La responsabilidad de los empresarios     
 
 Pueblo.    27/03/1962.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA RESPONSABILIDAD DE LOS EMPRESARIOS

DESPUÉS de varios años de opiniones divergentes, enfrentadas incluso, sobre la conveniencia o no de la asociación de España al Mercado Común, una vez anunciada oficialmente la solicitud de apertura de negociaciones para su ingreso en él, parecen haberse unificado, en su mayoría, los distintos criterios.

Salvo excepciones —seguramente inspiradas en consideraciones muy particulares—, la opinión general es favorable a la integración, partidaria de la asociación de España al Mercado Común. De forma que, en este caso, coinciden plenamente la opinión del Gobierno y la opinión de la comunidad.

Buena prueba de ello, por la calificación profesional de los disertantes, han sido los coloquios celebrados recientemente, por iniciativa de la Asociación Social Patronal, para examinar los problemas que pueda plantear la integración de España en el Mercado Común. Nada menos que cinco catedráticos de materias económicas—José Luis Sampedro, Jesús Prados Arrarte, Emilio Figueroa, José María. Fernández Pirla y Agustín Cotorruelo—y cuatro ingenieros—Arturo Camilleri, Gabriel Barceló Matutano, Juan Arespacochaga y Antonio Sáez de Montagut—, al examinar estos problemas, se han mostrado de acuerdo en considerar acertada y conveniente la decisión de ingreso en el Mercado Común y en estimar que, cumplidos los plazos que se establezcan para la adaptación estructural, del ingreso se derivarán beneficios para la economía española, en su conjunto.

Nota curiosa, que se desprende de las conferencias, es, sin duda, que en contra de un temor bastante extendido sobre la poca capacidad competitiva del sector industrial, no se ha planteado, en ninguna de las conferencias, como problema grave, o insoluble sin protección, el desarrollo futuro de la industria nacional integrada en el Mercado Común. Ni en cuanto se refiere a la Industria privada, ni en lo que atañe a las industrias públicas.

Nada más lejos de nuestro ánimo que poner reparos a esta visión optimista del asunto, pues también nosotros creemos acertada la Integración.

Sin embargo, debemos señalar que el camino de la integración no está limpio de dificultades. No va a ser un sendero de rosas. Precisamente por ello se establecerán plazos para que la integración se realice paulatinamente. La agricultura—en aquellas producciones en las que no es competitiva—y la industria tendrán que enfrentarse con el contraste económico más duro: con la competencia. La integración, en frase del catedrático señor Figueroa, llevará a la sustitución de una "economía de ortopedia y andamiajes por el clima de la libre competencia".

Desde este punto de vista, a las empresarios españoles les espera una tarea importante. Tienen que prepararse para competir. Tienen que acostumbrarse a la competencia. Y para lograrlo—y esta es la conclusión que más nos interesa resaltar—deben empezar a abandonar sus posiciones de privilegio en la fabricación, deben renunciar a la demanda continua de protecciones, deben, en una palabra, asumir por entero el riesgo, que es, en muy buena parte, la justificación moral de su beneficio.

 

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