Autor: SANMIGUEL. 
 Aranda de Duero: Un joven de 19 años. 
 Salvajemente agredido por no venderse a un piquete de huelguistas     
 
 ABC.    16/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ARANDA DE DUERO: Un joven de 19 años

SALVAJEMENTE AGREDIDO POR NO VENDERSE A UN PIQUETE DE HUELGUISTAS

• Le propusieron dinero a cambio de conseguir la huelga en la obra que trabaja.

• Y le propinaron una brutal paliza de noche, en la carretera, donde le dejaron moribundo

• Durante las tres semanas que permaneció en el Hospital, volvieron a amenazarle.

• "He pasado miedo, intentaron matarme y ahora tengo pesadillas".

— Lo he pasado muy mal, estuve muchas horas inconsciente. Al principio mis padres y los médicos

creían que perdía la vida. He pasado también mucho miedo. Incluso ahora tengo pesadillas y a veces,

también miedo, aunque creo que sabré hacerles frente, intento olvidar. Pero la verdad es que intentaron

matarme. Y casi lo consiguen. De cualquier forma sigo pensando igual. Nunca haré Jo que me

propusieron por mucho que me paguen. Sencillamente porque no va con mi carácter. Y pienso que eso es

ser cobarde y es indignante. Yo quiero trabajar. Mis compañeros quieren trabajar. Estoy contento con lo

que me paga la empresa. No es que sea demasiado. Sencillamente creo que es justo si tenemos en cuenta

el trabajo que se hace. Y el día que yo considere que debo ganar más, iré a mis jefes y se lo plantearé. Si

creen que es justo y me dan el aumento, vale. Si no, creo que buscaré otra empresa. Pero nunca iré a la

huelga y mucho menos sin antes pedir el aumento de sueldo a mis jefes. Y tampoco coaccionaré a mis

compañeros para que hagan huelga y beneficiarme yo. Me gusta que me respeten. Quiero que me respeten

tal y como soy. Por eso yo respeto a mis compañeros. Cuando Víctor me explica todo esto, está aún

convaleciente, nervioso aún al hacerte hablar de este tema.

Victoriano Moral Bartolomé es un joven abierto, noble e ilusionado de 19 años. Ha permanecido sigo más

de tres semanas interns-c´o en e) Hospital de los Santos Reyes en Aranda de Duero, luchando entre la vida

y la muerie los primeros días y recuperándose el resto. Víctor, como le llaman sus familiares y amigos,

fue salvajemente agredido una noche en (a carretera cuando regresaba a su domicilio después de cumplir

con su horario de trabajo. Los agresores, de quienes se desconoce su identidad y quienes no han sido

detenidos, son componentes de un piquete de huelguistas de Comisiones Obreras que trataron de

«comprar», primero con dinero y luego con el terror, los servicios de Víctor He hablado con Víctor tres

días después de que saliera del Hospital. Acababa de llegar de Burgos de realizar unas pruebas médicas

que determinarán si tiene lesiones en el cerebro. Vive con sus padres en la localidad de Milagros, a once

kilómetros de Aranda de Duero. Desde hace diez meses trabaja como listero-administrativo en la empresa

PEACHE, del grupo Pascual Hermanos, dedicada a la construcción.

CINCO INDIVIDUOS PARA «CONVENCERLE»

Esto ocurrió el día 20 de septiembre, que era lunes —me dice—. Bueno, anteriormente habían hablado

conmigo en tres ocasiones. Primero fue en una discoteca de Aranda, una noche que estábamos tomando

un «cubata» un amigo y yo. Se nos acercó un muchacho y me dijo que si había visto los papeles que

habían tirado el día antes en la obra donde trabajo. Se refería a unos papeles escritos a máquina o a

multicopista para ir a la huelga y que debía de ser Comisiones Obreras o algo así, porque ni siquiera los

leí enteros. Yo solo cogí en la obra los que pude y los quemé. Pero al muchacho éste le dije que no los

había visto. Entonces sacó del bolso otro igual y me lo enseñó, pero mi amigo lo cogió delante de él y lo

rompió. Hubo unas palabras entre él y mi amigo y se marchó sin más. No pasó nada. Luego, el día 17 que

era viernes y estábamos de fiestas en Aranda de Duero, se me acercaron otros dos jóvenes cuando estaba

yo solo bebiendo un «cubata» en la discoteca

«Play-Boy». Me dijeron que tenía que conminar a los obreros de mi obra para que hicieran huelga. Que

había que hacer huelga para ganar más, por el coste de la vida y por no se cuantas cosas más. Me

proponían que yo siguiera en la empresa, que hablara a mis compañeros, que son en total casi cincuenta

en la obra que yo voy. Ya llevaban en un papel escrito lo que tenía que decir a mis compañeros, pero yo

ese papel no lo vi, se quedaron con él. Ellos me pagarían el mismo sueldo que me paga ahora la empresa

y el lunes, por el día 20 no teníamos que irabajar. Les dije que no, que no quería saber nada de ese asunto.

