Autor: Castro Villacañas, Demetrio. 
   Una vez más     
 
 Arriba.    06/10/1976.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UNA VEZ MAS

UNA vez más. la sangre de los españoles derramada por las calles. Una vez más, la acción

cobarde, alevosa, asesina, de quienes se niegan con sus hechos a participar en cualquier

Intento de entendimiento y concordia. Esta vez no habrá llamadas a «jornadas de lucha», no

habrá concentraciones para expresar protestas, ni habrá peticiones manipuladas o expresadas

violentamente de que sean castigados los asesinos. Cuatro humildes, honestos servidores del

orden público han pagado con su vida el honor que para ellos era cumplir sencillamente con su

deber. Fueron el objetivo primero de los asesinos. Eran unas vidas jóvenes, que habían

entendido que puede hacerse profesión el intento de ayudar a que los españole» vivan en paz,

garantizando el cumplimiento de las leyes, y también, como es lógico, evitando su trasgresión.

No eran políticos, no eran otra cosa que profesionales, jóvenes y abnegados.

El otro, aquel cuya vida amenazada esos profesionales tenían el deber de proteger, era, sí, un

político: era un hombre entregado al amor de su tierra y al amor de España; un hombre afable,

digno, honesto, que había ofrendado sus mejores años y empeños a la tarea de hacer un

mañana político, abierto a la pervivencia de la Patria y a la singularización de sus

peculiaridades regionales.

HAN sido abatidos no por ei odio hacia sus personas, no por ninguna razón personal, sino por

la muy meditada de vulnerar a la sociedad española. Ellos han sido las víctimas elegidas en un

intento criminal que va aún más allá de terrible, execrable fin de abatir sus vidas. Con su

muerte se ha pretendido continuar la trágica escalada de una acción criminal, que tiene como

fundamental objeto establecer ej terror. Se trata de amedrentar a la sociedad española, de

lograr que desconfíe en sus seguridades, de poder gravar sobre ella, desde la previa

desmoralización impuesta por el terrorismo, la pesadumbre de la más cerrada y dolorosa

dictadura: la del comunismo. La táctica es vieja, pero repetida.

Por eso, los criminales no sólo deben responder de su asesinato, sino del intento de asesinar

las libertades de todos los españoles; de su acción, dirigida e asesinar la pacífica existencia de

quienes espiran a lograr una Patria hermanada, en la que los hombres vivan mejor y con mayor

justicia; la paz de quienes con su trabajo, con su esfuerzo, con sus ideales, también, se

esfuerzan en lograrla y mantenerla.

CIERTO que es precisa la serenidad que et Ministro de la Gobernación ha reclamado.

Serenidad que se hace más precisa ante tantos silencios cómplices, ante tantas inexplicables,

ciegas, suicidas complacencias, coalicciones y contubernios; ante tantas estupideces de

«tontos útiles» y «compañeros de viaje» que cierran el paso a los intentos de transformación en

el cuadro de la legalidad y apoyan, más bien aupan y consolidan, a quienes a su costado

perpetran de forma continuada el dolo roso crimen de hundir a España, de pretender

arrebatarnos, de negarnos la España en la que el pueblo pueda vivir en paz y en armonioso

afán constructivo.

CIERTAMENTE que es precisa la serenidad para no dejarse llevar al terreno de la reacción

política y de la acción que ios autores de estos hechos desean. Sabido que su intento es,

también, provocar ocasiones para nuevos enfrentamientos, con más derramamiento de sangre

y posibles víctimas que contabilizar en Ja explotación y magnificación, en !a que son tan

habituales, y tan nutridamente se saben acompañados por los intereses de unos, las cobardías

de otros y las cegueras de los más, no hay que propiciar ocasión de que lo consigan. Pero ello

no debe restar un ápice a la acción ciudadana de repulsa, que debe mostrarse valerosa,

decisiva y clara, negándose a todo entendimiento, a toda colaboración —sea la que fuere—

con quienes persisten, tan reiteradamente que no cabe duda de sus propósitos en la utilización

del terror y de la violencia.

Y es lógico y Justo esperar del Gobierno la firmeza que solemnemente ha prometido. Una

firmeza que impida, tal como señalaba «ABC», en su nota editorial de ayer, que los márgenes

de tolerancia hasta ahora admitidos sean utilizados, precisamente, para hacer normal lo que a

nivel de cualquier recta coincidencia es anormal, incivil y execrable».

Anormal, incivil y execrable es, en cualquier sociedad rectamente constituida, la solidaridad con

los propósitos y los procedimientos de los asesinos. Es algo que debe quedar suficientemente

claro.

Demetrio CASTRO VILLACAÑAS

 

< Volver