Autor: Dávila, Carlos. 
   La incomodidad es mejor que la coalición     
 
 ABC.    13/12/1981.  Páginas: 2. Párrafos: 12. 

Crónica del domingo

La incomodidad es mejor que la coalición

Por Carlos DAVILA

«No hablo de coalición, hablo, simplemente, de un Gobierno que se atreva a gobernar.» Felipe González rebajaba con estas palabras su oferta pública, pero disimulada, su guante político al presidente Calvo-Sotelo. Un reto que el jefe del Ejecutivo no quiso, una vez más, recoger. «SI en febrero no acepté una solución de este tipo, no voy a aceptarla ahora que las condiciones son mejores.» Felipe contestaba: «No hay peor sordo que el que no quiere oir.» Pero el líder de la oposición conocía de sobra, cuáles eran los proyectos de Calvo-Sotelo. Dos días antes del nombramiento del segundo Gobierno del presidente, desde la Moncloa llamaron a Santa Engracia; el presidente, al teléfono, dijo: «Felipe: estos son mis planes.» El secretario general del PSOE se limitó a responder, después de varias consideraciones: «Yo voy a repetir mi ofrecimiento.»

Y lo hizo en una sesión que decepcionó incluso a los «compañeros socialistas», alguno de los cuales afirmó: «Hemos perdido una ocasión histórica de formular una oferta nacional; Felipe no se ha atrevido.»

Felipe González, este es mí particular punto de vista, tenía más información. Por eso su estrategia fue apretar, pero... no demasiado. Si el líder socialista le preguntan qué podría resolver un Gobierno de coalición, responderá sin duda: «Tendrá mayor apoyo popular.» Esta es razonablemente su ventaja, su mayor e indiscutible ventaja que, sin embargo, no es argumento para ensayar la fórmula. Los involucionistas —y de ello se tienen noticias en el poder ejecutivo— no se doblegan ante argumentos de mayoría popular, aunque ellos los (utilicen luego a su antojo para justificar concentraciones nostálgicas: los involuoionistas piensan que un Gobierno más volcado hada posiciones progresistas sería el mejor motivo para terminar, de golpe, con el sistema. Se cuenta —y esta es una referencia que conozco directamente de un personaje cualificado— de un capitán firmante del manifiesto que dias después del atentado a la democracia de febrero, aprovechando con evidente desgarro la ola terrorista de aquellos dias, comentaba en voz alta: «Así es mejor; antes nos cargaremos de razón.» Por eso, el argumento del mayor apoyo popular es, en estos concretos instantes de perentoriedad democrática, insuficiente.

GESTIÓN Y COALICIÓN

Pero los socialistas tienen trazado su plan. Las elecciones —djcen— no pueden tardar. Y tienen razón. Como dice Pio Cabanillas, el político que está siempre en la «melée» de todos tos grandes acontecimientos: «Estamos en el último año, nos pongamos como nos pongamos.» El PSOE to sabe y, aunque teme que UCD quiera convocar elecciones tras el Mundial, sabe que sólo una participación directa en las tareas de Gobierno les daría la credibilidad ejecutiva que ahora no tienen. Porque votos, les sobran: nadie duda en estas horas de un triunfo socialista en los próximos comicios; nadie que otee, con mediada imparcialidad, el porvenir político. El PSOE pretende repetir la jugada alemana del 66, cuando Willy Brandt, criticado por los «duros» de su partido en el que tos «jóvenes jusos» (entre ellos un hijo del entonces alcalde de Berlín) ya se habían hecho fuertes, a pesar de todo optó por la colaboración con los democristianos de Klesinger, un conservador con pasado tibiamente nazi, que dio paso al socialismo alemán. Desde entonces tos hombres de la SPD gobiernan en la República federal. En el PSOE saben interpretar la historia.

Y la utilizan con singular inteligencia. Su tesis, paradójicamente, coincide con la de Calvo-Sotelo: «Esta no es una situación de catástrofe nacional» aunque, rápidamente, añaden: «No ha hecho más que empezar el nuevo golpe: los Involucionistas han lanzado un "comando" de nombres conocidos para confiar a los demócratas, pero la trama conspirativa aún permanece oculta.» Y terminan el razonamiento exactamente así: «Hace falta para frenarles un Gobierno que gobierne.» Palabras de Felipe González. Pero el líder socialista, que esgrime su pesimismo con cuentagotas, lanza la especie del peligro y se marcha tranquilamente a Nicaragua. ¿Cómo puede explicar esto? ¿Estamos o no estamos ante un riesgo declarado? Es posible que el secretario general del PSOE posea de verdad, en sus archivos, la buena información de la que carecemos el resto de tos mortales españoles. Alguna información «pasada» literalmente desde el Gobierno. Cuando tos grandes de la política actual, Calvo-Sotelo y Felipe, hablaban horas antes de conocida la composición del nuevo Gabinete, ya circulaba por Madrid, la nueva serpiente intoxicadora: el Gobierno de gestión.

