Los llamados progresistas     
 
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LOS LLAMADOS PROGRESISTAS

ULLASTRES ha definido al progresismo ("la herejía del siglo XX") como "esa preocupación desorbitada en lo social; una preocupación que hace pasar a un segundo plano lo auténticamente religioso y sobrenatural, para volcarse en el mundo de lo social".

No haca falta advertir que lo que Ullastres censura no es el volcarse en lo social de las organizaciones laicas constituídas para este fin, por ejemplo los sindicatos o el mismo Estado, sino el hacerlo grupos religiosos constituidos para fines espirituales y que se desvían de su camino para introducirse en otro que, bajo un punto de vista religioso, no es el suyo específico. Desvio que si fuera exclusivamente de carácter funcional no tendría grave consecuencia, pero que, lamentablemente, se ve con frecuencía acompañado por errores ideológicos que llevan al marxismo e incluso al comunismo, tan claramente condenados por la Iglesia. "Doctrina extrema—dijo Ullastres— en la que pocos incurren, pero que muchos a veces bordean."

"Para nuestra gran sorpresa —añadió poco después—la voz de la Iglesia, la voz del Pontífice, ha podido ser en algunas bocas, por fortuna prostituidas, utilizada contra so propio espíritu y su propia esencia, que es la caridad antes que nada."

Está sorpresa hace ya bastante tiempo que la venimos teniendo en PUEBLO, y de ella hay bastantes pruebas en nuestra Tercera Página. Por algún tiempo pudo creerse que eran susceptibilidades nuestras, o afán de eliminar competencias, cuando creemos haber demostrado que no somos excluyanles, sino que, por el contrario, nos alegra sentirnos acompañados, por cuantos más, mejor, en el camino de buscar una mayor justicia social para España. Hoy, las cartas ya boca arriba, pocas dudas quedan sobre el significa do real de ciertas posturas.

Nuestro Gobierno, por la palabra autorizada del ministro de Comercio, señala claramente que no es el aparente afán de justicia del progresismo lo que le inquieta, sino turbias intenciones que se amparan tras ideas nobles y, si llega el caso, tras la capa religiosa: "Justicia social, si. A rajatabla. Y exigir primero que a nadie, a los empresarios el cumplimiento de sus deberes.

porque el empresario es más responsable porque tiene mayor poder de decisión y de direccion porque tiene un nivel cultural más alto generalmente, porque está mejor dotado económicamente. Justicia social, sí; la de la "Mater et magistra" y la de toda la doctrina de la Iglesia que existe desde Cristo, porque no se han inventado ahora las exigencias del catolicismo que afectan a la justicia y a la caridad."

Ullastres denunció el hecho de que en las negociaciones o discusiones laborales entre empresarios y trabajadores, se haya introducido, como elementó perturbador una tercera parte que no tiene representación propia, ni habla en mimbre de nadie, ni, lo que es peor, ha demostrado la menor aptitud para todo lo que no sea enconar diferencias, lo que aporta muy poca gloria,a los intereses espirituales qué alega defender. No puede, pues extrañarnos la energía con que Ullastres condenó su actitud: "Porque me preocupa desde el punto de vista religioso, porque el progresismo no es sólo un enemigo de la economía y de ia sociedad: es uno de los mayores enemigos que pueden metérsele a la Iglesia dentro, el enemigo de dentro mucho peor que el enemigo de fuera. Por eso os decía, ¡ojo! a este nuevo enemigo, que no es cor.io^el comunismo, que aunque parece que se insinúa insidiosamente, no, se le conoce la cara en seguida. ¡Ojo con aquellos que incautamente, o por lo que sea, están penetrando con espíritu progresista en nuestro mundo, como aliados del comunismo y de otros ismos antisociales y anticristianos !"

Nuestros lectores conocen de sobra el espíritu social de PUEBLO para que tengamos que asegurarles que no nos asustan ninguna de las mejoras que se propugnen en este terreno. Y las del comunismo menos que ninguna, puesto que está claro, en los países que domina, su espíritu dictatorial, que lleva a la sojuzgadon de los trabajadores por una "nueva clase" que no tiene que envidiar a la capitalista más que el modelo de los automóviles y los modistas de sus esposas. Sí nos sumamos a la denuncia del llamado progresismo, es sencillamente por lo que tiene de bobalicón en unos, de sectario en otros y de ficticio en todos.

 

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