Autor: Sánchez Carrasco, Carlos. 
   Acuciante necesidad de sindicatos agrícolas libres     
 
 Ya.    08/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

8-III-77

tribuna abierta

ACUCIANTE NECESIDAD DE SINDICATOS AGRÍCOLAS LIBRES

LOS incidentes de la patata, debidos a la pésima gestión del asunto por parte de algunas autoridades -

únicamente interesadas en el índice del coste de la vida y ajenas a la realidad global del problema -, han

sido el detonante de la "guerra de los tractores".

Si estamos buscando una sociedad cuyos ciudadanos confíen en el poder, la autoridad debe responder de

sus actos. De humanos es equivocarse, y cada palo que aguante su vela.

La manifestación de los hombrea del campo ha sido cívica y ordenada, pero a la vez masiva y organizada,

casi a escala nacional. ¿Quién atizó en su justo momento el malestar de los agricultores? ¿Quiénes pudie-

ron ofrecerles la organización que precisaban? ¿Quiénes y con qué fines?

Desde luego no es el sindicalismo oficial, aunque, ante el desarrollo de los hechos, se mezclara en el

asunto para salvar la cara. Quisiéramos poder pensar en movimientos de generación espontánea, en un 2

de mayo repartido por decenas de provincias. Pero, en este caso, querer no es poder.

HAN sido los movimientos sindicales libres, algunos de tipo profesional estricto. Otros, con ocultos

matices políticos. Pero unos y otros nacidos en contacto directo con los campesinos y reconocidos de

hecho por ellos. Fines profesionales puros y fines políticos enmascarados están ahí funcionando con

éxito, y en todos ellos está la semilla de una nueva fuerza reivindicativa en el campo español.

El buen sentido del agricultor profesional se encargará de consolidar unos y disolver otros, pero, de

momento, ese mismo buen sentido les hace aceptar todo lo que sirva a sus intereses, venga de donde

venga.

La libertad sindical para el campo debiera ser ya un hecho, y el Estado, que reconoce necesitar

interlocutores válidos e independientes, debe apoyar financieramente a todos los sindicatos agrarios, una

vez legalizados y en proporción al número real de sus afiliados. Sólo el apoyo oficial puede ofrecer

independencia y profesionalidad a los movimientos reivindicativos campesinos.

Ya la federación que todos propugnan llegará después, en el doble respeto a los matices de nuestras

agriculturas y a la imprescindible unidad de la voz del campo ante la sociedad y el poder.

La solución o, mejor, las vías de la solución al problema agrario - afortunadamente reconocido ahora en

público por el primer responsable de nuestra agricultura - pasan por el terreno de los sindicatos agrarios

libres y representativos. Esa reivindicación no es demagógica ni excede del presupuesto, es de las que el

ministro puede atender de inmediato, como ha prometido. Esperemos.

Los agricultores quieren un campo en donde sea posible vivir con dignidad de su trabajo. En donde el irse

o el quedarse sea una opción libre, que dependa tan sólo de la vocación personal de cada uno.

Y para eso no basta con elevar unos precios, aunque sea lo más imprescindible a corto plazo; para eso es

preciso dedicar al campo una parte del presupuesto nacional más acorde con su población y en línea con

las necesidades apremiantes que presenta.

Hay que dotar al medio rural de las comodidades exigibles por los ciudadanos - ciudadanos-campesinos -

de un país desarrollado, hay que transformar legislaciones de herencia, de arrendamiento, de expropiación

de fincas mal explotadas y de tantas cosas de las que hoy carece, encerrado desde siglos en estructuras

arcaicas y dominado en grandes zonas por los nuevos caciques.

La Juventud huye del campo, y es tan lógico que lo haga, que da angustia pensar en un futuro que sólo su

trabajo y su dignidad de agricultores puede garantizar. Afortunadamente miles y miles de jóvenes

proclaman su vocación campesina día a día y no sólo al lado de unos tractores aparcados, que, en su

inmovilidad, no pueden simbolizar su dinamismo.

Esos jóvenes reclaman su derecho a llegar a ser empresarios de explotaciones rentables. Ese es el desafío

a medio plazo que ninguna Administración responsable puede declinar.

La "guerra de los tractores" es una llamada, una gran llamada de atención a la sociedad y al Gabinete

responsable de su gobierno. No es una algarada política de ningún signo, aunque alguien pretenda

presentarla como tal. Pero es una actitud política, porque la justicia está en la base de sus planteamientos.

Las aguas siempre vuelven a su cauce y los agricultores volverán también a sus casas y a su trabajo, pero

sería muy poco inteligente obligarles a emprender de nuevo acciones de este tipo para constancia de su

disgusto ante el poder. Para ello hay medios menos costosos y espectaculares y, sobre todo, más

constructivos.

EN el campo se está formando la conciencia común de que al agricultor le asisten también los derechos

de ciudadanía, y todos debemos felicitarnos por ello. Ahora hay que emprender de inmediato la

negociación de los problemas. Negociar en caliente no es asignatura fácil. Pero el Gobierno la tiene ya

aprobada en otros sectores, y el campo no es ni más ni menos que eso, un sector, un entrañable sector de

nuestra economía y de nuestra sociedad.

Carlos SÁNCHEZ CARRASCO

 

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