El plebiscito de los muertos     
 
 Informaciones.    01/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL PLEBISCITO DE LOS MUERTOS

LA muerte del joven Carlas González ha alcanzado un particular relieve político, en medio de un clima

general tenso y conflictivo. Así es por dos razones fundamentales. La primera, que no ha sido

consecuencia de un enfrentamiento público, de un exceso en un momento de nerviosismo, sino un

atentado premeditado y frió; ningún grupo ha reivindicado el hecho, que mañana podría repetirse con

cualquier simple manifestante. En segundo lugar, la casi certeza de que el atentado fue cometido por un

comando de extrema derecha hace temer una escalada del terrorismo de este signo.

Todas las limitaciones y dificultades de esta compleja transición española´ son superables si el orden

público se mantiene fundamentalmente y si no nos domina el circulo vicioso de dos terrorismos de signo

opuesto que se alimentan entre sí. Lo único que la sociedad no puede soportar es vivir bajo el terror, y

entre éste y la dictadura, muchos ciudadanos están dispuestos a pagar el alto precio de renunciar a la

democracia. Seamos todos conscientes de esta amenaza. Si hemos de vivir como un país civilizado y

democrático, es urgente erradicar la violencia en general, las ocasiones de provocación y el terrorismo en

particular. No han faltado ocasiones en que hemos condenado el extremismo izquierdista, hoy, por

fortuna, muy disminuido. Nos asiste ahora el derecho a reclamar de los poderes públicos la acción más

firme y decidida frente a la extrema derecha. Esta debe ser identificada, desarmada y puesta en manos de

la justicia. Cualquier tolerancia debe ser considerada suicida. De lo contrario, el Gobierno perderá el

control de la situación. Un Estado qne pierde el monopolio de la fuerza armada —que sólo detentan los

Ejércitos— y que no erradique la existencia de grupos civiles armados, es un Estado en precario. Son los

poderes públicos quienes tienen la responsabilidad de asumir esta tarea, de impedir qne la estrategia de la

tensión desestabilice el país.

Respecto a quienes quieren expresar sn Indignación ante una muerte, se nos ocurre decir que loa medloi

deben ser prudentes y racionales. Proponerse paralizar el país, reaccionar de forma que pueda conducir a

una provocación o simplemente a aumentar una psicosis de inquietud pública, sería algo más que un

error: sería satisfacer los objetivos de los terroristas.

Debemos renunciar todos a utilizar los muertos como banderas políticas. Queremos vivir en un país

donde los problemas se diluciden en las urnas, y los muertos no votan. No podemos proseguir la vía del

martirologio y las esquelas que no hacen olvidar, sino revivir sentimientos de odio. No podemos iniciar el

plebiscito de los muertos.

En estos momentos de cierta crispación hay que decir qne hay numerosos factores positivos en la realidad

española. La violencia es un fenómeno minoritario, y junto a la relación de incidentes lamentables hay

qne contabilizar el progreso en el ejercicio de libertades públicas, el aprendizaje continuado de la

tolerancia y las prácticas democráticas a las que todos —pueblo, partidos, fuerzas del orden— no

estábamos habituados.

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