La reforma penitenciaria     
 
 Informaciones.    19/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

La reforma penitenciaria

UN nuevo y grave motín se ha producido en la prisión de Carabanchel, continuación de otros precedentes, que afectaron a diversos penales de la red carcelaria de España, apunta, sobre todo, a la apertura oficial de los trabajos de las nuevas Cortes constituyentes. El objetivo, claramente programado y coordinado por el organismo que apoya a los presos asocíales, es que la amnistía, o puesta en libertad, de los presos sociales, que fueron condenados por delitos políticos, se extienda a quienes fueron juzgados por claros, estrictos y tajantes delitos comunes.

Esta clarísima matización, entre quienes entraron en prisión por luchar —justa o injustamente— por mejorar la sociedad, y quienes ingresaron por actuar contra la sociedad debe marear, ya de entrada, el análisis de lo que está ocurriendo en la prisión madrileña. Se trata de un motín —hecho reprobable— protagonizado por delincuentes asocíales —hecho reprobable también—, con un objetivo no menos reprobable, poner en la calle a un grupo de margiriádos que atentan contra la más mínima organización social, independientemente de cuál sea su forma, color e ideología.

La firme intransigencia en la defensa de los principios sociales debe ser paralela a una flexibilidad máxima a la hora de estudiar cuál es la situación penitenciaria de nuestro país. Es innegable qué tanto económica como política, social y psicológicamente, nuestras prisiones viven aún en pleno siglo XIX, infraestructura decimonónica, agravada por un Reglamento desfasado, anacrónico, coactivo; en una palabra, deshumanizador. Si a eso añadimos los problemas del mismo funcionariado, y el de una dirección a veces incompetente y acostumbrada a los viejos hábitos de estas últimas décadas, se explica fácilmente que las cárceles sigan siendo universidades del delito, donde el simple delincuente se transforma en perito o licenciado en el arte de apropiarse de lo ajeno. Por ello urge la incorporación de las modernas y recientes teorías penitenciarías, que parten de la consideración previa del preso asocial como un ser humano, víctima a veces de su entorno, al que hay que intentar reinsertar en la sociedad.

Pero, ni las más avanzadas de estas ideas hace de los delincuentes héroes políticos o víctimas de un sistema social. En alguna ocasión nos hemos referido a algunos grupos de intelectuales que profesan la doctrina de Lombroso al revés: si para el jurista italiano todo criminal o ladrón lo era de un modo innato, estos eruditos a la violeta ácrata —postura cada día más de moda en ciertos círculos— transforman a todo preso asocial en un luchador antifranquista. Así vemos recientemente cómo conocidos «robagallinas» aparecen, por un curioso «marketing» comercial, convertidos en revolucionarios «qutaquis», o las revueltas carcelarias expuestas como la última manifestación de la lucha de clases. Es urgente llamar la atención sobre ello por la coartada ideológica que se proporciona a quienes hacen del robo su profesión. Porque los que pensaron que la recuperación de la democracia iba a ser un «happening) caótico, están haciendo del delincuente un auténtico «boom» político.

La redacción de la nueva Constitución ya a ofrecer la posibilidad de simultanear jurídicamente la reforma penitenciaria, de acuerdo con las más modernas teorías, a las que antes nos referíamos, con la puesta al día del Código Penal, de forma que reprima dura y eficazmente todos los delitos comunes. La consolidación del sistema democrático exige tanto lo uno como lo otro, por mucho que pese a una literatura plañidera que vive al margen de la realidad.

 

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