Andalucía sin leyenda. 
 La propiedad     
 
 Pueblo.    27/03/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANDALUCÍA SIN LEYENDA

LA PROPIEDAD

EL cardenal arzobispo de Sevilla, doctor Bueno Monreal, tras haberse ocupado en la pastora) que comentamos de la falta de conciencia sociai en su archidiócesis y del problema de los salarios, vuelve a enfrentaras con las "irritantes desigualdades" que se observan en Andalucía: "Os confesamos amadísimos hijos, que en ocasiones, al contemplar el vivo contraste entre unos cortijos ricos y ese triste marco de chabolas infrahumanas, ha renido a nuestra mente aquel terrible texto del Apóstol Santiago, dirigido a algunos ricos de su tiempo: "Vuestra riqueza está podrida... vuestro oro y vuestra plata, comida del orín, y el orín será testigo contra vosotros y roerá vuestras carnes como hueso. Habéis atesorado para los últimos días El jornal de los obreros que han segado vuestro campo, defraudados por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor."

Exhorta el cardenal a sua feligreses a incrementar su preocupación social, y dice: "Al cumplir un deber de justicia y de caridad sentiréis el gozo de ver contentos a vuestros trabajadores, que, si no, difícilmente podrán evitar la tentación de acumular odio en su corazón mientras rumian amargamente su miseria y la de sus hijos."

La reforma de nuestras estructuras, inquietud de nuestra tiempo, a la que en PUEBLO dedicamos tanta atención, es enfocada de frente por el cardenal de Sevilla: "Tenemos un orden económico radicalmente turbado. Dos factores lo caracterizan: una irritants desigualdad de las riquezas y los modos del capitalismo exclusivista totalmente alejado de los postulados de la Iglesia, que rigen la administración de muchas empresas. Ambos factores se dan en la industria y en el campo. Pero presentan una más viva realidad en nuestro problema agrario, que es, a juicio de muchos, el más grave de la vida nacional. Junto a enormes latifundios, propiedades de auténticos señores de la tierra, contrasta la falta absoluta de propiedad de miles de hombres de nuestros pueblos agrícolas, sin más capital que un trabajo que ni siquiera pueden encontrar a diario."

El cardenal señala que la solución del problema agrario es compleja, y como el propósito de la pastoral no es profundizar en todos sus aspectos, se limita a recordar que han sido ampliamente analizados por Juan XXIII en la "Mater et magistra". Luego fija su atención en la cuestión de la propiedad privada: "La Iglesia ha defendido siempre la propiedad privada y la sigue defendiendo y la defenderá siempre... Pero "de ningún modo pretender sostener pura y simplemente el presente estado de cosas—decía Pío XII—-como si viera en él la expresión de la voluntad divina ni proteger por principio al rico y al burócrata contra el pobre y el indigente..."

La doctrina de la Iglesia es clara: no basta afirmar el carácter natural del derecho de propiedad privada, incluso de los bienes productivos, ¡tino que también hay que propugnar insistentemente su difusión entre todas las clases sociales. El derecho de propiedad es de todos, no de unos cuantos solamente.

El cardenal habla a continuación de la participación de los trabajadores en la administración de los empresas, en las condiciones que propugna la "Mater et magistra", y comenta: "Muchos de nuestros empresarios están muy lejos de estos criterios y de la actitud espiritual que suponen. La distancia es mayor si se trata de nuestros labradores. Entre los empresarios industriales se va abriendo paso, aunque más lentamente de lo que desearíamos, la participación de los trabajadores en la empresa, por ejemplo mediante la reserva para ellos de determinadas acciones en caso de´ampliación de capital. E] propio Estado da ejemplo en esta línea haciendo eso mismo en algunas de las empresas que controla y decretando facilidades de crédito para ayudar a los trabajadores en la adquisición de dichas acciones. Pero nuestros labradores, fuera de muy raras y honrosísimas excepciones, están a leguas de abrir, no ya su generosidad, sino aun siquiera su mente a estas ideas."

Recuerda, por último, a este respecto, que el ideal de empresa agrícola lo ve el Papa en la empresa de dimensiones familiares, a condición de que sea rentable. También puede ser buena, añade, la empresa de dimensiones suprafamilia-res, y puede ser necesaria por exigencias de producción. "Pero en tal caso no puede merecer el sobrenombre de cristiana si sus obreros son simples elementos de producción. La Iglesia exige que también la gran empresa agrícola sea una comunidad de personas. Los técnicos deberán decir en cada caso si ello debe alcanzarse por la coordinación de muchas propiedades privadas en cooperativa, como el Papa señala para muchos casos, o por un procedimiento semejante al industrial, que cree un accionariado obrero, como han sugerido algunos sociólogos. "

Con la reproducción de estos párrafos, que demuestran de qué manera la Iglesia está en vanguardia de la línea actual de la reestructuración económica que necesita la sociedad, línea certeramente marcada en la "Mater et magistra", concluímos nuestros comentarios (mejor sería decir extractos) de la pastoral del cardenal arzobispo de Sevilla. Su autoridad y prestigio impedirán que se califique de "leyenda negra" el cuadro del campo andaluz que dibuja con tanta claridad. A no ser que se siga la táctica, habitual hasta ahora, de ignorar las opiniones de la Iglesia cuando de defender privilegios se trata.

 

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