¿Se acuerdan? Saltó a la palestra pública, dos meses antes del golpe de Estado. Con Osorto como protagonista. Ahora, quizá, con distintos nombres reverdece el intento; no sé habla de personajes, sino de política y programa.

Curiosamente de las carencias que se achacan, desde medios de información proclives al golpismo, al Gobierno de Calvo-Sotelo. Es necesario —proclaman— un Gobierno de gestión que emprenda un plan ambicioso de obras públicas, un plan que dé trabajo y sensación de que España camina otra vez por los senderos de ia eficacia; un Gobierno de gestión que propicie un incremento de la industria armamentística para que así, al margen de sustanciosas primas interiores, España vuelque sus ingenios en el exterior; es necesario, en definitiva, un Gobierno de. gestión que atienda al clamor de los más conservadores y emprenda decididamente la reforma constitucional: por lo pronto del artículo segundo y del título VIII de la Constitución. Con este programa tan simple se pretende Ilusionar a algún que otro Mesías con ínfulas de salvador de los que abundan históricamente en nuestra Patria. El Gobierno de gestión se incorpora así otra vez, y peligrosamente, a la triple relación de posibles salidas pseudoconstítucionales.

FRAGA SIGUE ESPERANDO

Después de las elecciones andaluzas cualquier Gobierno monocolor estará herido de muerte.

Para la coalición hay que encontrar un Kissinger, un Kurt amable, que pueda oponerse con ventaja a tos políticos-en activo. Sospecho que esa operación ha comenzado ya. El interés de la oposición por recordar (en el caso de Carrillo, con un descaro inmejorable) el discurso excepcional del presidente del Congreso en la sesión institucional del miércoles puede apadrinar futuras ideas. Cuando Erhard (¿hará falta recordar qué significó Ludwig Erhard para la reconstrucción alemana?) abandonó la Cancillería un año después de su nombramiento clamoroso, se limitó a despedirse de esta guisa: «Dios proteja nuestra patria.» Acababa de perder espectacularmente unas elecciones regionales en Hesse y su posición en el Parlamento era insostenible. Unas elecciones regionales que él no supo evitar. La lección es apasionante. Erhard carecía de ambiciones políticas concretas. Y le gustaba la música.

Alfonso Guerra, que en una reunión reciente con periodistas lanzó una acusación terrible de corrupción electoral contra el gobernador civil de La Coruña («Hemos perdido un escaño porque este señor cambió las actas»), ha denunciado oficialmente la para él segura intención del Gobierno de retrasar «sine dle» las elecciones andaluzas. Guerra asegura que la UCD, y más concretamente Calvo-Sotelo, quiere hacerlas coincidir con los comicios generales («una vez que se haya celebrado el Mundial y haya venido por estas tierras un jefe de Estado con poderes espirituales»). El presidente del Gobierno, que parece consciente de lo que se juega su partido en Andalucía, afirma que las elecciones se celebrarán en su plazo. El nombramiento de Soledad Becerril como ministra de Cultura tiene, evidentemente, una lectura también electoral. Calvo-Sotelo busca desesperadamente un líder válido para las ocho provincias. Ahora no existe.

Mientras se afana en e! hallazgo casi imposible, Alianza Popular, de la mano indlsimulada de los empresarios, ha montado la tienda andaluza y ha comenzado la campaña. Un antiguo ministro de Franco, fustigador reciente de los gol-pistas y enemigo público de Adolfo Suárez y Martín Villa, ha sido liberado. Fernando Suárez es la cabeza pensante, no me atrevo a decir el gerente, de Alianza Popular para Andalucía. El hombre que, por lo menos, tiene un encargo: sobrepasar en votos a Unión de Centro Democrático. El objetivo es, a mi juicio, demasiado parco. Tanta es la debilidad de UCD.