Se metieron conmigo, me llamaron una sf>rif* de cns»? qttf ffff- ^f>üsro" en ei amor propio, salimos a la

calle y volaron los vasos de los tres. Eran dos contra mi, pero me puse contra la pared y pude defenderme,

Corrió la voz de que venían los «municipales» y ellos marcharon por un lado y yo por otro. Al irse me

amenazaron, me dijeron que volverían a verme por esto y que me ajustarían las cuentas.

— ¿Les tomaste miedo?

— Bueno, pues no lo tomé muy en serio. Nunca pensé que iba a ser verdad.

NO SON DE ARANDA

¿Y a ellos les conocías, podías reconocerles?

No s& si podía reconocerles. Creo que no. Nunca los habla visto antes. Y seguro que no son de por aquí

porque todos nos conocemos. Además tenían un deje que no es de por estas tierras. Estos y los otros dos,

distintos, que volvieron a hablarme el domingo, el día 19. Fueron a verme a mi pueblo, a Milagros. Me

encontraron en la -calle y me llamaron por mi nombre. Me dijeron que era con respecto a lo de la huelga

y me preguntaron si estaba decidido a aceptar por ese dinero. Les dije que no y se marcharon sin más.

Luego, al día siguiente, el lunes, yo fui a trabajar como todos ios días. Yo me callé, no dije nada de esto y

se trabajó normalmente. A las nueve de la noche salí de Aranda, como siempre con mi «Vespino». Me

faltaba un kilómetro para llegar a Milagros. Me adelantó un coche y se paró en el arcén, con las luces

apagadas. Yo tuve que parar porque venía otro coche y no podía adelantarles. La moto se caló y ai poner

el pie en el pedal para arrancarla, vi ue venían dos hombres, me dieron un golpe en el estómago, otro en la

cabeza con algún objeto, no se qué podría ser. Yo cal al suelo, sin saber que pasaba y me dieron los

golpes que quisieron, no lo sé. No hablaron nada. Solo a uno da ellos le oí decir: «Lo pasamos por

encima?». El otro contesto: «No. Por ahora tienen ya bastante». Por las voces y por la estatura, aunque era

de noche y no vi más, creo que fueron los mismos del «Play Boy». Y ya no se más.

NUEVAS AMENAZAS

Casi una hora después, un camionero que acertó a pasar por el lugar, dio el primer aviso. Al principio

creyeron que se trataba de un accidente de tráfico y que estaba muerto. En una ambulancia de la Cruz

Roja de Aranda de Duero fue trasladado al Hospital de los Santos Reyes de esta ciudad. El médico

certificó su ingreso: «traumatismo craneoencefálico; traumatismo tuneabdominal derecho; conmoción

cerebral y erosión en la frente. Pronóstico grave». Aquí, en el hospital pasaron muchas horas hasta que al

día siguiente recobró poco a poco el conocimiento. Por la noche tenía fuertes pesadillas y en una ocasión

tuvieron que sujetarle entre nueve personas, tal era su excitación. Es más, Víctor me explica también que

le ha costado mucho recuperarse. «He tenido que aprender a andar de nuevo. Las piernas se me torcían y

me caía. No sabía andar, me dice.

— Una tarde en ei hospital — continúa explicándome Víctor— me llamaron por teléfono ¿ Víctor?». «Sí,

soy yo». «¿Cómo te encuentras? «Pues algo mejor». «La próxima vez no te encontrarás tan bien». Y

colgó.

Ahora Víctor trata de olvidar e intenta ser el mismo de antes. Intenta vivir como una persona libre. Sus

padres, sus amigos también lo intentan. Sus compañeros de trabajo piensan a veces que otro tanto les

puede pasar a ellos.

Ahora, la Guardia Civil y el Juzgado de Instrucción que llevan el caso, tratan por todos los medios de

localizar a los culpables para aplicarles con todo rigor la Ley. No es la primera vez que piquetes de

huelguistas visitan Aranda de Duero, al igual que ocurre en otros pueblos españoles, coaccionando a los

obreros a la huelga y a otras acciones que solo pretenden la alteración del Orden Público. En Aranda de

Duero, concretamente, estos intentos nunca han tenido éxito porque las gentes, las gentes nobles, no han

hecho caso. Pero es necesario que este tipo de coacciones y agresiones cobardes e indignas, que estos

intentos de asesinato por personas que proclaman la libertad y paradójicamente dicen hacerlo en nombre

de la libertad, tengan el castigo que merece. Sencillamente, que se haga Justicia.

SANMIGUEL

 

< Volver