Diálogo     
 
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DIALOGO

REAFIRMEMOS una vea más nuestra confianza en la eficacia social del diálogo. Se ha dicho, con razón, que la vida del hombre carecería de sentido, e incluso de posibilidad fisica, si se suprimiera el diálogo, la conversación que cada hombre sostiene con sus semejantes. Pero a nosotros no nos interesa tanto el diálogo ínter-individual como el que inevitablemente ha de existir entre los diversos grupos humanos que forman una sociedad. El grupo que no dialoga, se aisla, deja de convivir, y al hacerlo rompe con las posibilidades de vida que tenga la sociedad de que forma parte. Se perjudica a si mismo tanta como perjudica a los demás. Si pensamos en que la comunidad nacional no es una forma social estática, sino dinámica, nos daremos cuenta de que no se agota en una determinada época, como, por el contrario, sucede a los individuos e incluso a las familias. La comunidad nacional prolonga su vida más allá de la vida de los hombres que la protagonizan o re presentan en nn momento dado. Es decir, la prolonga si en su seno se produce con normalidad y eficacia, e1 necesario diálogo entre las generaciones que en

su interior coexisten, y muy especialmente el dialogo de cada generación con su antecesora y con su heredera.

Cuando nosotros hablamos de diálogo, no nos referimos tan sólo al correcto intercambio de palabras que representan ideas y sentimientos. Diálogo es también la polémica airada. Y la crítica. Incluso, en ocasiones, el silencio. Y, por supuesto, un diálogo sin palabras es aquel que lleva a cada parte a tomar postura en favor de unas costumbres determinadas, de unos modos de vida, o modas, que alcanzan así valor de símbolo.

Nos ha tocado vivir en unos tiempos realmente interesantes. Sin quizá darnos cuenta, somos protagonistas de un profundo cambio social y de, unos sucesos históricos trascendentales. El mundo de 1962 es hijo del mundo de 1930. y padre del mundo que se vivirá en el año 2000, pero se parece muy puco a su padre y va a parecerse aún menos a su hijo. El contraste es tan radical, que la necesidad del diálogo entre las generaciones se hace tan urgente como evidente.

En la medida de nuestras fuerzas, nosotros hemos sostenido tal postura, y fa hemos llevado a la práctica. Pero quizá no se dé con la generalidad y amplitud deseable en la sociedad española. Y es tan necesario el que la juventud tome conciencia del pasado como el qfte los hombres maduros tengan conciencia de cual va a ser el futuro que ellos no van a vivir, pero del que serán, en parte, responsables.

 

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