Después de Andalucía, este Gobierno difícilmente podrá resistir. La presumible derrota centrista se palpa en cualquier ambiente. Los otros fracasos regionales de UCD han sido puntos claves en el desarrollo de la crisis de un partido que fue mayoritario en 1979. Después de Galicia se multiplicaron los anuncios de desbandada. Para enero —aunque se me desmienta otra vez— estaba preparada la fuga de algunos moderados hacia terrenos próximos a Alianza Popular. Es muy posible que la publicidad de la operación haya «reventado» su cumplimiento. La tesis en los aledaños deL Gobierno, e Incluso entre algunos ministros ya mentalizados, es que Osear Alzaga y Miguel Herrero se «han adelantado a su tiempo», en frase tremendamente cínica, pero gráfica, de un político especialmente influyente de UCD. Tras ella se esconde la posibilidad de un plan estratégicamente medido que terminará, desde luego, en las elecciones generales y que no pasa, en ningún,caso, por el Gobierno de coalición con elPSOE. Cuando hablaba, después de la última sesión parlamentaria, con un ministro de Calvo-Sotelo sobre la hipotética coalición recibí una respuesta sugerente: «Fraga tendrá que seguir esperando.»

APOYO EXTERIOR A CALVO-SOTELO

No creo que la confesión de parte merezca muchos más comentarios, aunque sí una explicación. Después de Andalucía, cualquier Gobierno monocolor estará herido de muerte. ¿Será entonces el tiempo de una coalición distinta a la que ofertan los socialistas? La posibilidad no se puede, ni mucho menos, descartar, aunque tampoco conviene olvidar otra probable salida: la anticipación de las elecciones, a la cual quedaría abocado el presidente del Gobierno si fracasan, entre otras cosas, su planes de recogida de apoyos parlamentarios. Por ahora los planes no pueden ir mejor; Los nacionalistas sostendrán con sus votos a este Gabinete que acaba de nacer. Las declaraciones de Marcos Vizcaya, la distensión que ha supuesto el retiro por elevación de Martín Villa y los probables contactos Gobierno Central-Gobierno regional, aparte de la colaboración vasca en el carpetazo al «caso Urruticoechea», avalan los´ nuevos tiempos de concordia que, quizá traídos por el análisis de la dura realidad, han comenzado a correr por la estepa central y las praderas empinadas «euskaldunas».

El Gobierno, este Gobierno segundo de Calvo-Sotelo no es débil... por ahora. Lo será si no consigue estabilidad parlamentaria, si Fernández Ordóñez, llamado a capítulo por el presidente, se empeña en fustigar a los mismos que ayer reconocía como «válidos compañeros» y si cualquier consulta electoral pone, otra vez más en evidencia, la extrema fragilidad del partido que lo apoya. Calvo-Sotelo ha conseguido una ayuda exterior que nadie, metidos todos en el marasmo enloquecedor de la actualidad interna, ha valorado suficientemente: el apoyo unánime a la entrada de España en la OTAN. Un periódico involucionista de Madrid ha mantenido durante quince días una campaña rigurosamente falsa con la intención de que sus lectores llegaran a creerse esta falacia: la democracia española tiene la enemiga de algunos países atlantistas para entrar en la Organización. Al final, el tiempo ha desmentido clamorosamente a los intoxicadores que se han replegado sin rectificar.

TIEMPOS DE INCOMODIDAD

El limpio debate habido sobre la OTAN en el Parlamento español ha sido, al parecer, causa de algunas indignaciones involucionis-tas.´En el memorial de agravios contra el sistema vale todo: desde la irritación por un diálogo político inevitable en pura práctica democrática al planteamiento de razones puramente anecdóticas como pueda ser un simple cambio en el callejero, cambio hecho a veces sin ningún motivo específico: ¿O es que lo hubo en la primera depuración de Santa Engracia, la virgen portuguesa asesinada en Zaragoza, que se quedó sin avenida en beneficio del aviador García Morato? Como se ve, los argumentos se vuelven contra sus mismos propaladores.

Calvo-Sotelo definió los próximos meses como «tiempos de incomodidad». Lo van a ser. No se han podido celebrar los juicios en estas fechas, ni se podrán realizar en enero. La meta es ahora febrero, pero nadie apuesta ya, porque los abogados articulan maniobras para lograr dilaciones. El Gobierno, este Gobierno, que afrontará las vistas teme que el proceso golpista quiera convertirse en el juicio pendiente contra la democracia. A mí se me ocurre que para que esto no suceda todos necesitamos reposo. Reposo y reflexión. Evitar más acelaraciones. Olvidar los sobresaltos. Esquivar los aoloes.

 

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