La protesta de la justicia     
 
 Diario 16.    17/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

La protesta de la justicia

El solemne acto de apertura del año judicial, celebrado el pasado sábado, ha trascendido a la opinión pública casi más por las manifestaciones de protesta de los propios funcionarios de la Administración de Justicia que por el propio significado ritual y protocolario de la ceremonia inaugural de los Tribunales.

El acto oficial, casi reservado sólo para iniciados, con misa del Espíritu Santo incluida, uniformados de toga los asistentes con el ministro de Justicia al frente, tuvo su contrapunto en el exterior del edificio de las Salesas.

Solamente con ocasión de juicios a peligrosos delincuentes o terroristas la plaza madrileña de la Villa de París, donde se asienta el Palacio de Justicia, había registrado una concentración de Fuerzas de la Seguridad del Estado como la que el pasado sábado fue desplegada varias horas antes del comienzo del acto inaugural y solemne de apertura de Tribunales.

Y todo ello para evitar que unas decenas de pacíficos funcionarios judiciales desplegaran sus pancartas en las que habían escrito: «Basta ya de engaños; queremos soluciones» y «Justicia para la justicia».

Pocas horas después, un grupo de jueces, fiscales y secretarios judiciales se reunían con los periodistas en los bajos del café Gijón —«porque nos está prohibido el derecho de reunión en las dependencias judiciales»— para denunciar la situación en que se encuentran los órganos integrantes del poder judicial, que les impide, según ellos, cumplir con eficacia la función de tutela, protección y aplicación del Derecho, encomendada por la Constitución.

Este periódico se ha hecho eco en numerosas ocasiones de .los problemas que aquejan a nuestra Administración de Justicia, ha denunciado alguno de sus vicios y siempre ha pretendido servir a la búsqueda de soluciones.

Con ocasión de la publicación del serial «El proceso a la Justicia» aparecido en estas páginas durante la primera quincena del pasado mes de junio, se intentó por todos los medios que el titular del Ministerio de Justicia, el presidente del Supremo y los líderes y parlamentarios de los principales partidos políticos expusieran su punto de vista, pero «no tuvieron tiempo».

Ahora los problemas son los mismos, pero la situación es más grave. La maquinaria judicial, ya de por si lenta y anquilosada, puede pararse totalmente porque los «obreros» que la manejan, los funcionarios judiciales, se sienten engañados y marginados por quienes tienen en suprema instancia la responsabilidad de que el aparato judicial funcione

Los funcionarios judiciales están esperando desde hace tiempo la prometida ley de Retribuciones que el Gobierno asegura está en tramitación en las Cortes y, según parece, ha sido retirada del Congreso de los Diputados.

«Basta ya de engaños», han gritado los funcionarios de Justicia, mientras el presidente del Tribunal Supremo amenaza con dimitir si el proyecto de ley no sale adelante.

Y no soto son las reivindicaciones salariales. También esperan el reconocimiento de su derecho asociativo. No deja de ser paradójico que mientras en este país se acoge hospitalariamente y con todos los pronunciamientos a los representantes de la Asociación Mundial de Jueces, a los funcionarios judiciales se les niegue el uso de salas y dependencias oficiales para la celebración de sus reuniones.

Por último, entre otras muchas de las protestas de los funcionarios de Justicia, destacan la marginación de que han sido objeto, como integrantes del poder judicial, en la elaboración de los proyectos de leyes que les conciernen.

Los jueces, fiscales y demás funcionarios de la Administración de Justicia, acostumbrados al trámite de audiencia del interesado antes de la emisión de la sentencia, esperaban del Gobierno y su proyección mayoritaria en el Parlamento que les hubieran tenido en cuenta.

 

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