Una gran lección     
 
 Arriba.    06/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UNA GRAN LECCIÓN

EL día de ayer ha registrado una de las pocas unanimidades a que estamos acostumbrados en

este país: la condena de lo saciedad española, sus grupos políticos y sus organizaciones

representativas del atentado que costó la vida de cinco servidores públicos en San Sebastián.

La nota del Gobierno que leyó ante las cámaras de Televisión Española el señor Martín Villa

pedía este apoyo. Lo obtuvo de forma bien visible, y debemos aprestarnos a obtener de este

hecho unas consecuencias mínimas que nos sirvan para caminar ai encuentro de la

democracia en un clima de serenidad, entendimiento y, fundamentalmente, salvaguardia de la

paz conseguida.

Todas estas consecuencias se podrían resumir en una: por encima de ios brotes terroristas, por

encima de los asomos de la violencia, por encima de ios extremismos a quienes estorba el

diólogo, la convivencia armónica y, en definitiva, la democracia, aquí hay una sociedad sana,

respetuosa de los derechos de los demás (que empiezan por el derecho a ia vida) y que aspira,

sencillamente, a entenderse sin tener que pagar irremisiblemente nuevos precios de sangre.

Esa sociedad —lo demostró palpablemente ayer— ya no es un ente abstracto, inconcreto,

difuso, sin articulación. Es una comunidad que habla a través de partidos políticos que, aunque

todavía no sean claramente representativos de porcentajes de población, sí son bastante

significativos como para que en ellos se contenga todo el pluralismo de nuestra época. A ellos

hay que añadir las instituciones locales y provinciales y las organizaciones sindicales que, una

vez más, recogieron los impulsos populares para convertirlos en un refrendo a la convivencia

nacional.

Todas estas actitudes públicas refuerzan la tesis del Gobierno que ya glosábamos ayer: no

caer en !a trampa. E! terrorismo pretende, sin duda, presentar la imagen de una España

nuevamente ingobernable, nuevamente marcada por odios irreconciliables, nuevamente

destinada al enfrentamiento de sangre. ¡Qué lejos está de la realidad! Ai contrario, cuando la

armonía pública y el orden cívico se sienten amenazados por factores extraños a! nuevo modo

de vida nacional, parece que es ya la propia sociedad la que comienza a defenderse y a

hacerse soiidaria en la salvaguardia de su máximo bien: el orden.

Sin embargo, para que todo esto llegue a convertirle en una realidad plena, se necesitan dos

condiciones: primera, que esa sociedad pueda disponer de instrumentos auténticos, claros y

muy concretos para poderse organizar en un cuma do libertad. A esa ¡dea genera! responde el

programa de gobierno propuesto por el Presidente Suárez y ia reforma que en estos momentos

se encuentra en e! caree de las Instituciones. De una sociedad plural que pueda organizar su

pluralismo y pueda verlo respaldado por el eco popular / el voto, dependerán todas las

seguridades, en momentos históricos en que se proclama que la soberanía reside en el pueblo.

Segunda, y para hacer esto posible, un ejercicio de humildad de las fuerzas sociales ante (u

legalidad. No se trata dé renunciar a su acomodación a las nuevas exigencias nacionales, pero

si de que se reconozca un imperio de la ley para hacer transitable el camino hacia la

democracia. Con la aceptación de una norma que abre todas las posibilidades de reforma,

estaremos en condiciones de alumbrar nuevos horizontes. Con la negativa a su cobertura, sólo

se estarán propiciando situaciones de irregularidad jurídica, que serán aprovechadas por los

extremismos para intentar imponer su dictadura.

 

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