimen o sistema abordó tan decisivamente la solución de problemas pendientes desde hacia lastros. En el ánimo de cualquier español están vivas estas convicciones y son ellas, en definitiva, el único motor que empuja a manifestaciones como las de Valencia, y la verdadera razón que las explica.

Tienen las masas un sentida innato de la Justicia y una insobornable percepción de la verdad. V en la actual coyuntura de la política española, por encima de cualquier discrepancia de matiz y de cualquier deficiencia administrativa, el puebla español sabe y. siente que la política del Régimen rechaza todo lo que estorba al bien común, a la eficacia gobernante, al progreso económico y a las conquistas legítimas de la justicia social, y vive abierta, en cambio, a todo lo útil, a todo lo constructivo, a todo lo que pueda traducirse sin fallo en una mejora del nivel de vida de los trabajadores.

A través de un plural sistema representativo —cuyos cauces principales se encuentran en los municipios, en la familia y en los sindicatos—, la política del régimen español se ha hecho, cada ves más intensamente, con la directa participación del pueblo. Con sobrada razón, pues, ha rechazado el Caudillo, en sus discursos de Valencia, que se pretenda monopolizar el vocablo "democracia", para etiquetar con él solamente determinados sistemas de gofo i e r no de allende nuestras fronteras: "Nuestra democracia es mucho más sincera y efectiva de la que en gran parte del mundo se lleva, y no digamos que la que presidió nuestros tristes destinos." Democracia es la española de concordias que no de divergencias; de realizaciones que no de promesas; de asistencia directa y masiva del pueblo al Gobierno. Democracia, en fin, cuya vigencia no se agota en los periódicos comicios que designan la composición de los órganos representativos, sino que tiene, además, la vitalidad precisa para expresarse, como ahora en Valencia, por la vía directísima de un extraordinario referéndum popular, que afirma y respalda los principios fundamentales de la política del Régimen y que rechaza, con digna firmeza, toda presión o maniobra extranjera que tienda a perturbar la paz o el orden de la vida española.

 

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