Autor: García-Noblejas, José Antonio. 
   Carta abierta a Joaquín Ruiz Jiménez, abogado defensor de Carrillo     
 
 El Alcázar.    31/12/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

CARTA ABIERTA A JOAQUÍN RUIZ JIMÉNEZ, ABOGADO DEFENSOR DE CARRILLO

MI antiguo compañero y Ministro: No debo ocultar la violencia con que redacto estas líneas porque el tema me hiere y la inconcebible situación en que se halla ofende mi sensibilidad y me enciende en ira.

Siento la necesidad de expresarme en público y lo hago dirigiéndome a tí que entre los protagonistas del último episodio eres el único al que me unen ciertas vivencias que ahora deseo recordar, sobre nuestro común servicio profesional a la Justicia; confiando merecer disculpa por la naturaleza de este medio de expresión.

Aunque ha largo tiempo que no tengamos relación personal no puedo en efecto olvidar nuestra coincidencia en las aulas del C.E.U. (tú dos años delante) y en la Juventud de Acción Católica de la Parroquia de la Concepción que presidias en aquellos años difíciles. Recuerdo también tu entrada con tus hermanos Pepe y Enrique cierta tarde de fines de septiembre del 36 en el patio de la 5a galería de la Cárcel Modelo de Madrid; en la multitud de presos desharrapados contrastaba vuestra impecable impedimenta de luto riguroso, de corbata a zapatos, por el reciente fallecimiento de vuestro padre (q.e.p.d.) cuyo entierro habíamos acompañado desde la calle de Lista semanas antes del Alzamiento. El miliciano de la U.G.T. a la sazón de guardia, molesto por vuestro aspecto, os ordenó ayudar a la descarga de un camión de yeso en el mismo patio, tarea en la que los presos más jóvenes trabajábamos forzosos.

Por fortuna vuestra estancia en la Modelo fue breve, alguien del Frente Popular metió mano poderosa para sacaros de ella y poneros en una Embajada de modo que cuando la Comisaría de Orden Público comenzó las terribles sacas de Paracuellos en aquellas imborrables, trágicas y nocturnas filas interminables (de las que por misericordia de Dios y por falta de medios de transporte por dos veces nos hicieron volver a las celdas a varios grupos) ya estabais a recaudo de los rojos bajo la generosa bandera de una república centroamericana.

Días más tarde, trasladados los presos sobrevivientes a otras prisiones improvisadas aparecieron en la de Portier una checa para cada galería, jóvenes comunistas que no iban al frente, bien equipados de cazadoras de cuero y con verdadero lujo de correajes, pistolas y muñequeras repletas de balas; en un interrogatorio sumarisimo entre amenazas e insultos decidían de nuestras vidas (uno de los delitos penadas con muerte era el de pertenecer a la Acción Católica, mira de la que te libraste) y a la noche, todas las noches, a la luz de una linterna levantaban del suelo a los sentenciados, camino de Paracuellos. Y así en la del 3 al 4 de diciembre sacaron tres nuevas expediciones, dos cayeron en las terribles zanjas (con los de la segunda mi padre y mi tio Salvador) mientras que la última, en la que atados juntos formábamos mi hermano Vicente y yo, quedó detenida en los sótanos de la prisión hasta el amanecer en que fue trasladada a Alcalá de Henares.

Primera expedición después de tantas librada a la muerte sin que tras ella volvieran a repetirse en forma masiva. El autor del milagro no fue ningún comunista sino cabalmente un enemigo declarado de ellos, el anarquista Melchor Rodríguez del grupo "Los Libertos" de la F.A.I. idealista y humano, que acababa de hacerse cargo de la D.G. de Prisiones y cortó de raíz las sacas carcelarias.

Es decir que mientras tas compañeros sobrevivientes en Madrid nos pudríamos en cárceles y campos de trabajo, los hermanos Ruiz Giménez alcanzabais el privilegio de pasar voluntarios a zona nacional donde pronto teníais la satisfacción los tres de formar como oficiales en los gloriosos e invencibles Ejércitos de Franco.

Recién acabada la guerra tu buen hermano Enrique (q.e.p.d.) dio su vida por España en acto de servicio a bordo de su aparato y por entonces tu comenzabas ana brillante carrera política. Era cuando los Tribunales Militares juzgaban los crímenes de la guerra y los que éramos ajenos a política concluíamos estudios e iniciábamos trabajos profesionales. Más adelante también yo fui llamado a ocupar cargos públicos teniendo a veces ocasión de colaborar contigo y de recibir tos estímulos y consignas para trabajar en la noble tarea de hacer una España grande a las órdenes de Franco, cuya figura exaltabas con frecuencia ¿recuerdas tus palabras en Puertollano ante el decrépito grupo escolar titulado "del Generalísimo" que inmediatamente mandaste sustituir por otro adecuado de nueva planta?.

No tengo el atrevimiento de entrar en las respetables motivaciones de tu radical cambio ulterior, deseo referirme al hecho evidente de que entonces acá te vemos al frente de campañas de Justicia et Pax o pro Derechos Humanos y a la vez sistemáticamente al lado de elementas comunistas de cualquier país, nunca aKde los oprimidos o extorsionados por ellos, como si tales derechos solo fueran válidos para un determinado sector de hombres, y ahora.centrado en la defensa de quien acaso, pudiera ser máximo responsable de uno de los mayores y más odiosos crímenes de la Historia de España, de un genocidio sin precedentes entre nosotros.

Como profesor de Derecho sabes que en este caso la vocación de los Derechos Humanos corresponde a los diez o doce mil asesinados en Paracuellos (para los que nunca te hemos escuchado una palabra de justicia o misericordia) y de ningún modo del lado de quienes pudieran participar en la responsabilidad de su muerte alevosa.

Los preceptos legales que se invocan en el caso Carrillo solamente pueden ser aplicables a sus posibles delitos o faltas comunes, nunca al genocidio de Paracuellos que es lo fundamental; el Código Penal castiga "al que matare a su padre, madre o hijo...", "al que matare a otro..." o "al que matare a una persona..." pero jamás pudo prever un crimen solo tipificable en el Derecho de Gentes como delito de lesa Humanidad, de alcance histórico imprescriptible, inolvidable, que la margen de credos o ideologías reclama unánime condena de todos los hombres y en todos los tiempos, como la mereció eficazmente en su momento del anarquista Melchor Rodríguez.

Inmenso crimen para el que alguno de los responsables pudiera hallar atenuante en la obediencia o intimidación, pues sabemos que es deber inexcusable de todo militante del partido comunista cumplir sus órdenes y consignas y es evidente que nadie de aquella filiación hubiera realizado o dispuesto acción tan comprometida sin el mandato o beneplácito de sus superiores; en definitiva la alta responsabilidad de Paracuellos, como las de Katyn y Viet-am y otras de igual signo recaen sobre quien las ordenasen más aún que sobre los ejecutores directos.

Y si a pesar de todo consiguieras en la defensa que tienes entre manos eludir lo relativo a aquel gravísimo asunto, podríamos estar ciertos de haber prestado un pésimo servicio a la Justicia, y disculpe la expresión el Abogado. Tan ciertos como de haber puesto a la vez las primeras bases de una nueva guerra civil entre españoles que algunos están deseando y en cuyas consecuencias habría de imputarse grave responsabilidad a quienes de algún modo la hubieran facilitado directa o indirectamente, con ingenuidad o intencionadamente.

Que Nuestro Señor infinitamente bueno y justo sea con nosotros.

Attmente quedo tuyo antiguo compañero.

José-Antonio García-Noblejas Abogado y Notario

 

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