Objetividad, por favor     
 
 Arriba.    07/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

OBJETIVIDAD, POR FAVOR

DURANTE la reunión de la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierna de

las Cortes se planteó ayer un tema que, de alguna forma, estaba también en algún periódico: el

intento de querer hacer responsable del quíntuple crimen de San Sebastián a la política de

reforma anunciada por el Gobierno y al clima de libertades cívicas de él surgido. Como medio

de comunicación, nos preocupa esta rigurosa falta de objetividad, Hace unos días pedíamos en

estas mismas columnas que la emoción no empañase la serenidad necesaria para afrontar las

dificultades. Vemos que, pese a haber coincidido en nuestro planteamiento con la mayor parte

de la Prensa española, no ha ocurrido así. En algunos casos, que respetamos profundamente,

pero de los que hay que disentir con idéntico rigor, las emociones siguen pesando más que las

realidades.

Suponer que el terrorismo apareció en España con la democratización no es sólo un grave

error. Es un error que puede llevar la confusión al pueblo español. Desdichadamente, los

atentados, las bombas, los crímenes que costaron vidas de servidores públicos, no son de

ahora, ni se efectuaron desde que se proclamó la Monarquía. ¿Es que vamos a olvidar la

muerte de Carrero Blanco, el atentado de la calle del Correo, los crímenes del 1 de octubre de

1975, la larga lista de guardias civiles y policías armadas caídos en el cumplimiento de su

deber?

Las palabras de don Fernando Suárez en la sesión de Cortes de ayer, que se publican en otro,

lugar del periódico, nos evitan una mayor insistencia en el tema. Pero sí queremos pedir,

urgentemente, que no se tergiversen los hechos. El atentado de San Sebastián es, sin duda,

desalentador. Pero no se arreglarán las cosas volviendo la onda expansiva del crimen contra el

Gobierno. Saben muy bien quienes sustentan esas tesis que el terrorismo que hoy actúa no fue

adiestrado para situaciones de democracia, sino para debilitar al Estado. La gran

responsabilidad de hoy no es, por supuesto, olvidarse de la sangre derramada; pero sí apiñarse

en torno a quien debe administrar la autoridad para que ésta sea, efectivamente, positiva. Si el

terrorismo consiguiese crear discrepancias entre las instituciones y el Gobierno, entre las

fuerzas sociales y quien tiene atribuida la iniciativa política, ese terrorismo estaría a las puertas

de su éxito. Por eso, urgentemente, serenamente, objetividad, por favor.

 

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