La justicia en el salario     
 
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La justicia en el salario

"El Financiero", en su número de marzo última, publica si siguiente articulo;

EL hecho de que la población asalariada representa la para más importante as la nación tiene ya, por sí, una trascendencia que no seria justo ni razonable discutir, especialmente en lo referente a su aspecto económico. Esta es la causa, junto a otros factores sociales, de que en toda estructuración económica figure siempre, como pieza de singular valor, la política salarial á seguir.

En la concepción liberal económica, el salario es un Tactor dé libre juego en el mercado del trabajo, es decir, que tí signo contractual va indiscutiblemente unido a las circunstancias bajo las que se presente la oferta de trabajo con relación a las necesidades que de éste tiene la empresa, o viceversa, la petición de trabajo Que formula la empresa con relación a la oferta existente en el mercado.

En cuanto al concepto sindicalista clasista o socialista, el mercado de trabaje se define por la concurrencia de "compradores y vendedores de trabajo"; señalando en el primer caso, a la empresa, y en ea segundo, al productor.

En realidad y huyendo de una y otra concepción, ambas clasistas, es sin embargo, cierto que en el juego económico existe un grupo importante, numeroso: el de los productores que cambian un esfuerzo muscular, intelectual o mixto, por un salario, y otro grupo, mas reducido y poderoso, que acepta—no siempre—la oferta a cambio de entregar una compensación en metálico o en especie: si bien este último sistema de remuneración puede considerarse desaparecido actualmente, por lo menos en tos cielos industrial y comercial, persistiendo acaso, en dete ratina das formas, únicamente en el campo.

Y ahi viene ya la inevitable pregunta: ¿Cuándo será Justo el trato? Si se refiere a dos contratantes igualmente poderosos, Ja pregunta sobra, puesto que nada ayuda más al imperio de la justicia que el equilibrio entre los litigantes, pero como no es asi, sino que, por el contrario, los recursos con que cuenta una parte, la empresa, son mucho mayores que los de sií adversario, difícilmente la otra parte, el productor, puede prescindir o renunciar a colocar "a rendimiento" su esfuerzo e su inteligencia, con lo cual tenemos ya, con todas sus consecuenclas, la dada acerca de la justicía o licitud de los tratos que se conciertan, pese a ir revestidos de toda legalidad.

Para remediar, en lo posible, este desequilibrio en perjuicio de la parte mas debil, un tereer elemento (Estado, sindicase, gremio. etc.) hace su aparición en los contratos y disputas laborales, asumiendo la, mision, moderadamiente, de regular el mercado del trabajo, en su "extremo más importante—cuantía del salario jornada, seguros sociales, etc.—, mediante reglamentaciones, convenios o cualquier otra forma a través de la cual quedan formalizadas las relaciones entre la empresa y el asalariada.

Planteando la cuestión a la luz de la actualidad española, tendremos que, a raíz de la promulgación del Plan de Estabilización, quedaron congelados los salarios; porqué, lógicamente, sin esta premisa no podía esperarse él freno al alza de precios ni al del aumento constante de los costos de primeras materias y manufacturados y, por tanto, tampoco habla resultado posible organizar ninguna política económica tal como el estado del país precisaba. La congelación salarial además habia de facilitar, como asi ocurría, 1a exportación, cuyo crecimiento y regularidad era indispensable para el saneamiento de la moneda en su situación cara al exterior.

Gracias al estancamiento de los salarios pudieron, por consiguiente, fomentarse las exportaciones, puesto que no debe dudarse que la baratura de nuestra, mano de obra fue lo que ciertamente facilitó esa salida de productos a los mercados extranjeros, permitiendo a nuestros precios competir con los de la concurrencia de otros países. Dé otro rnodo o no habría sido posible exportar o, de ser compatible con los acuerdos de la O. E. C. D., el Estado se hubiera visto en la necesidad de conceder primas a los exportadores para lograrlo; de donde se deduce que dicha baratura y Ja de otros servicios cooperadores contribuyeron eficazmente, o a evitar la inflación que el devertigo de prunas provoca siempre en el gasto público, o a evitar una mayor presión fiscal, en el supuesto de que aquéllas quieran enjugarse con nuevos impuestos.

Resumiendo, queda bien claro que la población asalariada representé un factor importantisimo en el éxito del Plan de Estabilización, al ver paralizada su progresión hacia un mejor nivel de ida.

Ahora bien, ¿ha sufrido consecuencias parecidas el sector empresarial? ¿Ha registrado éste, como el de la producción asalariada., un estancamiento en sus beneficios, en sus ampliacianes de capital, en su montaje de nuevas factorías, en la creación de sociedades filiales, en su activo, en fin?

Nada hay más elocuente que las cifras y, aunque no vamos a citar ninguna, por innecesario, no es un secreto rara nadie que la puesta en marena del Plan de Estabilización no sólo no ha representado mugue inconveniente para que las grandes empresas vieran confirmados sus anteriores beneficios, sino que, por lo que de la lectura de sus balances se desprende, se han incrementado. Parece evidente, por tanto, que el Plan de Estabilización no ha exigido de las empresas poderosas ni de otras capas pudientes de la soeiedad el sacrificio, ni mucho menos, que ha exigido de la población asalariada, y es ahora cuando surge otra pregunta: ¿De dónde proceden tales beneficios y mejoras? ¿Como ha sido posible que en un periodo, de sacrificio nacional, como siempre lo es una política estabilizadora—estabilizar quiere decir también corregir defectos suprimir excesos, rectificar anomalías—, los beneficios de ´un sector, precisamente el que menos los precisaba, hayan ido a más en tanto que los del otro sector, el menos preparado para el sacrificio, haya sido paralizado, en el mejor de los cansas. puesta que el aumento de las precios de muchos articulos de primera necesidad ha representado para este último más que una paralización una regresión adquisitiva?

Se impone, por tanto, una rapida revisión de las condidiciones actuales del mercado del trabajo. Una revisión Inspirada en un sentido cristiano de hechos, de actos, no de palabcas ni de asambleas y en una firme conducta de solidaridad social entre todos los sectores de la, producción, señalando a cada uño su deber. El tiempo de la Madrastra y de la Cenicienta ha pasado, y si alguien debe sacrificarse tíeoe que ser aquel que más tenga y mas pueda resistir, no aquellos que solamente disponen de la riqueza de su esfuerzo.

 

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